Para vivir la Semana Santa
El toque humano
Richard L. Clifford (*)
JUEVES
Escena: Es la mañana del jueves. Jesucristo pernoctó en Betania la última noche que precede a la inminente "hora de las tinieblas" en que el Salvador está pensando.
Hoy comienza la gran fiesta de la Pascua de los judíos; tal ritual, conmemora la liberación de Israel a manos de los egipcios, por medio de la sangre del cordero rociado en sus puertas -una liberación que inició la alianza de Dios con su pueblo escogido-. Jesús, el nuevo "Cordero de Dios", prepara su propio sacrificio que iniciará una nueva liberación, una Nueva Alianza con toda la humanidad.
El Maestro manda a Pedro y a Juan a que preparen el lugar de la Cena Pascual... En la tarde Jesús se despide amablemente de sus huéspedes y amigos y se pone en camino hacia Jerusalén... y a su muerte.
Acción: El banquete pascual sigue el rito judío. Mientras tanto, Jesús corrige las manifestaciones de ambición de los Apóstoles y les da una lección de humildad al lavarles los pies...
Ahora, anuncia su próxima traición, indicando al apóstol infiel que Él sabe plenamente sus intenciones. Luego el Divino Maestro le da a Judas un bocado especial y le ordena suavemente: "¡Lo que piensas hacer hazlo cuanto antes!".
De inmediato, el procurador del colegio apostólico sale a la doble noche de su vida no para comprar, sino para vender.
Una vez salido el traidor, el Divino Maestro toma el pan y el vino de la mesa y los convierte en Su Cuerpo y Su Sangre.
Enseguida Jesús habla extensamente en términos profundamente íntimos y tiernos del amor, la amistad y la confianza que existe entre Él y sus escogidos Apóstoles, a quienes acaba de consagrar sus primeros sacerdotes, dándoles el mandato de continuar, a través de los siglos, este memorial de eterna salvación. Luego, todos se levantan y se encaminan al Huerto de Getsemaní, escena de agonía y cruel traición.
Reflexión: El Jueves Santo es la obertura de la gran Sinfonía de Amor que Jesús ha venido a presentar y prolongar -en tonos cada vez más bellos- hasta la consumación de los siglos.
De allí en adelante, Sus enseñanzas, Su Reino, Su vida misma constituyen la gran responsabilidad de los humildes Apóstoles, sentados a la mesa con su Maestro, y de sus sucesores en el Colegio Sacerdotal: compuesto de hombres muy humanos, sencillos sacados de la vida diaria, para ayudar al Maestro en orientar y conducir a la humanidad a una vida mejor.
Estos sacerdotes, con todas sus debilidades y defectos, pero con excelso espíritu de consagración a la mística de su vocación, necesitan de nuestro apoyo, ayuda, amistad, comprensión, pero sobre todo de nuestras oraciones.- Mérida, Yucatán.