Yo soy una creación de Dios que expresa las cualidades del Espíritu.
El Diccionario de la Real Academia define la palabra “evolucionar” como “mudar de actitud, de conducta o de propósito”. En cada persona existe un diseño para el bienestar, la sabiduría, el gozo, el éxito y la abundancia. Un aspecto de este diseño es el ímpetu para ser más.
Como creación de Dios, mi naturaleza es cambiar y crecer según mi diseño divino. Evoluciono tanto de manera humana como espiritual. Para mejorar mi vida, primero debo reconocer mi identidad espiritual. A medida que crezco espiritualmente, entro en contacto con mi esencia verdadera. Me siento honrado por poder expresar las cualidades del Espíritu y agradecido por compartir mis dones con el mundo.
Y es que la tierra da fruto por sí misma: primero sale una hierba, luego la espiga, y después el grano se llena en la espiga.—Marcos 4:28
Practico principios espirituales para crear una vida centrada divinamente.
Me esfuerzo por vivir partiendo de mis valores y creencias espirituales. Incluso si no pertenezco a una comunidad de adoración, puedo practicar la Verdad que conozco.
Mis pensamientos proveen la base para alinear mi mente con el espíritu en mí. Vivo basado en los principios y enseñanzas de mi fe. Luego, me aseguro de reflejarlos en mis pensamientos y acciones según interacciono con las personas y en las situaciones a mi alrededor. Trato a los demás con amor y amabilidad partiendo de un lugar de honestidad, generosidad y perdón. Determino vivir basado en mi Verdad espiritual, afianzado a Dios con todo mi ser. Practico principios espirituales para crear una vida centrada divinamente.
El Señor te ha dado a conocer lo que es bueno, y lo que él espera de ti.—Miqueas 6:8
La historia de mi vida está en continuo desenvolvimiento. A veces, puede sentirse como un drama, una comedia, un romance o una tragedia. Sin importar el género de mi situación actual, reconozco que soy el autor de la historia de mi vida. Si me encuentro reviviendo la misma narrativa una y otra vez, puedo elegir editar el libreto.
Evalúo mis experiencias alejándome mentalmente del drama humano. En su lugar, visualizo escribir un título de autoayuda. Edito y elimino cualquier creencia o pensamiento que no sirva a mi crecimiento y poder espiritual. Afirmo que yo soy un ser poderoso creado a imagen y semejanza de Dios. La historia de mi vida es un relato edificante para la gloria de Dios.
Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es un miembro con una función particular.—1 Corintios 12:27