La mariposa pudo salir fácilmente. Pero su cuerpo estaba marchito, era pequeño y tenía las alas arrugadas.
Nada aconteció!
Enn verdad, la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo marchito y unas alas encogidas. Nunca fue capaz de volar.
Lo que el hombre por su gentileza y su voluntad de ayudar no comprendía, era que el capullo apretado y el esfuerzo de la mariposa para pasar a través de la pequeña abertura, era la forma para llevar el fluido necesario a su cuerpo y a sus alas, de tal modo que ella estaría lista para volar, una vez que se hubiese liberado del capullo.
Algunas veces, el esfuerzo es exactamente lo que necesitamos en nuestra vida, aunque en ese momento no lo veamos así. Si se nos permitiese pasar por nuestras vidas sin encontrar ningún obstáculo, nos veríamos limitados. No lograríamos ser tan fuertes como podríamos haber sido... y nunca podríamos volar...
No trates de llevar toda la carga de tu prójimo, en todo caso, ayúdale a que esa carga no sea tan pesada.