Cuando atravesamos el dolor de una pérdida, usualmente nos cerramos, encontramos una forma de escapar,
o nos volvemos tan insensibles que el mundo deja de existir para de nosotros.
La lección espiritual es sentir el dolor y la aflicción, pero no permitir que nos conviertan en victimas.
Sé que puede sentirse casi imposible de hacer en nuestras horas más oscuras, pero te sorprenderá cómo el
más pequeño de los esfuerzos puede traer gran Luz dentro de tanta oscuridad.