La historia que les cuento, les juro que no es cuento,
más bien es documento de histriónico momento.
En esta breve historia, su gran protagonista
es mi amorosa madre, ignota, ¡gran artista!
Ella se llama Alcira y tiene más de ochenta,
y a pesar del Alzheimer su buen humor ostenta.
Aunque, tiene sus raptos de conducta agresiva,
a esta noble señora la querré mientras viva.
Yendo al tema del cuento del que les había hablado,
me hallaba yo tranquilo, a la mesa sentado,
cuando oí sus pasos, pues, se había despertado
y hacia donde me hallaba se había encaminado.
Aunque estaba despierta, no me reconoció;
lo supe, pues, me dijo: ¿Usted, por donde entró?
Pensé seguirle el juego, entonces, respondí:
por la puerta, y disculpe el susto que le di.
Y mi madre, pensando que yo era otro, me dijo:
¡la habrá dejado abierta el idiota de mi hijo!
¡Aijuna, con mi madre! ¡Qué palazo me dio!
Tuve deseos de enviarla... ¡sí, allí, donde nació!
Pero, al final de cuentas, a quien le adeudo tanto,
no podría yo darle tamaño desencanto.
Por fortuna, la pobre, agotada y vencida,
a dormir nuevamente se retiró enseguida.
Y así pasó esta historia, que haya gustado espero,
y que la leo rapeando como el mejor rapero.
P:S:: texto escrito por Hugo Mario Bertoldi Illesca . Argentina - 9-03-2019