En las manos del alma nada queda de
tanta plenitud como tuvieron; sólo un vacío gris que se me enreda, y
apenas mis alarmas presintieron.
He vivido derrotas, y la
muerte rozóme a veces con su aliento frío; mas nunca nada me azotó tan
fuerte como perder lo que juzgaba mío. Brevería Nº 1865