Hay “amores tallados”. Están bien pulidos, tan bien dosificados, con tanta filosofía, arte, música y colores, que pregonan la armonía y la paz. Tienen tanta “magia” que llega a adquirir categoría de milagro.
Hay “amores de celos”. Siempre están temerosos. Siempre se sienten amenazados. Por cualquier rendijita ven fantasmas. Viven obsesionados por ese solo punto y acaban obsesionando la mente y lesionando el amor.
Hay “amor compacto”. No tiene huecos, agujeros ni fisuras. No hay dolor que los separe. No hay pared que los incomunique. No hay silencio que los aísle y no hay cicatriz que los marque: ¡son de una sola pieza!
Porque, amigos, el amor no es un éxtasis: está envuelto en una realidad.
El amor no está hecho de tacañería, sino de esplendidez y de abundancia.
El amor no es un detalle del conjunto, sino el núcleo fuerte de la unión.
El amor no es hilo suelto: es un empate de dos nudos. No es trabajar en mi propio plan: es trabajar en el plan de la familia ¡y en el plan de Dios!
Hay “amores sin contenido”. Les falta lucidez, equilibrio, eje central, cordones que amarren, motor que impulse y barco seguro.
Hay “amores sin estrategia”. Sin color, sin sabor, sin perfume. No cambian el paso, no se enardecen, no crean. No cierran los ojos, no buscan el alma ¡y no se apasionan para vivir!
Hay “amor de globos de colores”, que al contacto con la realidad, se desinflan y se los lleva el viento.
Hay “amor de movimiento”. No paran, viven de fiestas, viajes y compromisos sociales.
No se conocen por dentro. No se divierten juntos. No se ven el alma. Y aparece ese vacío escurridizo, disfrazado y astuto, a derribarles el amor.
El “amor de adolescencia” es limpio y fresco, soñador y romántico, pero le falta madurez y crecimiento: ¡vive un amor que todavía no ha llegado!
El “amor de juventud” es apasionado, ciego, caudaloso y desbordado. Vive un amor a borbotones, sin colocar el medidor en el justo medio que la realidad necesita.
El “amor de madurez” es intenso, penetrante, habilidoso y sabio. Vive creciendo, haciéndose jugoso, sazonando el fruto ¡y realizando su misión!
El “amor de vejez” es de penumbra, como de lamparita. De tronco, como de Ceiba bien plantada. Un amor dulce, como de ternura acumulada. ¡Amor de dos rosas puestas en las manos de Dios!
El amor tiene raíces en todas las ramificaciones de la vida, motor para todas las hazañas del camino; tiene pupilas dulces para el dolor, resistencia para vencer ¡y la gracia de Dios para poder llegar!
El amor lo llena todo.
El amor es la luz que alumbra los hechos. Es la sabiduría que no enseña ningún libro.
Es la medida que tenemos para todo. Es la espalda fuerte para cargar las cruces. Es la alegría para un buen servidor. Es el grano que fermenta la vida ¡y la chispa interior que alumbra el alma!
Hay que prender el amor en el ojal del mundo para humanizarlo. Subir con él la montaña de la vida, para llenarla de rosas. Y vivir en actitud amorosa para todo y para todos. Recordemos que hay cumbres que sólo se consiguen con amor. Hay sueños bajo el ala que sólo se realizan con amor. Hay muchos espacios del alma que sólo se mueven con amor. Hay muchas oscuridades que sólo se aclaran con amor. ¡Y hay mucha vida que sólo con amor vale la pena de vivirse!
sacado del libro:"con las alas abiertas"