REFLEXIÓN VIERNES 12 DE SEPTIEMBRE DE 2014.
“Escucha, oh Dios, mis palabras; considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré.” Salmo 5:1-2.
Muchas son las veces que sentimos la necesidad de abrir nuestros corazones y compartir nuestras inquietudes y aflicciones con alguien. Pero, en un mundo que se mueve a gran velocidad, en una sociedad invadida por el egoísmo, es muy difícil encontrar quien se desconecte de sus propios afanes para mostrar interés y concedernos parte de su tiempo para escucharnos.
Pero lo más asombroso que nos puede suceder es que mientras los hombres no tienen tiempo ni disposición para escucharnos, el Dios Todopoderoso que controla cielos y tierra, no solo está dispuesto a escucharnos, sino que desea hacerlo y esto es porque nos ama. Algunos se preguntan: ¿Escuchará Dios quien está tan lejos y en una posición infinitamente alta? “Escucha, oh Dios, mis palabras; considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré.” Salmo 5:1-2.
Decía un profesor a su alumno: Puedes, en un momento dado, olvidarte de los versículos Bíblicos que has aprendido, pero lo que no puedes olvidar nunca es que “Dios te ama, te ve y te escucha.” Cada vez que con corazón sincero y arrepentido te acercas a Él. “A El clamé con mi boca, y fue exaltado con mi lengua”…Más ciertamente me escucho Dios; atendió a la voz de mi súplica.” Salmo 66:17, 19.
Si Dios nos escucha, llevemos con toda confianza todas nuestras cargas y dejémoslas a sus pies. Parece insensato, pero muchos llevan sus cargas al Señor, pero no las dejan allí, sino que las vuelven a traer consigo, quedando con la misma angustia y pesar que les afligía antes de orar. ¿Dejaste hoy tus cargas a los pies del Señor Jesús?
ORACIÓN
“Soberano Dios y Padre Celestial: ”Clama el justo y tu oyes y le libras de todos sus temores. A ti clamé y me libraste de todas mis angustias. Tus ojos están sobre los justos y atentos tus oídos al clamor de ellos. Antes de que a ti clame, ya tú conoces mi gemir. Bendito seas, oh Dios, que no echas de sí mi oración, ni de mí su misericordia. Sea tu poderoso nombre exaltado y glorificado, por los siglos de los siglos, en el poderoso nombre de tu amado Hijo Jesucristo, mi Señor y mi Salvador. “Amén y Amén.
-FELIZ FIN DE SEMANA-
ARBEY SERNA ORTIZ