Estoy hecha en una noche de tango, bailada por un cojo de nuestra guerra civil, bailada con una Gracia de ahora pelo blanco bailada hasta el amanecer.
Estoy hecha en una noche de lluvia, caída sobre el cansado y restaurado tejado, lluvia entregada a esos campos de trigo y piedra blanca, caída en ese fértil y atrevido mayo.
Estoy hecha en una noche de tango, escuchado en esa colgada radio, junto a una botella y dos vasos de vino, vino claro, vino rosa, vino añejo, vino…bien bebido.
Estoy hecha en una noche de tango, de pasión y descuido, en sábanas blancas, colchón de lana, cama de hierro, jergón de acero, con amor y pasión.
Estoy hecha en una noche de cuerdas, de violines, contrabajos, besos y abrazos, con luna, luna llena, luna escondida en mis Monegros callado.
Estoy hecha de dos cuerpos forjados al placer Estoy hecha en una noche de lluvia Estoy hecha en una noche de cuerdas Estoy hecha en una noche de tango.
Los recuerdos nos golpean la cara nos duelen y se rien en silencio en una melodia que el viento cantará y en una cancion que mi dolor sentenció
Recuerdos de tardes lejanas y sueños de papel de amores pasados y amistades perdidas, marean y agonizan las luces de este carrusel de la feria que paró, en seco, nuestras vidas
Són risas que llegan en un rumor lejano diciendo que jamas escaparé del olvido si la muerte llega que sea temprano, y con legañas en los ojos de no haber dormido.
Las luces de mi ciudad poco a poco se extinguen, y apenas se distinguen, los recuerdos del ayer y volveran ellos que siempre consiguen que sueñe mi olvido, y olvide el temer.