Discipulado y misión en y desde el acontecimiento guadalupano: Santa María de Guadalupe, su misión y nuestra mision Estamos en el mes clásico de las misiones, vale la pena ponernos a considerar cómo Dios nos mandó a María, con Su Hijo Jesús al Tepeyac, para que nos “Lo mostrara con todo su amor, compasión, auxilio y defensa a todos los habitantes…”(N.M. #27-28) de México y de América, para iniciar una presencia fuerte y salvífica del Salvador de todos. El mismo Señor sigue realizando su misión de muchas maneras, entre ellas, en su presencia Eucarística. El Congreso Eucarístico nacional, que prepara para el internacional de Dublín, Irlanda, que será en julio de 2012, nos sigue diciendo que Él está entre nosotros hasta la consumación de los siglos. Aprendamos de Él a ofrecernos como Él, el Pan de vida, al Padre y a todos. Aprendamos de María, nuestra madre amorosa, a darlo a los demás.
En esta semana estamos cele brando la Semana de la Familia. Ojalá se arraigue más entre nosotros el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret para que tengamos familias que cumplan cabalmente su misión como mensajeras especializadas de la Santísima Trinidad. Las divinas personas así diseñaron a la familia para que siempre, cualquier familia, pudiera ser imagen de la Trinidad; cuánto más las familias cristianas. Dispongámonos a considerar la Misión de Jesús, la de María, de la Iglesia y de nuestras familias para la gloria de Dios y provecho de la humanidad.
Primera consideración: El Padre le confirió a su Hijo la misión de hacernos miembros de su Familia Trinitaria. Esto mismo vino a hacer desde el Tepeyac para todos los pueblos de la tierra. Agradezcamos al Padre su infinita bondad y a Jesucristo, nuestro señor, que junto con el Espíritu Santo hayan efectuado ya el inicio y seguimiento de tan sublime plan. Agradezcamos a María y a los santos y Ángeles que nos estén ayudando para llegar a realizarlo a plenitud.
Jaculatoria: Santa María de Guadalupe, Misionera de Dios para nosotros; enséñanos a llevar a otros a tu Hijo amado que vino a salvarnos a todos.
Segunda consideración: El señor Jesús cumplió cabalmente la misión que le dio el Padre y la sigue realizando. A través de María nos convoca y atiende de manera muy especial en la sasa de su Madre en México.
El plan divino ha llegado a nosotros gracias a la fidelidad del Señor Jesús al cumplir plenamente la voluntad del Padre. Él sigue ayudándonos con el apoyo de María, quien en el Tepeyac, está presente entregándonos a Jesús. Ella nos enseñe a entregarlo a otros.
Tercera consideración: El Espíritu Santo, fuente de unidad en el misterio trinitario, tiene la misión de unirnos a todos para ser verdadera familia de Dios. Esto lo ha realizado de una manera muy notable en el Tepeyac con el apoyo de María.
La unidad de la Iglesia universal está querida por Dios como signo de su presencia permanente entre nosotros. Es el mismo Espíritu de Pentecostés que unió a pueblos y mujeres y hombres de distintas naciones para hacer un solo pueblo, una sola familia de Dios. Colaboremos con Él como lo han hecho María, los apóstoles, las discípulas y discípulos del Señor por toda la tierra. Los obispos Latinoamericanos han hablado del acontecimiento guadalupano como de un Pentecostés Americano a través de Santa María de Guadalupe.
Cuarta consideración: Dios les dio la misión a María y a José de acoger, nutrir, crecer y acompañar la vida de Jesús para que fuera nuestro modelo ante el Padre. María sigue haciendo esto mismo desde su casita del Tepeyac ayudada por San José y otros santos.
El modelo de vida para todos es Jesús. Y María lo trajo al Tepeyac para mostrarnos cómo el Padre quiere que nos parezcamos a su Hijo; ese es su plan para todos. Procuremos vivir según nuestro modelo y agradezcamos a Dios que haya escogido a México en este enorme Continente para mostrárnoslo de una manera tan especial y tan cercana.
Quinta consideración: Toda familia está llamada a desenvolverse a imagen de la familia de Nazaret para realizar el designio de Dios sobre cada familia. En el Tepeyac, las familias reciben un apoyo increíble de Dios y de María como lo vemos continuamente.
Dios quiso prolongar en cada familia su misma vida. Para eso convoca a las parejas a que sean una sola realidad, una sola unidad como lo son las Tres Divinas Personas. Cuando los padres y madres de familia entienden y viven esto glorifican muchísimo al mismo Dios que los llamó a esa vocación y misión tan alta. Cuando nos encontramos en la basílica a tantas familias y parejas con sus hijos nos emociona pensar que están viviendo su vocación plenamente, como Dios quiere. Que nuestra Madre cuide y acompañe con todo su amor a tantas parejas que le van a presentar a sus recién nacidos o a quienes dan gracias por algún favor recibido, o por quienes piden alguna gracia.
En esto, hemos de estar muy orgullosos como mexicanos porque somos testigos, unos de otros, de que somos familia, de que María es nuestra Madre y que Jesús es, nada menos, nuestro hermano mayor. Gloria a Dios, a María y a San José, que con Ella y Jesús formaron el modelo de toda familia cristiana.
Apoyos del Documento de Aparecida.-Números muy significativos:11, 31 y 32; 131,139,144, 146,147-148; 151-153; 348,446,469,478-479; 501,505,508,517,537 y 549-554.
Apoyos Bíblicos.- El cap. 10 de San Mateo y 28,16-20; Jn 15,7-17; 17,18- Is. 52,7-12
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