La gran mayoría de las personas creen o piensan que las leyes divinas son injustas
por adjudicarles un destino poco cómodo o benefactor, se sienten frustradas y
luchan contra viento y marea con tal de obtener seguridad y toda una serie de
objetivos fáciles, pero sólo las mentes superficiales actúan así y sólo para esas
mentes cualquier problema se hace mucho más grande.
Cuando no hay
actividad interna cualquier dificultad parece imposible de superar y eso es
por falta de interés profundo que es el que trae el entusiasmo necesario
para la actividad interna.
Lo cierto es que el verdadero aspirante espiritual
no lucha por forzar su destino y menos por alterar las circunstancias objetivas
porque sabe que son el campo experimental y de expresión de cada uno de
nosotros.
Cuando hay entusiasmo y profundo interés, los cambios objetivos
(si los hubiere) se producirían o advertirían de una forma lenta y armónica,
lo que facilita el trabajo al aspirante espiritual, el cual, se adaptará a cualquier
circunstancia puesto que en su interior hay paz y armonía.
Pero, cuidado,
no estamos hablando de interés sobre algo personal en particular puesto
que eso es superficial y crea apego emocional y mental, es el estado de puro
y profundo interés al que nos estamos refiriendo puesto que éste es
la base del entusiasmo.