No se si recordáis que, cuando dieron las doce en el reloj del palacio
del príncipe, Cenicienta grito: «¡Tengo que irme!», y, a continuación,
atravesó el salón y bajó la escalinata tan deprisa que perdió
un zapato. A los pocos días, el príncipe buscó a la dueña del zapato y,
como ya habréis recordado, encontró a Cenicienta y se casó con ella.
Pero eso fue solo una parte de lo que realmente pasó. Porque yo se,
de buena tinta, que Cenicienta volvió totalmente descalza a su casa,
porque no perdió un zapato, sino los dos. Y el otro zapato lo
encontró el zapatero de palacio.
También él buscó a Cenicienta y cuando la encontró le propuso
matrimonio. Pero esta no aceptó, porque prefirió casarse con
el futuro rey. Y así fue.
Al principio, el rey la trato como correspondía: como una verdadera
reina. Pero conforme iban pasando los años, empezó a tratarla
con desprecio. Y tanto fue así que se convirtió en una mujer desgraciada
y deseó con todas sus fuerzas volver a su casa con sus hermanastras que,
al contrario de lo que nos contaron, no eran tan malas.
Claro está que, toda la vida, se arrepintió de no haberse
casado con el zapatero.
Neskatilla
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