Mi firmeza aumenta cuando tengo presente que soy uno con Dios. Confío en la fuente de fortaleza que mora en mí. Jesús enseñó que quien no tiene fe en Dios será derribado como una casa construida sobre la arena. Mas quien tiene fe, es como una casa construida sobre una roca, capaz de mantenerse firme ante cualquier tormenta.
Esta base sólida me sostiene en momentos en que me siento débil o inseguro. Cierro mis ojos e imagino que estoy parado sobre una roca estable y sólida. Noto cómo dicha roca me apoya y me sostiene.
Expreso la naturaleza todopoderosa de Dios a través de mí, y hago surgir mis reservas de fortaleza desde mi interior.