Esencia
Nunca nombrarla, nunca. Ni callarla siquiera. Solamente crecer de sus raíces con asombrado llanto. Ser y morir tan solo para justificarla como naturaleza y sumisa costumbre.
Madurará con pausa y exactitud de necesaria estrella y solo incertidumbres me probarán su órbita, su doloroso amor, su cumplimiento. Será un desgarramiento elemental, constante. Desesperada espera -lo sé- desesperada.
Y sin embargo, nada persistirá más cierto que su sabiduría, que sus sencillas fiestas. Como el rosal seguro de la rosa.
Y yo seré la sombra de su florecimiento, yo viviré acatando su voz y su silencio, en indefensa tierra, irrenunciablemente.
María Elena Walsh


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