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Réponse  Message 1 de 2 de ce thème 
De: talvez  (message original) Envoyé: 17/01/2010 04:05
 
 

 Dice Martín Descalzo:

 

Hay un problema en el que los escritores nos pasamos la vida peleándonos con nosotros mismos, sin terminar nuca de aclararnos, y es la razón por la que escribimos: ¿Lo hacemos por vanidad?, por dinero, por afanes de ayudar a alguien, por la fama, porque no sabemos hacer otra cosa?. La verdad es que , probablemente, hay tantas respuestas como escritores y que, incluso, un mismo escritor va cambiando de metas a lo largo de los años y, a veces, hasta en el curso de pocos días.

Los que escriben por dinero se equivocan, ciertamente. Porque hay mil actividades humanas en las que ganarían más y con menos esfuerzo. Son poquísimos los autores  para quienes la pluma acaba resultándoles rentable, a no ser que, como suele decir un amigo mío escritor, tengan, como el , además una granja avícola.

 

Mas compasión merecerían los que escriben por la fama que pueden conseguir ¿Hay algo más casquivano que la fama, algo que dependa más de las circunstancias y menos de la verdadera calidad? Cuantos escritores vivieron en palmitas de su público y fueron olvidados a los poquísimos años de su muerte. Y, viceversa, cuantos no fueron conocidos en vida y solo mucho después de su muerte – a veces hasta cuatro siglos después, como le ocurrió a San Juan de la Cruz – alcanzaron el esplendor de su nombre. Y, en definitiva, que hay que sea más decepcionante que la fama, que te puede divertir en un primer momento, pero que te hastía una vez que la has saboreado en algo?

Y hay quienes escriben por la belleza, por el logro de la perfección: no morirse sin dejar un poema o una página “definitivos”. Pero hay algo mas subjetivo que la belleza y la perfección? La valoración de una obra tiene tantas variantes como lectores. Y, por lo demás, un poema perfecto ¿produce mayor placer que el de tener una joya en el dedo anular de la mano derecha?.

Muchos escriben  -y esto sí lo entiendo- no por egoísmo, pero sí para “ser queridos”. Y digo que lo entiendo porque todo ser humano es un pordiosero de amor, un mendicante de cariño. Aquí sí que es insaciable el alma humana, tan desvalida, tan hambrienta de caricias. Y, efectivamente, ser querido es un premio  por el que todo trabajo es pequeño.

Pero aún mas grande es,  me parece a mí, el escritor que escribe porque quiere él, o más claro: el que lo hace como un acto de servicio, para ser útil él a sus posibles lectores-

Voy a confesar ingenuamente que a mi me gustaría ser uno de estos últimos. De hecho, cuando alguien me dice “Que util me fue tal articulo o cuanto me ayudo

 

Pero ahora viene el mayor de los problemas: Como y en que puede un escritor ayudar a sus lectores?

No crean ustedes que la respuesta es facil, porque aquí las cosas vuelven a dividirse, ya que hay escritores que inquietan; los que entienden su pluma como un aguijón para despertar dormidos y los que  aquietan, los que la ven como un calmante para serenar a angustiados o animar a los cansados. Aquí donde siempre me encuentro yo indeciso.

 

Si ustedes me hubieran preguntado esto mismo hace veinte años, yo no habría dudado ni un segundo , escribo para inquietar, para sacar a la gente de su sueño. Habría hecho plenamente más las palabras que no hace mucho firmaba un gran escritor, magnífico amigo mío. “El deber de escritor es exponer la negrura de la vida que la mayoría trata de ignorar”. Para los humanistas trágicos, la función del arte no es consolar o confortar, mucho menos deleitar, sino inquietar diciendo una verdad que siempre es mal recibida

Hace veinte años, ya les digo, yo estaba plenamente convencido de esto. Me parecía que el gran problema del hombre era que la mayoría vivía dormida, dejándose resbalar por la vida, pero sin vivir, sin querer siquiera ver el amargo “espesor” de la realidad.

¿Qué mejor entonces que hacer de despertador de conciencias, de aguijoneador de cobardes, de mártir solitario por decir “la verdad” que a nadie le gusta?

 

Pero veinte años después ya no estoy nada seguro de que la mayoría esté dormida y no vea la negrura de la vida. El tiempo ha ido descubriéndome que son más los que viven angustiados ese drama: que no es que no quieran ver lo que deben hacer, sino que de hecho no ven las salidas porque su misma angustia se lo impide. Entonces –pienso yo- no puedo “engañarles” pintándoles una realidad color de rosa, pero tal vez los escritores debiéramos ayudar más a entender, serenar a las almas, descubrirle esos gozosos rincones de alegría que también existen y nadie quiere ver. No se trata pues de “consolar” a nadie, pero sí de ayudar a muchos.

 

Mas quizá la respuesta esté en que cada escritor cumpla con su vocación, y el nacido para inquietar inquiete, mientras el nacido para aclarar ayude.

Esto lo ha habido siempre en todas las artes. Fra Angélico o Boticelli aquietan; Miguel Ángel o El greco inquietan, Bach o Vivaldi aquietan y Beethoven o Schumann inquietan. ¿Y por que no aceptar que un mismo escritor tenga días inquietantes y días consoladores. Algún amigo me echó una vez en cara que en mis artículos había domingos de Apocalipsis, en que me parecía que el mundo era una porquería, y otros en lo que todote parecía bueno. Posiblemente la verdad esté, no en medio, sino en los dos extremos a al vez. Porque ¿no es cierto que la realidad humana tiene tantos rostros como días transcurren?. En todo caso , lo que yo no me perdonaría  a mi mismo es que pasara un solo domingo sin abrir mi corazón y dárselo a quienes me leen con el suyo abierto.

                                                                     J. L. Martín DEscalzo

 

 

 

Este artículo de Martín Descalzo me hace reflexionar también sobre los que somos lectores. Lo que influye, al margen de la voluntad del escritor, la actitud del lector. Siempre que ésta sea una lectura activa, como en la escucha.

Aunque quizá habría que decir que siempre es activa la lectura. Es una voluntad la que ponemos al leer y podemos ponerla en buscar lo malo, lo bueno, el equilibrio, el sólo pasar la vista por esas letras…, que es lo que en muchas ocasiones hacemos, y pensar , o ni eso, dejarnos con una sensación de bonito, feo, me gusta, no me gusta.

Mi escucha siempre es activa y la lectura en la medida en que mi capacidad de concentración me lo permita, también. Y si algo me gusta es cuando encuentro con quien discutir, comentar lo que a cada quien le atrapó más esa atención, lo que quizá quiso decir ( tantas veces distinto a lo que entendemos), si se contradice en algún punto, por qué sí o no estamos de acuerdo en todo o en parte. A veces lo encuentro y otras lo hago sola.

 

Habla aquí de cuáles sean las posibles motivaciones para escribir y analiza algunas. Obviamente no son todas, son las que él ha querido recoger en ese momento. Parece una obviedad pero está relacionado precisamente con lo que comento acerca de nosotros los lectores. El que al leer interpretamos y en ocasiones lo hacemos de forma prejuiciosa.

 

 

 Y yo como lectora sé que con frecuencia lo que uno escribe está limitado por el espacio-tiempo y por lo que en ese momento considera más y relevante y qué solo una forma de introducción, que en cualquier caso voy a aprovechar para comentar también

 

 

 

Los que escriben por dinero….

 

Estoy de acuerdo en que es un oficio arriesgado. Una profesión en que hoy existe más oferta que demanda pero como en tantas otras ya. Y como en esas otras, no siempre todos los mejores son los mejor reconocidos y pagados, pero muchos otros sin ser grandes autores sí consiguen obras populares, obras que se demandan , saben como en todo mercado, estudiar las claves para llegar al “gran público” y eso es lo que produce dinero. No hay más que ver el número de libros que se llegan a vender y que cuando una invierte en más de uno de ellos siente que no ha dado más de sí que una columna de un peródico, a fin de cuentas reproduce cuatro ideas más que manidas y eso sí, rellena el libro con mucha buena voluntad y letra gorda ( supuestamente para no cansar la vista) que convierta el libro en un volumen suficiente como para no dar la sensación de poca cosa. Sí, algo de “libro al peso” sí que tenemos todavía.

 

Porque quiere él o + claro: el que lo hace como un acto de servicio….

 

Aquí no entiendo  por qué lo utiliza como sinónimo. En este caso esa voluntad (.. porque quiero )  creo que es más bien motivada por una necesidad de expresar, de dar salida a lo que dentro de uno bulle. No se plantea en un principio otro objetivo que el de su voluntad, sus ganas de escribir, escribir es hablar, y se habla muchas veces porque el diálogo interior se hace demasiado intenso y necesita abrir un espacio por donde volcar y dejarlo fluir

 

Como acto de servicio y como forma de conseguir afecto y reconocimiento sí que en gran medida pudieran unirse. De la misma forma que en otras obras generosas se está dando eso bueno que irá seguido del reconocimiento de los receptores, aunque también es cierto que en cada uno o momento será uno u otro motivo el prioritario.

  

Se plantea luego de qué forma el oficio de escritor puede ayudar y expone dos formas

 

-como aguijón

-como calmante

 

Yo plantearía otra tercera , como simple entretenimiento. A su vez tanto la una como la otra van a cumplir esta función, pero no como prioritaria. Sin embargo en el caso de una novela, un cuento, etc, pueden ser más o menos excitantes, pero su función prioritaria será la de entretener. El contenido y la intención del autor conseguirán además que ejerzan esas otras funciones de forma secundaria.

 

Y de nuevo entraría aquí la disposición del lector.  Qué busca cuando se ocupa en una lectura. Qué necesita?.

Y como dice de los escritores…” tantas respuestas como escritores…  … un mismo escritor va cambiando de metas a lo largo de los años y, a veces, hasta en el curso de pocos días.. .. ¿Y por que no aceptar que un mismo escritor tenga días inquietantes y días consoladores…”.  También ocurre en el lector que algunos buscarán por encima de todo la calma, el entretenimiento, disfrutar de algo bello o la información más veraz o una forma de que repasar ciertos conceptos que tenga sobre la vida, aprender cosas nuevas, crearse aún mas interrogantes, un estímulo,  analizar situaciones, conocer más sobre el mundo o la vida o las gentes… quien sabe!, dependerá de las personas, pero también del momento vital e incluso del momento del día. 

A veces se busca la calma porque es una necesidad para el espíritu de la misma forma que dormir lo es para el cuerpo, otras  porque el sufrimiento es demasiado fuerte como para poderse ocupar de otras cosas; otras .. porque no queremos que nuestro  interior sea removido.

 

Me pregunto por qué otras veces buscamos que nos inquieten. Yo lo busco con frecuencia, tanto como la calma. Si bien, es cierto, dedico más tiempo y atención a las lecturas que aquí denominaría Martín Descalzo “inquietantes”.

Creo que en gran medida forma parte de una actitud frente a la vida. Y bien es verdad que desde hace tiempo necesito mucho las lecturas calmantes, pero las dosifico porque quizá siento que dedicarles demasiado tiempo sea más que una lógica necesidad de entretenimiento y goce de ese arte y serenidad espiritual, una forma más de escapar, dormitar y dejarse resbalar por la vida.  Y no digo que esté mal, tan solo que no es la forma en que me apetece más estar en ella, vivirla. No me asusta tanto esa negrura de la realidad, o si me asusta, como recogía una publicación de Myriam, adelante!, no hay que dejarse vencer por el miedo aunque tampoco sea fuerte para soportarla a veces,  no me gusta mirar para otro lado en lo que la vida presenta. Si está ahí, como el más asqueroso de los insectos, tendrá su función.

  

Habla de ser util y de cómo puede serlo de ambas formas.

Y también que en su caso, ha ido en función de la edad. Para otros pueden ser función del momento, las circunstancias, sus vivencias

 

Puedes tomar un libro dedicado por entero a serenar el alma o que te haga partir de un par de aguijonazos, para después llegar a encontrar la serenidad que produce el haber comprendido algo y haberlo integrado. Siempre me extrañó este rechazo, miedo a las lecturas que “hacen pensar”, y que se alegue que hay lecturas que igualmente mueven a la reflexión sin producir esos “escozores”. Yo creo que salvo muy loables y raras excepciones, pocas lecturas que muevan a reflexionar con honestidad no te produzcan un par de escozores, si no es muy probable que se haya realizado una pura lectura pasiva y condescendiente. Vamos!, de esas que Martín descalzo dice adormecedoras y que yo creo es sobre todo la forma en que se leen.

 

Creo que, quizá por el motivo que él menciona    … son más los que viven angustiados ese drama: que no es que no quieran ver lo que deben hacer, sino que de hecho no ven las salidas porque su misma angustia se lo impide…”   y entonces su escape es tratar de adormecerse  y algunas lecturas son usadas así, aunque no haya sido la intención al escribirlas.

 

Creo hace una conclusión un tanto absurda cuando dice que el nacido para inquietar inquiete y el que para ayudar ayude, como si no se pudiera ayudar creando inquietudes en un alma adormecida, aunque sin duda es mucho más ingrato para el que escribe. Y él mismo dice en varias ocasiones que ambas cosas ha pretendido, a lo  largo de la edad y después, en función de los días, las situaciones, etc.

 

Sin embargo por el contenido de todo el artículo estoy segura de que no es eso exactamente lo que haya pretendido decir, él mismo reconoce cómo algunos le han tachado de “apocalíptico” y dudo que tales artículos escritos por él mismo y  así calificados no hubieran servido igualmente de ayuda para otros muchos, quizá para aquellos que no son precisamente sus lectores pero que a través de la denuncia o de ese inquietar conciencias, encontraron la voz que su situación les niega..

 

Y no es que todo en el mundo parezca ser una porquería, es mucho parte del lector que cuando se le recuerdan  1 o 2 temas que les inquieta acusa al mensajero de crear problemas. Si fuera tan sólo una opinión del escritor no produciría tanto rechazo , simplemente se “archivaría en varios” y no se leería más.

 

Siempre me he preguntado por las almas supuestamente tan serenas que se alteran con tanta facilidad y , estando como al parecer están tan acostumbrados  a extraer lo positivo de cualquier circunstancia no advierten en determinado relato

una simple expresión de inquietud,

una forma de recordar lo afortunado de no vivir esa experiencia

o una forma de tener más conocimiento

o  una forma de comprender mejor al ser humano o cuando menos de conocerlo en otro de sus aspectos

 

Nunca les habrá ocurrido precisamente que es en medio de la oscuridad que pintan unos como más brillan las pequeñas luces con las que contamos?

 

Y termina   ..en todo caso , lo que yo no me perdonaría  a mi mismo es que pasara un solo domingo sin abrir mi corazón y dárselo a quienes me leen con el suyo abierto.

 

Y yo el  no tratar de buscar aunque no siempre lo consiga, esa otra cara, esa otra forma de observar, interpretar, sin buscar que sea ni la buena ni la mala, depende de cual sea la que presentan, sin afan de inquietar ni de aquietar, tan sólo de ampliar huyendo de las certezas
 
 
 
  TalVez   
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Servid mil veces, negaos una y nadie se acordará mas que de vuestra negativa  (Plinio El Joven)
 


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Réponse  Message 2 de 2 de ce thème 
De: talvez Envoyé: 17/01/2010 04:22
 
Mira qué bien viene este aporte de Cali con lo que aquí se trata,
sobre la utilidad de lo escrito, sobre la forma en que se puede ayudar
pero también de si nosotros con nuestra actitud permitimos que
esa ayuda sea recibida en nuestro interior.
 
implicarse, implicar e implicarse,
es lo que pienso y me sucede con lo que leo o escucho, si sólo
lo entiendo y lo disfruto, reconociendo que ya es una gran adquisición,
no es ni con mucho mi último objetivo. Si pretendo algún tipo de
aprendizaje, aunque tal vez ni siquiera note cambio alguno,
pasará por tratar de confrontar lo leído/escuchado/observado
con nuestra vida, con nuestros pensamientos, creencias, esquemas...
Es por otro lado la forma que veo más eficaz para evitar el decir que
pensamos de tal forma ... y actuar de forma cuando no opuesta,
al menos muy distinta.



 
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