El niño perdido es el nombre de una melodía cuyo instrumento principal es la trompeta.
Era tradicional que, cuando había algún festejo, sobre todo una boda, se contrataba una Banda de Concordia, que llegaba por el camino real a Mesillas. En carreta primero o en “troca” después, al arribar a un paraje conocido como “la loma de los novios”, empezaban los músicos a tocar desde ahí, hasta entrar al pueblo, en una romería que hacía el trayecto lanzando cohetes. Cierta ocasión, un filarmónico se hizo acompañar por su hijo, un niño de escasos cinco o seis años, que la pasó jugando con otros niños del barrio. Al llegar la noche, el padre que no había atendido al hijo, no lo encontró por ningún lado donde lo vieron. Luego corrió la voz entre el caserío alarmado. “Se perdió un niño que vino de Concordia con la Banda”, rebotó en el lomerío. “Lo vieron, comiendo, en casa de la Chuy del Cande”, decían unos. “Estuvo jugando descolgándose de las ramas de la camichina de con Bernardo Pinzón”, decían otros. La famosa Chuy del Cande, que cuando realizaba el quehacer cantaba a capela y a todo pulmón las antiguas canciones conocidas, como “La Martina” y “A la orilla de una playa”, mejor que Lucha Reyes, enterada de lo que pasaba, fue con los músicos y les dijo: “Lo más seguro es que el niño agarró pa´ Mesillas y extravió el camino. Váyanse por el rumbo y trépense a una loma y toquen sin parar. Así le ayudarán a orientarse y podrá recalar”. De ese modo lo hicieron y, efectivamente, un rato después, llorando de asustado, arañado por los breñales, apareció el plebe, terminando aquella congoja en una desbordada alegría. Un viejo compositor lugareño recreó el acontecimiento pueblerino, en una sentida melodía a ritmo de danza, triste, rematándola, al modo en que se componía en aquellos días, con un alegre final, insólito, únicamente alcanzado en la bellísima danza “La paloma”, a la que se acostumbró agregarle “habanera”. Así que en Agua Caliente de Gárate, Sinaloa se compuso ésta triste pero bella melodía y no en Jalisco como se cree.
Esto lo saqué de un periódico cultural, en Mazatlán, hace dos años, hoy quise compartírselos. El autor fue un economista y compositor del lugar, llamado Faustino López Osuna.