Se encienden las corolas,
los diamantes de celeste bóveda
se iluminan en mi júbilo...
por si dudases.
Este corazón, amado ¡Ay dicha¡
que no cabe, fue un tiempo
difunta sombra y yermo tramo,
y en ti basta pensar
y en su órbita todo queda
y el latido en pecho
que no sabe de gobiernos,
contigo se apacigua.
Y no sólo que la lluvia cesa.
Es que además,
canta el rostro alegrías.
Porque…
Para mi amor la luz de tu pecho, tu mirada, tu risa.
Para mi amor tu lírica, tu algarabía;
cual espejo de luna encendida
al beso matinal del astro.
Amado, cuando de ti hablo,
cuando hablo de ti.
¡Canta el rostro alegrías¡