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En las cosas de todos los días.
Contemplemos a un niño, cómo son sus actividades, qué hace en el día, y veremos asombrados que el niño vive sencillamente, momento por momento, aprovechando cada momento del día.
Nosotros tenemos que imitar a los niños en esto, y abandonarnos en las manos del Padre, y seguir la cadencia de los momentos que se van sucediendo, porque nuestra santificación no está en hacer cosas grandes o pequeñas, sino en hacer con amor y bien las cosas de todos los días, sean grandes o pequeñas.
Los niños son despreocupados, y nosotros debemos imitarlos en esta santa indiferencia, en esta santa despreocupación, sabiendo que hay un Padre y una Madre que nos cuidan desde el Cielo, así como a ellos los cuidan sus padres.
Cuanto más niños nos hagamos, tanto más Dios se comunicará con nosotros y nos concederá gracias por encima de lo que podemos soñar o imaginar.
Recordemos que el pecado de Eva fue el querer hacerse “adulta”, conociendo lo que Dios no quería que conocieran, y así perdieron la inocencia tan hermosa y apreciable por los buenos.
Contemplemos a un niño, cómo son sus actividades, qué hace en el día, y veremos asombrados que el niño vive sencillamente, momento por momento, aprovechando cada momento del día.
Nosotros tenemos que imitar a los niños en esto, y abandonarnos en las manos del Padre, y seguir la cadencia de los momentos que se van sucediendo, porque nuestra santificación no está en hacer cosas grandes o pequeñas, sino en hacer con amor y bien las cosas de todos los días, sean grandes o pequeñas.
Los niños son despreocupados, y nosotros debemos imitarlos en esta santa indiferencia, en esta santa despreocupación, sabiendo que hay un Padre y una Madre que nos cuidan desde el Cielo, así como a ellos los cuidan sus padres.
Cuanto más niños nos hagamos, tanto más Dios se comunicará con nosotros y nos concederá gracias por encima de lo que podemos soñar o imaginar.
Recordemos que el pecado de Eva fue el querer hacerse “adulta”, conociendo lo que Dios no quería que conocieran, y así perdieron la inocencia tan hermosa y apreciable por los buenos.