Orar, no significa acordarnos de la presencia de Dios en los momentos
difíciles para luego que hemos encontrado la Luz que nos regala,simplemente
olvidarnos de su existencia.
No decaigas, sigue orando...... siempre.
La oración no solo es para pedir, sino y por sobretodo para alabar,bendecir
y agradecer los miles de milagros que ocurren cada día en nuestras vidas.
A veces no nos percatamos de ellos.
Hay que tener siempre abiertos los ojos y los oídos del corazón.
Desde allí, se le escucha y se le ve, se le percibe y se le ama.
La fe unida a la oración produce el encuentro y cercanía, el abrazo cálido
de Cristo Jesús y el sentimiento maravilloso de sentirnos cobijados dejándonos
amar por Él.
La oración no solo debe ser personal, sino también comunitaria,como asamblea
cristiana junto a nuestros hermanos en Cristo.
Realizamos una especial oración al meditar la Palabra de Dios en el Evangelio
y al reflexionar la maravilla de los Salmos.
Cuaquiera sea tu forma de hacer oración,no olvides hacer de ella una forma de
vida. Ora en cualquier lugar, en cualquier situación y en todo momento.
Agradece, bendice y alaba a Dios, y tu vida y la de muchas personas ha de
transformarse y tu alma habrá avanzado un paso más hacia el cielo.