Lo que escribí en el vientre de mi madre ante la luz desaparece. El sueño de mi letra antigua tatuado en espera del mundo se borró a la crecida del tiempo. Colores, tactos, huellas cayeron bajo túmulos de nieve. Sólo murmullos a deshora afloran hoy del fondo, visiones en eclipse, indescifrables que envuelve el vaho de los espejos. Los ojos buscan en el aire el espacio donde el alma flotaba y se pierden detrás de su senda. Lo que escribí en el vientre de mi madre quizás no fue sino una flor porque más hiere cuando desvanece. Una flor viva que no tiene recuerdo.