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LIBR. DE URANTIA: Bajo el dominio del Padre
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Respuesta  Mensaje 1 de 1 en el tema 
De: leozarrua  (Mensaje original) Enviado: 27/06/2013 21:56
LA FAMILIA BAJO EL DOMINIO DEL PADRE

     Aunque puede ser que el instinto maternal condujo a la mujer al matrimonio, fue sin embargo la fuerza superior del hombre, juntamente con la influencia de las costumbres, la que virtualmente la obligó a permanecer en él. La vida pastoral tendió a crear un nuevo sistema de costumbres, el tipo patriarcal de vida familiar; la base de la unidad familiar bajo las primitivas costumbres pastoriles y agrícolas fue la autoridad incuestionable y arbitraria del padre. Toda sociedad, tanto nacional como familiar, pasó por la etapa de la autoridad autocrática de tipo patriarcal.

La escasa cortesía hacia las mujeres durante la era del Antiguo Testamento es un reflejo auténtico de las costumbres de los pastores. Los patriarcas hebreos eran todos ellos pastores, tal como se demuestra por el dicho, «El Señor es mi pastor».

     Pero el hombre no tuvo más culpa de su poco respeto por la mujer durante las eras pasadas que la mujer misma. Ella no consiguió obtener reconocimiento social durante los tiempos primitivos porque no supo funcionar en los momentos difíciles; no fue una heroína espectacular ni supo manejar las crisis. La maternidad era una desventaja clara en la lucha por la existencia; el amor materno limitó a la mujer en las actividades de defensa de la tribu.

     Las mujeres primitivas también crearon inintencionalmente su propia dependencia del hombre, a través de la admiración y aplauso que manifestaban por su pugnacidad y virilidad. Esta exaltación del guerrero elevó el ego del hombre, mientras que al mismo tiempo deprimió de igual manera el de la mujer y la tornó más dependiente; el uniforme militar aún atrae poderosamente las emociones femeninas.

     Entre las razas más adelantadas, las mujeres no son tan robustas ni tan fuertes como los hombres. La mujer, siendo la más débil, por consiguiente se tornó más discreta; muy pronto aprendió a utilizar sus encantos sexuales. Se tornó más alerta y conservadora que el hombre, aunque ligeramente menos profunda. El hombre era superior a la mujer en el campo de batalla y en la caza; pero en el hogar la mujer generalmente ha dominado aun al más primitivo de los hombres.

     El pastor buscaba sustento en su rebaño, pero durante estas eras pastorales la mujer era quien proveía los vegetales. El hombre primitivo despreciaba la tierra; era trabajo demasiado pacífico, sin aventura. También existía una antigua superstición de que las mujeres podían hacer crecer mejor las plantas; eran madres. En muchas tribus atrasadas aún hoy día, el hombre cocina la carne, la mujer, los vegetales, y cuando las tribus primitivas de Australia se trasladan de un lado al otro, las mujeres jamás cazan mientras que el hombre no se encorva a desenterrar una raíz.

     Las mujeres siempre han tenido que trabajar; por lo menos hasta los tiempos modernos la mujer ha sido una verdadera productora. El hombre usualmente ha elegido el camino más fácil, y esta desigualdad ha existido a lo largo de la historia de la raza humana. La mujer ha sido siempre la bestia de carga, ocupándose de las propiedades de la familia y atendiendo a los hijos, para que el hombre tuviera las manos libres para guerrear o cazar.

     La primera liberación de la mujer sobrevino cuando el hombre asintió a trabajar la tierra, se decidió a hacer lo que hasta ese momento había sido considerado tarea de mujer. Fue un gran paso hacia adelante cuando los cautivos masculinos ya no fueron asesinados sino que se los esclavizó para que trabajaran como agricultores. Esto trajo la liberación de la mujer, que pudo así dedicar más tiempo al hogar y a la puericultura.

     La provisión de leche para los pequeños llevó a un destete más precoz de los bebés, y por consiguiente a engendrar más niños porque las madres de esta manera eran aliviadas de su esterilidad temporal, mientras que el uso de la leche de vaca y de cabra redujo considerablemente la mortalidad infantil. Antes de la era pastoril de la sociedad, las madres solían amamantar a sus hijos hasta los cuatro o cinco años.

     La disminución de la frecuencia de las guerras primitivas disminuyó grandemente la disparidad entre la división del trabajo basada en el sexo. Pero las mujeres seguían teniendo que hacer el verdadero trabajo mientras que los hombres hacían trabajo de centinela. No se podía dejar un campamento o aldea sin vigilancia ni de día ni de noche, pero aun esta tarea fue aliviada por la domesticación del perro. En general, el advenimiento de la agricultura aumentó el prestigio y la posición social de la mujer; por lo menos esto ocurrió hasta el momento en que el hombre mismo se volvió agricultor. En cuanto el hombre se propuso trabajar la tierra, hubo inmediatamente una gran mejora en los métodos agrícolas, que fue trasmitida a las generaciones sucesivas. En la caza y en la guerra el hombre había aprendido el valor de la organización e introdujo estas técnicas en la industria y más adelante, cuando heredó la mayor parte del trabajo de la mujer, mejoró considerablemente los métodos sueltos de trabajo de ésta.



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