¡Lávale los calzones, chingada madre!,
es lo mínimo que puedes hacer
si tú eres quien se los quita.
Ve a comprarle toallas
femeninas si las necesita,
quédate con ella viendo
su novela o serie favorita.
Escucha todos los chismes que
te diga de sus amigos y su familia,
ayúdale a elegir el color de ropa
aunque tus ojos de hombre vean
todos los colores idénticos...
Todas estas cosas no te hacen
menos hombre sino todo lo contrario.
Hazla sentir bonita,
cepíllale el cabello y hazle una trenza,
que aunque te salga toda culera no se
la quitará por más vanidosa que sea,
pues se sentirá adornada por
unas manos que la aman,
por unos ojos que la observan
con locura, deseo y amor;
por unas letras que la versan.
Ámala en todas sus facetas,
en todas batallas, logros y metas.
Ámala en su vigésimo octavo día,
en su papel de niña caprichosa,
en sus delirios de conocimientos deportivos.
Ama todos sus desórdenes mentales
y sus desequilibrios hormonales.
Ese pequeño desastre es todo tuyo,
jamás vas a encontrar a alguien
que te desordene así tú vida.
No reclames por todos
los cabrones que la ven pasar,
porque nunca vas a acabar,
mejor pégatela muy cerquita de ti,
estrujale las nalgas,
que sepan todos de quién son,
que a ella le gustas así de
perverso y extrovertido,
con tu fascinación de que no use
bragas cuando se ponga un vestido
para poder tocarla en lugares prohibidos,
y oler descarado tus dedos.
Le gustas así,
con esa seguridad que transmites
cuando aprietas la mandíbula y te
pones a pensar en una solución,
con esa desfachatez al caminar
como si tuvieras bien medidos
los pasos y supieras donde pisar;
con la forma en la que la agarras
de la muñeca al cruzar la calle
como si fuera una niña chiquita;
con tu necesidad que querer
protegerla por sobre todas las cosas,
incluso hasta de ella,
cuando no se comprende,
no se soporta,
no se quiere ver
y tú la restauras haciéndola sentir bonita!!!

