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General: LA DISTANCIA ENTRE RAILES
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De: marieclipse (Mensaje original) |
Enviado: 17/12/2009 19:43 |
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Leyenda personal, por Paulo Coelho |
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LA DISTANCIA ENTRE LOS RAÍLES |
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En cierta ocasión, mientras esperaba a mi editora polaca en una estación de tren, sin nada más que hacer en absoluto, me puse a elucubrar cuál sería la distancia que había entre los raíles. Finalmente decidí preguntarle a un trabajador de la estación: –Están a 143,5 centímetros.
La respuesta me pareció extrañísima y absurda. Lo lógico habrían sido 150 centímetros, o algún otro número redondo, claro, fácil de recordar por los constructores y los empleados. –¿Y eso por qué?– le insistí al trabajador. –Porque eso es lo que hay entre las ruedas de los vagones. –Pero las ruedas de los vagones se separan así por la distancia que hay entre los raíles, ¿no le parece? –Mire: las cosas son así, y punto.
Entonces no lo sabía, pero aquella situación originaría en parte uno de mis libros (El Zahir); ¿hasta qué punto las cosas son de cierta manera porque sí? En el caso concreto de las vías resolví buscar una respuesta, sin grandes esperanzas de dar con ella. Para mi sorpresa, me topé con más de dos mil páginas dedicadas al asunto. Una de las explicaciones más interesantes –y más simbólicas– es la siguiente: Al principio, cuando construyeron los primeros vagones de tren, usaron las mismas herramientas que se empleaban para la construcción de carruajes. ¿Y por qué los carruajes tenían esa distancia entre las ruedas? Porque las antiguas carreteras se realizaron con esta medida.
Ahora bien, ¿quién decidió que las carreteras debían tener esta anchura? La respuesta nos remonta a un pasado distante: los romanos, grandes constructores de carreteras, fueron quienes lo decidieron.
¿Y cuál fue la razón? Dos caballos tiraban de los carros de guerra de la época y, al poner lado a lado dos animales de la raza más extendida en ese tiempo, ocupaban 143,5 centímetros.
De esta manera, vemos que el ancho de vía usado por modernísimos trenes de alta velocidad fue determinado por los romanos. Cuando los emigrantes fueron a los Estados Unidos para construir el ferrocarril, no se preguntaron si sería mejor modificar la anchura y siguieron el mismo modelo. Esto llegó a afectar incluso a la construcción de transbordadores espaciales: los ingenieros norteamericanos consideraban que los tanques de combustible debían ser más anchos, pero se fabricaban en Utah, y debían ser transportados por tren hasta el Centro Espacial de Florida a través de túneles que no permitirían el paso de nada diferente. Conclusión: tuvieron que resignarse a lo que los romanos habían elegido como medida ideal.
Descubrí también que, para complicar aún más la vida de todo el mundo, hay países vecinos que usan anchos de vía diferentes, de manera que un tren tiene que parar en la frontera y pasarle todo su cargamento a otro (aunque Francia tiene establecido un ancho de 1,43 metros, la distancia entre raíles en España es de 1,67 metros). Mi abuelo, que era ingeniero del Ferrocarril Central de Brasil, contaba que en Brasil ocurría lo mismo. Fui a comprobarlo en la Internet y vi que tenía razón: tenemos cuatro anchos diferentes: el francés, el español, 25.000 kilómetros con un metro de ancho (esto sí que no logré comprenderlo) y unos pocos kilómetros con 0,76 centímetros entre los raíles.
¿Y todo esto qué tiene que ver con la vida? Pues todo. En un momento dado de la historia, alguien apareció y dijo: «Debéis comportaros de esta manera». No importa si eso sucedió en un pasado remoto: sabemos que los romanos decidieron el tamaño de las carreteras y nadie decidió cambiar las cosas en todo este tiempo. De la misma manera, muchas cosas en nuestras vidas tienen que cambiar, pero no encontramos el valor necesario.
Mientras no lo encontremos, tendremos que seguir sonriendo en las fotos, jurando amor eterno, pensando que la universidad es la meta de todo el mundo, cambiando de moda con cada estación y teniendo esta increíble dificultad para que el tren de nuestra vida transite por lugares donde la medida de los valores es otra | | |
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de un Alvia averiado toman otro tren para regresar a Zaragoza y continuar en autobús. / OLIVER DUCH. HERALDO DE ARAGÓN
a.alonso@diario-elcorreo.com
Siete trenes Euskadi-Barcelona han quedado varados en Zaragoza en tres meses al efectuar el cambio de ancho
Las incidencias «no afectan a la seguridad», afirma CAF
El fabricante del modelo de tren Alvia utilizado en las conexiones entre Euskadi y Barcelona, la empresa vasca CAF, asumió ayer públicamente su «responsabilidad» por los «incidentes» registrados en las últimas semanas en los cambiadores de ancho ferroviario ubicados en Aragón, donde al menos ocho convoyes han quedado varados al descarrilar alguno de sus ejes desde el pasado 23 de enero. Según difundió ayer, ha enviado a personal cualificado para supervisar 'in situ' las operaciones y hallar las causas de las incidencias, que espera solventar en el menor tiempo posible.
La firma, que emitió un comunicado tras diversos contactos con las empresas públicas Adif y Renfe, subrayó que ninguna de estas salidas de vía «ha afectado, ni puede afectar a la seguridad de usuarios» porque se producen en un momento en que los convoyes circulan a muy baja velocidad, a cerca de 15 kilómetros por hora. Si el cambio de ancho no se completa correctamente, enfatizó la compañía, «el tren se queda detenido y bloqueado», por lo que no existe riesgo para los viajeros, sólo la molestia de tener que terminar el trayecto en otro medio de transporte.
Como publicó ayer EL CORREO, trenes Alvia S-120 fabricados por CAF en consorcio con la francesa Alstom han presentado reiterados problemas en las últimas semanas en las operaciones de cambio de ancho de sus ejes, un proceso que se efectúa de forma obligatoria para pasar de las vías de alta velocidad a las convencionales o viceversa, dado que tienen diferente anchura entre raíles. En el caso de las conexiones entre Euskadi y Barcelona, esta operación se lleva a cabo de forma habitual en el intercambiador de Delicias, muy cerca de la estación de Zaragoza. En el corredor Irún-Pamplona-Madrid, donde se produjo este mismo lunes el último descarrilamiento de un Alvia S-120, se efectúa en el cambiador de Plasencia, también en Aragón y que ayer estuvo inoperativo, dijo Renfe.
CAF, cuyos trenes incorporan un sistema propio de rodadura desplazable (llamado Brava: bogie de rodadura de ancho variable autopropulsado), aseguró ayer que a raíz de estos incidentes ha extremado las «medidas de control» en ambos intercambiadores para «esclarecer las causas que provocan este comportamiento anómalo» y conseguir la «erradicación» de los incidentes detectados. Hasta la fecha, estas salidas de vía han afectado a varios centenares de usuarios de las líneas de Renfe, que en todos los casos han debido ser trasladados a sus puntos de destino en autobuses o trenes alternativos y con notables retrasos, de hasta varias horas, respecto al horario normal.
En servicio desde 2006
La empresa de Beasain, puntera en el ámbito ferroviario europeo y con creciente presencia en América, aseguró que ha desplazado a las instalaciones de Delicias y Plasencia a «personal cualificado» que supervisa las operaciones de cambio de ancho de forma permanente. Entre otras medidas, se han monitorizado los procesos con sistemas de vídeo para tratar de hallar el punto exacto en el que falla el sistema y las ruedas pierden el raíl. «Estamos colaborando activamente» con Renfe y con Adif, subrayó CAF.
El S-120 de CAF y Alstom está en funcionamiento desde 2006, momento desde el que se «han realizado más de 300.000 operaciones de cambio de ancho», subrayó la empresa vasca. Renfe adquirió en diversos lotes un total de 59 convoyes, 28 para dar servicio Alvia y otros 29 de la serie S-121, de similar diseño, para la marca Avant de media distancia y alta velocidad. Fuentes de Renfe indicaron ayer que los problemas con el cambio de ancho no han afectado al otro modelo de Alvia, el que cubre el trayecto Euskadi-Madrid fabricado por Talgo y Bombardier bajo la denominación S-130. |
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