Cuando los hijos se van
Cuando los hijos se van se muere parte del alma, se reza todos los días y se hace con la esperanza de que cualquier día vuelvan, regresen de nuevo a casa.
Cuando los hijos se van cerramos bien una caja para que no se evaporen, para que no se nos vayan, los momentos ya vividos y un ramito de esperanzas.
Cuando los hijos se van para empezar su camino, nos queda la soledad de recordarlos dormidos.
Cuando los hijos se van una lágrima se escapa, se muere alguna ilusión, se desborda la añoranza; se nos rompe el corazón: nos roban parte del alma.
Cuando los hijos se van pensamos, no sin nostalgia, lo distinto que fue todo a como uno lo esperaba; repasamos el camino y una ligera esperanza, nos dice: "No tengas miedo" que el tiempo todo lo cambia".
Cuando los hijos se van caminando hacia la vida, nos queda la realidad de soledad compartida.
Cuando los hijos se van creemos que no hay justicia, vemos que se nos escapan unos años de la vida; el tiempo no ha de borrar el dolor de su partida.
Cuando los hijos se van... caminando hacia la vida, tememos, no sin razón, que a ésa paloma perdida se le cierre el corazón cualquiera noche de un día, dejando, como dejó, aquí dos vidas vacías.
a/d
Mabel
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