Y entonces comencé a hablar
humanamente,
sin envidias, sin egoísmos,
decidí escuchar con los cinco sentidos,
como hacen los sabios, fieles a sus
convicciones,
pero abiertos a las distintas opiniones e
intereses.
Y humanamente trabajé,
no para beneficiarme
sino para beneficiar a otros y
haciéndolo me di cuenta que
yo también me beneficiaba.
Amé sin regateos,
diferencias,
ni favoritismos,
por eso me sentí unido a cada uno
de mis prójimos.
Cuando lloré,
lo hice sin vergüenza,
pues el dolor nos hace crecer y
ser humanos.
Y me reí.
Sin fronteras,
uniendo mi risa con la de mis hermanos,
dándome cuenta que sólo así era yo.
Y volví a escribir:
YO SOY YO.
Desconozco su autor