Durante su estancia aquí en la tierra, Jesús siempre demostró Su gran amor en las relaciones de la vida cotidiana. Palabras de bondad y dulzura salían de Su boca. Hablaba con serenidad. Tranquilizaba a las personas. Amó a todos, inclusive a sus enemigos. Y nosotros, ¿Cómo tratamos hoy día a nuestro semejante? ¿Con amor? ¿Hasta qué punto hemos perjudicado a alguien por la falta de amor y la falta de unidad? Aunque es difícil, hay que romper los modelos existentes y amar. Esta es la voluntad de Dios. No solamente de Palabra, sino de hecho. Reflejados en Jesucristo, vivamos esta vida de amor y también de perdón al prójimo.
Oremos: Querido Dios, por más difícil que sea, ayúdame a romper la barrera para amar a todos, independientemente de quien ellos sean. Amén.
“Jesús le contestó:
No te digo que perdones hasta siete veces,
sino hasta setenta veces siete”
(Mateo 18:22)