Llegarán muchas pruebas, y en ellas, nuestro Verdadero Ser, –que se encuentra en nuestro propio corazón y que se manifiesta en nosotros a través de los más puros sentimientos- debe estar sereno y firme. Suprema bienaventuranza inundará el corazón de aquellos que se rindan a la luz –es decir, aquellos en cuyas vidas sólo cultiven pensamientos, sentimientos, acciones de amor, paz, optimismo, alegría y servicio a toda forma de vida-. La Nueva Tierra se aproxima. En ella, se realizará mucho de lo que hoy es imposible. El trabajo orientado espiritualmente madura la conciencia del individuo colocándola en la actitud justa para cada situación.
El Servicio a Dios, a la Vida, al Planeta, se realiza, además de con la oración, mediante la divinización de la vida material que consiste simplemente en vivir el amor practicándolo, pensando, sintiendo y accionando para el bien propio y de toda forma de vida, sean personas conocidas o desconocidas, plantas, animales o cosas materiales. Lo esencial es vivir en gratitud por todo lo que nos toca vivir, aceptando las cosas como vienen, dejando las cosas en manos de Dios –que ya sabemos muy bien que existe en los corazones de todos los Seres Humanos- y actuando en humildad, amor, armonía, respeto y prudencia en cada momento de nuestro diario vivir, la respuesta exacta a cada desafío que la vida nos coloca delante- es necesario la HUMILDAD que genera la PAZ, para que en soledad y en silencio aparezcan la VERDAD y el AMOR en nosotros junto a la respuesta que estamos buscando para nuestra situación a resolver. En el camino espiritual no hay guarida para la tristeza.
La verdadera alegría nace de avanzar según los dictámenes del Creador –es decir del Dios que existe en nosotros y que nos pertenece por ser sus Hijos-. Hacer en nuestras vidas lo más puro que nace de nuestro corazón, es lo que nos hará verdaderamente felices y realizados. Nada que busquemos fuera de nosotros, por más lujoso o bello que parezca puede darnos la verdadera Paz y Felicidad que solo hallaremos encontrándonos a nosotros mismos, -es decir encontrando ese maravilloso ser que existe en nosotros y que lo poseemos desde siempre-.
Y es sumamente importante, tener presente en cada momento que: la Fe sin obras es muerta
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