María, Madre mía muy querida, tú eres la Mediadora de todas las gracias, y esto quiere decir que cada gracia que he recibido en mi vida, las que recibo actualmente, y las que recibiré en el futuro, pasan por tus benditas manos y eres tú la que me las has obtenido junto a tu divino Hijo Jesús. Entonces me doy cuenta del gran deber que tengo de agradecerte por todo. Pero tú no solo me obtuviste las gracias sino que me ayudas a conservarlas y aumentarlas. Eres realmente Madre en el verdadero sentido de la palabra, porque al ser Madre de mi alma, eres mi verdadera Madre. Virgen Santa, te pido que a partir de hoy me conduzcas de tu mano y me cuides más especialmente, como a un pequeño niño desvalido y que necesita de todo, porque es verdad que necesito de todo, Madre querida, y solo tú me puedes satisfacer y contentar. ¡Estoy tan contento de que seas mi Madre, y de que pienses constantemente en mí, y que estés siempre, pero siempre, a mi lado! ¡Soy feliz contigo, Madre mía!, y quiero consagrarme cada vez más profundamente a ti, para que dependa solo de ti y me guíes a través del camino de la vida a la Patria del Cielo. ¡Te amo, bendita Madre mía!
|