El Creador rehúsa ejercer coerción o imponer la sumisión al libre albedrío espiritual de sus criaturas materiales.
El Libro de Urantia.
Los seres humanos cada día hacemos menos uso de ese don maravilloso que nuestro Creador nos ha dado y que es el libre albedrío, porque él significa que tomamos nuestras decisiones por la propia voluntad y conscientes de ello, desgraciadamente es lo que menos hacemos, porque en nuestro estado de sonambulismo espiritual, obedecemos muchas veces ciegamente los mandatos que la publicidad y el consumismo desatado, nos dicen que decir, que escuchar y que comprar. Hoy en día todo está hecho para la masa, no para las Personas con individualidad propia y poder de decisión.
Hasta la religión es masiva y nuestras reacciones ante ellas poco tienen de libre albedrío, porque si lo tuvieran nuestros frutos del espíritu serían mucho más fructíferos, porque no nos limitaríamos a conocer la religión y a cumplir con ciertos ritos impuestos, sino que seríamos capaces de vivir nuestra fe y nuestra espiritualidad en nuestra vida cotidiana.
"El libre albedrío del hombre en evolución no es sólo un simple concepto filosófico o un ideal simbólico pues la habilidad del hombre para elegir entre el bien y el mal, es una realidad del universo.615 que deberíamos acostumbrarnos a usar con propiedad ya que sólo las decisiones y las acciones que hayamos hecho en esta vida por nuestra propia voluntad y con conciencia, serán las que nos servirán como herencia en la eternidad.
La libertad de tomar decisiones es tan importante, que ni siquiera Dios, ni su Espíritu residente en nosotros intentan violarla, por eso la salvación siempre será un asunto netamente personal y volitivo."De este modo, el espíritu de la divinidad se vuelve humildemente obediente a la elección de la criatura."150 porque " las fuerzas del mundo espiritual no obligan al hombre, le permiten tomar el camino de su elección" 1802
Este mismo respeto que Dios tiene hacia nuestro libre albedrío, deberíamos tener nosotros para con nuestros hermanos, a quienes coartamos su libertad cada vez que los obligamos a hacer nuestra voluntad y no la de ellos. Esta coerción es tanto emocional como física, siendo la emocional la más sutil y también la más perjudicial porque estamos presionando la esencia misma de la otra persona.
Para ejercer el libre albedrío, precisamos tener una conciencia despierta, porque tenemos que reconocer que muchas veces ni siquiera nosotros sabemos íntimamente lo que realmente QUEREMOS y por tanto, en que está involucrada nuestra voluntad, porque si no existen estos elementos catalizadores, el libre albedrío se convierte fácilmente en libertinaje o en esclavitud hacia nuestros humanos.
yolanda silva solano