Tal como prometió ha vuelto el rey de Ítaca. Ha sido un largo viaje. Por ti desafié la ira de los dioses. Atrás quedaron tierras, caricias de otros brazos. La música más bella que un mortal escuchara.
Hoy brilla el mismo sol en este hermoso cielo que iluminó violento los días de mi dicha. Bajo él vi muchachos que luego fueron hombres. —Ambición y codicia cambiaron sus miradas como cambian al mar el viento y las tormentas.— Y aunque rogué a los dioses no ver esta mañana de nada me ha servido.
Cumplido he mi destino: de mi astucia y mi fuerza guardarán fiel recuerdo los hombres y los mares. Todo valió la pena pues me esperaba Ítaca. Mas Ítaca eras tú, mi prudente Penélope que guardaste mi casa, defendiste mi hacienda. Quien osó despojarnos lo pagó con la vida.
Al igual que esta tierra he sido sólo un sueño. Demoré cuanto pude tu estancia lejos de ella. Yo fui Circe, Nausícaa... Ítaca no existió. Tu vuelta me condena al reino de las sombras.
Muertos los pretendientes ya todo es como antes. Nada importa si el tiempo dejó huella en tu rostro: para mí serás siempre aquella que me espera, tejiendo mi regreso.
¿Los pretendientes, dices?... Soy demasiado vieja. Casi no te recuerdo y nunca esperé a un héroe. Sí, mi nombre es Penélope.