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General: - Como Viento de Poniente - Adios ANTONIO!
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De: talvez  (message original) Envoyé: 08/02/2010 00:24
 
Evangelio de Lucas
 

Estaba Jesús junto al lago de Genesaret y la multitud se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios.

Y vio dos barcas que estaban a la orilla del lago; los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes.

Entonces, subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que la apartase un poco de tierra. Y, sentado, enseñaba a la multitud desde la barca.

Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón: -Guía mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca.

Simón le contestó: -Maestro, hemos estado bregando durante toda la noche y no hemos pescado nada; pero sobre tu palabra echaré las redes.

Lo hicieron y recogieron gran cantidad de peces. Tantos, que las redes se rompían.

Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que vinieran y les ayudasen. Vinieron, y llenaron las dos barcas, de modo que casi se hundían.

Cuando lo vio Simón Pedro, se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: -Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.

Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos estaban con él, por la gran cantidad de peces que habían pescado.

Lo mismo sucedía a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús le dijo a Simón: -No temas; desde ahora serán hombres los que pescarás.

 

Y ellos, sacando las barcas a tierra, dejadas todas las cosas, le siguieron.

 

 

 

 

 

 

Adios Antonio,

 

Antonio era otro compañero de batalla, alguien que cayó en la red y terminó siendo parte de la red. A su manera. Uno de esos que no se sienten religiosos y que nos da lecciones a los que sí confesamos serlo.

Salió de la cárcel por el artículo 60, para morir, apenas dos meses. Sin embargo la libertad le trajo vida y nunca mejor dicho, catorce años que supo aprovechar para vivir y para dar vida a otros muchos que andaban recorriendo los caminos que él ya dejó atrás.

De vez en cuando nos visitaba durante la celebración y aprovechaba para ejercer las funciones de las que habitualmente se ocupaba su mujer, buscar e ir haciendo funcionar ese aparatejo (hecho de retales) para acompañar con música los momentos especiales de esa reunión comunitaria que cada vez es más profunda, más intensa, más de hermanos.

Hoy el evangelio nos habla de no tirar la toalla. El , que se consideraba no religioso, hablaba con su mujer de lo que allí hablábamos, en la celebración, y otro año, cuando se había leído y comentado este evangelio, le había dicho a ella , para saber si lo había entendido, “.. entonces el colega Chus lo que decía era que no había que tirar la toalla no??”, su mujer  le había contestado “ bueno, pues sí, así se podría entender”, “ ah, pues yo he hecho eso, verdad?, yo no he tirado la toalla”.  Cierto que no, no la tiró ni cuando le daban un mes de vida, él siguió y siguió durante catorce años sin tirar la toalla. Y al final, ésta vez, tampoco la tiró, simplemente había cumplido su ciclo aquí y se despidió con su eterna sonrisa y dejando todo muy organizado, hasta la música que quería escuchar en esta celebración que él sabía haríamos en su memoria.

 

Es un grupo que él admiraba mucho y esta canción con la que iniciamos le retrata de lujo.

 

El se apartó del redil, él nunca fue rebaño pero nunca fue malo más que para sí mismo, y aún éso supo corregirlo sin dejar de estar siempre fuera del rebaño, nunca fue borrego, levantando su voz para defender a los que no tenían fuerza para hablar.

Dios sabrá compensarle. Antonio, no nos olvides, sigue currando desde ahí!!.

 

 

 


 

 

De niño no me gustaban los libros ni las sotanas

si salir en procesión,

eran tan desobediente como el viento de poniente,

revoltoso y juguetón,

 

en vez de mirar pal cielo

me puse a medir el suelo que me tocaba de andar,

y nunca seguí el rebaño,

porque ni el pastor ni el amo eran gente de fiar,

 

como aquel que calla, otorga,

y aunque la ignorancia es sorda,

pude levantar la voz,

más fuerte que los ladríos de los perros consentíos

y que la voz del pastor.

 

empecé haciendo carreras

por atajos y veredas muy estrechas para mí,

y decían mis vecinos

que llevaba mal camino apartado del redil,

 

siempre fuì esa oveja negra

que supo esquivar las piedras que le tiraban a dar,

y entre más pasan los años

más me aparto del rebaño porque no sé a donde va.

 

 

(aislados por el rebaño, somos muchos fuera del redil,

no estás solo Antonio, no estamos solos)



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