palabras y obras; y más poderosas han sido para nosotros
y más eficaces a los ojos de su Padre,
las horas de la Pasión de Cristo que los años de su predicación
y de su apostolado en la tierra.
CREO que entre las almas, las de este mundo, las que expían (en el
purgatorio) y las que ya han alcanzado la verdadera vida,
circula inmensa y no interrumpida corriente, hecha de sufrimientos,
de los merecimientos del amor de esas almas;
creo que nuestros más íntimos dolores, nuestros más fáciles esfuerzos pueden,
por la intervención divina, alcanzar hasta las almas más queridas,
próximas o lejanas e influir en ellas llevándoles luz, paz y santidad.
CREO que en la eternidad hallaremos a aquellos que han soportado
y abrazado la Cruz y que sus sufrimientos y los nuestros irán a perderse en el infinito
amor divino y en las alegrías de la definitiva reunión.
CREO que Dios es amor y que, en sus manos,
el dolor no es más que un medio de que se vale su amor
para transformarnos y salvarnos.
CREO en la comunión de los Santos,
la resurrección de la carne y la vida perdurable.
Amén.