
Álvaro Menén Desleal
Recetas a una vieja burguesa
para que sea feliz del todo
Sepulta cuidadosamente las páginas insólitas de viejos cascarrabias como Marx, el gran culpable;
destruye hoja por hoja los versos de Rambaud, joven durazno con vicios milenarios, y quiebra ojo por ojo a todo Baudelaire, harapo brujo, alcohol mistificado, viejo corozo de durazno con vicios renovados;
escupe por las rejas de la cárcel en que moran, empotrados en sus huesos, algunos jóvenes poetas. vigila que el guardián ponga las llaves y agrega siete que te sean de confianza;
espulga el Nuevo Testamento y abomina del Antiguo, cargados de puercas porquerías para lapidar perezosos; de pechos como paloma para reyes lúbricos y junturas de muslos como goznes labrados de mano maestra;
compra galas chillonas sedosas suntuosas para halagar al gazmoño;
lávate cada hora, refriégate de alcohol, pues el talento, con todo y no ser contagioso, podría afectarte de ictericia;
castiga tu pensamiento sin pausa ni misericordia, si es que puedes pensar y si te sobra alguna misericordia.
clávate las uñas en la carne cuando veas el amor adolescente;
(desde luego, te prevengo contra mi persona);
pero, sobre todo, enciende hogueras altas relucientes pulidas pendencieras piras funerarias para quemar, quemarnos;
verás entonces, varicosa, que todo es más tranquilo. y más tuyo. al fin y al cabo Dios te hizo cortada a su medida.


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