Quiero que bailes sobre mi cuerpo rozándolo en vertical, que no me pidas perdón ni permiso y que conviertas tus preguntas en tajantes imperativos susurrados, lento y bajito, a pocos centímetros de mi oído.
Porque hoy quiero depender de tu rapidez, de tu lentitud, de tus tropiezos o de tus torpes movimientos.
Hoy te concedo mi cuerpo a cambio de que el baile, me lo concedas tú.
Así que no te limites a mirarme. Acércate a mí, agárrame la mano, acerca mi cuerpo al tuyo y llévate parte de mi suspiro en tu próxima respiración. Arranca mis ganas con tus labios, pasea tu aliento por mi cuello y deja el rastro de algún beso por alguna esquina de mi piel.
Y, por último, coge aire.