Diario vivir
Recibir para dar.
Es en la oración que recibimos gracias de Dios, que luego tenemos que distribuir a los hermanos a través del apostolado. ¡Ay del que es avaro y atesora solo para él y se cree dueño de los dones y bienes que el Señor le confía!
En estos tiempos en que las almas sufren una gran penuria de la Palabra de Dios y del alimento espiritual, es necesario que recemos más, especialmente el Santo Rosario, para recibir muchas gracias de Dios y comunicarlas a nuestros prójimos, cercanos y lejanos.
Los Apóstoles rezaban pero también hacían apostolado. Y lo mismo debemos hacer nosotros también: vida contemplativa y activa. De lo que contemplamos en la oración, debemos salir a anunciarlo a todo el mundo.
Pero si no rezamos, entonces no solo no tendremos nada para dar a los demás, sino que nos quedaremos nosotros mismos con las manos vacías, y en el día del Juicio seremos encontrados faltos de méritos.
Hay que pedirle mucho a Dios, porque Él quiere dar mucho. A Dios le es más difícil dar poco que dar mucho, porque Él es infinito y no puede ponerse límites pequeños, sino que Él nos quiere dar TODO para que nosotros lo demos también todo a los demás por amor a Dios.
Tenemos que ser magnánimos, pedir mucho para salir a evangelizar al mundo entero. Pero para eso debemos estar convencidos, y no hay mejor forma de convencerse y de creer con firmeza, que rezar. Porque si no rezamos no obtendremos ni para los demás, ni siquiera lo mínimo indispensable para nosotros mismos, y terminaremos condenándonos en el abismo de fuego.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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