«Si en plena faena se os apareciera a vosotras un señor bajito, con barba y gafas, también os pasaría», dice la afectada
Existía ya un debate en los círculos teológicos sobre si el llamado «éxtasis de Santa Hildegarda» no sería más que el fruto de un orgasmo experimentado por esta abadesa del siglo XII. El 10 de junio de este año, las fronteras entre el éxtasis sexual y la experiencia mística acabaron de volar por los aires con el testimonio de Marisa Mongozo, vecina de Cerdanyola del Vallès (Barcelona). Ese día, sábado, a las 10.15 a.m., Marisa, agnóstica de 33 años (edad significativa, por cierto), se hallaba en la cama con su pareja, en pleno pase matinal. Al final de la escalada hacia lo que ella describe como «uno de los orgasmos más acojonantes que he experimentado», fruto del uso combinado de un vibrador con una postura sólo al alcance de jugadores profesionales de Twister, Marisa vio una inmensa luz blanca a través de sus ojos cerrados. Y entonces ocurrió: «Al mismo tiempo que mi clítoris estallaba como un géiser rociando las estrellas de un firmamento multicolor, vi claramente la figura de un hombre, más bien bajo y rechoncho, calvo y con barba, pero no barba de Santa Claus, sino de diputado por Cádiz, mirándome con mal disimulado asombro a través de sus gafas de culo de vaso.»
Aquel hombrecillo ha resultado ser Dios: así lo han concluido varios expertos, tras comparar el relato de Marisa con los de varios místicos medievales; y lo confirman las palabras del mismo Creador, que, para excusarse por su intromisión en un momento tan íntimo, le dijo a la afectada: «Soy Dios. Voy a demostrártelo: la combinación ganadora de la Primitiva de esta semana será 4, 7, 15, 30, 40, 42 y complementario el 6» (Falló dos, pero, vaya, cuatro aciertos y el complementario ya es para tomarle en serio). Marisa, sin embargo, se ha mostrado indignada: «Dios o no Dios, no hay derecho a que te arruinen un orgasmo de este calibre. ¡Que se le aparezca a otro, que yo soy agnóstica!», declara. Al indicársele que un agnóstico, por definición, no niega la existencia de Dios, añadió: «Bueno, pues me interesa más el follar que la filosofía. ¿Pasa algo?»