Me parece muy importante este popular tema de ayudar al otro. Dicen no sé si un refrán pero en cualquier caso una expresión muy acertada ,”qué fácil es educar a los hijos de los demás” o “ soportar dignamente las penas ajenas”..
Es un tema que me preocupa muy espececialmente. Digo, es de agradecer la buena voluntad, siempre es mejor que quieran ayudar que no hundir al prójimo, aunque tras ese querer ayudar se esconda en no pocas ocasiones una forma de ejercer poder, un poder que si se necesita ejercer es porque algo no sano está detrás. Y de ahí lo que bien dice Louise Hay.
El caso es que no son pocas las veces que he asistido a este ejercicio de ayuda en el que en una equivocación de lo que significa empatía, uno más bien pareciera buscar que el que necesita ayuda se ponga en “nuestro lugar” y se haga cargo de pobres de nosotros que nos esforzamos en ayudarlo, ponemos tan buena voluntad pero él/ella es tan tozudo/a, que no se deja,
o le contamos nuestra experiencia y lo bien y rápidamente que salimos ; claro que nos costó muchíiiisimo, donde si no estaría nuestro mérito???, pero lo hicimos!!! Ah! Y seguro que además solitos!! ( de pronto se nos olvidó qué variables –recursos, personas, circunstancias favorables- entraron a nuestro favor o quien estuvo hasta el último momento, no arriba, sino al lado. Y en ese “lo hicimos” con frecuencia más que transmitirle “tú puedes”, le señalamos “yo pude”.
Cada persona está aquí para aprender sus propias lecciones y no les servirá de nada que se las demos
Más que nada porque no sabemos las respuestas
Sabemos, con mucha suerte y límites, las nuestras para nuestro particular problema en nuestro particular momento, circunstancias y recursos ( cognitivos, sociales, etc), con que contamos o hemos contado
Y ahora vuelvo al punto 1º para ponerlo en relación con el 2º
A - Sólo podemos ofrecerles una atmósfera mental positiva donde tengan la posibilidad de cambiar si lo desean.
B - No corras desatinadamente intentando sanar a todos tus amigos. Haz tu propio trabajo mental y sánate a ti mismo
Con frecuencia estos dos ítems, que yo he colocado en orden inverso, se leen a prisa y esta actitud mental positiva se agarra como un bolso y se lleva corriendo desesperadamente con la intención de “bolsear”, ayudar, a todos nuestros amigos.
Estos textos , y me repito sin importarme hacerlo, tienen su doble interpretación y de ahí la tarea que me suelo imponer buscando y sacando a la luz “la otra cara”.
Del B) Se lee y se asiente. Pero nada mas en realidad. Si el “amigo “ te interesa o tenemos “público” que nos interese. Vamos a correr desaforadamente a ejercer nuestro “poderío” de sanación.
Del A) No podemos hacer que los demás cambien: Se lee y se asiente. ( Salvo cuando nos afecta mucho el que esa persona cambie para nuestro interés y a veces, la verdad, para el suyo propio)
Solo podemos ofrecerles una atmósfera mentalmente positiva y aquí es donde nos solemos “desatar” entendiendo que se trata de repetir toda esa lista de pensamientos positivos que tantas veces hemos leído y reproducimos convencidos y “de carrerilla”, fòrmulas y pensamientos que pierden su valor de tanto repetirlos, unido con frecuencia a calificarse de amigos y te quiero mucho y me tienes para lo que necesites siempre.
Lo único que podemos hacer es amarlos. Dice a m a r l o s . No dice que les llamemos amigo ni les expresemos nuestro amor ( aunque ambas cosas están implícitas siempre que se cumpla la primera), dice que les amemos.. Y es la clave como ya hemos oído muchas veces con los mandamientos: AMA PERO COMO A TI MISMO
Nos tendríamos que preguntar de qué tanto nos sirve que nos nombren “amigo” y nos digan cuanto nos quieren, en la misma forma en que solemos hacerlo, sin pensar demasiado las implicaciones de tales afirmaciones, las expectativas que se nos crean y qué nos sucede cuando desgraciadamente la vida nos pone en situación de necesitar esa ayuda ofrecida.
Tampoco se trata de hacer drama. Es como el lenguaje habitual, todos “nos entendemos”. Sin embargo, en una relación de ayuda no podemos obviar el hecho de que hay una persona que está en inferioridad de condiciones (que si además no nos esforzamos e incluso evitamos conocerlo, puede ser unas condiciones muy delicadas), y que lo que en situación normal, rutinaria, se pondera de una forma, se llena de valor, para bien como para mal, en esas otras en que pasa por un mal momento como solemos calificar. y en este artículo de Louise Hay nos está poniendo en una situación de ayuda real, seria, evidentemente, no creo que esté refiriéndose a si la vecina nos hará el favor de llevar los niños al cole.
Si, bendito Dios!, sentimos esa necesidad de ayudar, es un tema bien serio, y al que no estamos obligados a ir más allá de nuestros límites. Aceptémoslos nosotros mismos antes que adoptar una actitud que, sin querer, perjudique a la persona que nos necesita.
Muchas gracias Miryam, me ha venido muy bien tu artículo