DIOS Y LA VIDA
Cuando pensamos quién nos dio la vida,
qué es todo lo que vemos y no vemos,
hacia dónde vamos y quienes somos,
a veces pensamos y otras creemos
que hay vida y muerte y desaparecemos.
Y, otras veces, cuando sentimos profundamente
que a nuestro corazón le seduce el cielo,
sentimos que un Ser especial y Divino
nos ama y nos creó con Su propio velo.
Están aquéllos con fe cierta
en dogmas y fe de otros hombres,
en documentos y escrituras de antaño,
en tradiciones y culturas,
que caminan en sectas o religiones abiertas,
pensando en la profundidad de ese cielo enorme.
O están esos cuya fe
camina con la libre creencia
de amar todo lo que sienten y ven,
lo que experimentan,
lo que perciben e intuyen,
agradeciendo a Dios su constante existencia.
Y aquéllos que creen que todo termina,
que todo aquello que hacen y desarrollan
o aquello que aman, agradecen y perdonan
acaba al final de su corta vida.
Cada ser humano que ama su libertad,
está abierto al conocimiento de la Vida,
camina con su fuerza y conocimiento,
valor y riesgo,
discernimiento,
y su sentimiento más bello.
Qué esperanzadora creencia
en que ese Ser tan puro
haya hecho un perfecto Universo,
y haya consagrado nuestra existencia
a disfrutar de su Corazón Silencioso.
Es tan bella Su idea,
tan grande Su manifestación,
tan importante Su sueño,
que todo Su amor e inteligencia
crezca en nuestro camino como hombres.
Que nuestra mente, nuestro corazón,
nuestra esencia,
tenga la Grandeza de llevar Su nombre.