La conmemoración de la vida de Martin Luther King, promotor de paz y de valores como la no-violencia, tolerancia, compasión y justicia; ocurre a poco más de una semana de la masacre de Tucson, Arizona. Este hecho, que ha causado revuelo en el suelo americano, obliga una vez más a la introspección pues las víctimas son en ambos lados: los muertos en uno, el discurso americano en el otro.
Tras la masacre, la nación se ha postrado y llora a sus niños, jóvenes y adultos que cayeron en una acción sin sentido ---según el mejor entender de muchos--- que segó la vida y producción de gente que prometía beneficio para la nación. Que el pueblo llore a sus muertos tiene sentido, pero resulta paradójico ver a las esferas políticas apenarse de manera singular mientras por otro lado se alimenta la idea de poseer armas, según lo provee una Constitución que fue escrita hace más de dos siglos atrás, cuando las condiciones de vida eran diferentes.
Desde el punto de vista de la psicología, la posesión de armas esa ligada a dos sentimientos incompatibles: poder y miedo. La posesión de armas crea sociedades militares, enfermas de guerrear cuando el virus de la intolerancia fluye por las venas. En el suelo americano existe el derecho a poseer armas al estilo John Wayne y esto provoca que los enajenados tengan vía libre para comprar una pistola tan cándidamente como se compraría una flor; y así, poseer armas ha creado una espiral infinita donde el que no lo hace es el que está mal. Otros países no tienen el problema monumental que hay en el suelo americano, aun cuando no están exentos, donde las matanzas por enajenados pueden ocurrir en el momento menos esperado y en el lugar no imaginado.
Qué ocurriría en una sociedad sin gente armada? Sin armas en circulación? Una sociedad donde solo el ejército tuviera el “derecho” a poseerlas. Imagino que las estadísticas de asesinatos serian otras, nuestra salud mental y calidad de vida mejorarían substancialmente. Qué ocurriría en una sociedad donde el amor fuera nuestra verdadera protección, nuestra arma-dura…?
No nos alimentemos con aguas turbias y amargas, nuestros días llaman a la aclaración de la personalidad y a decir adiós a las armas.