¿Por dónde va el camino a la habitación de la
luz, y dónde está el lugar de las tinieblas? Job
38:19
Confundidos, mareados,
perdidos, asustados.
Así nos topamos con cientos de
personas cada día. Sus rostros apagados, sus miradas perdidas. Han pasado los
años y no saben, realmente no saben ya hacia dónde ir.
·
Aquello que atesoraron, aquello que parecía ser
muy importante y que podía significar un reaseguro para el futuro… simplemente
se apagó, se gastó, se fue.
·
La vida, la salud, bien tan preciado, de un
momento al otro se quebrantó y ahora ninguna precaución parece haber sido
suficiente.
·
Aquellas personas con las que habían intentado
construir un presente de afecto ya no están.
El tiempo parece llevárselo
todo. Las personas, las cosas materiales, los animales, las flores, la salud,
la juventud, terminan desapareciendo… esa es la regla.
Llega un punto en que muchos
se preguntan: ¿y ahora qué? ¿Para qué tanto esfuerzo? ¿Dónde está aquel o
aquello que parecía importante?...
¿Dónde aferrarse? ¿cuál es el
sostén suficientemente sólido que no se corroerá con el paso inexorable del
tiempo?
Algunos simplemente intentan
tapar estas angustiosas preguntas con exceso de trabajo, con búsqueda de
placeres cada vez más exóticos, con alcohol o sustancias adictivas, comiendo y
poniendo en el centro de su vida los alimentos, con conductas obsesivas como
limpiar la casa o el auto varias veces al día… pero nada llena finalmente.
El psiquiatra Viktor Frankl,
autor de numerosos libros y creador de la Logoterapia, llamada “tercer
corriente psicoanalítica de Viena”, escribió:
“En realidad hoy no nos enfrentamos ya, como en los tiempos de Freud con
una frustración sexual, sino con una frustración existencial. El paciente
típico de nuestros días no sufre tanto, como en los tiempos de Adler, bajo un
complejo de inferioridad, sino bajo un
abismal complejo de falta de sentido, acompañado de un sentimiento de
vacío, razón por la que me inclino a hablar de un vacío existencial”
Vacío de la existencia. Se va
haciendo a cada momento más insoportable de tolerar. Algunos simplemente
terminan quitándose la vida para terminar con eso.
Por experiencia propia puedo
decir que Dios no deja sin respuestas a preguntas tan profundas. Él provee la
única forma de llenar ese vacío en el alma. Dos judíos que vivieron distantes
3000 años entre sí llegaron a esa conclusión. El rey Salomón (Eclesiastés 1000
A. de C.) y Viktor Frankl (1905-1997 D. de C.). Ambos pensaron que el único
sentido válido para la existencia era trascenderse a sí mismo y buscar a Dios
con toda nuestra fuerza física, con toda nuestra alma, con la integridad de
nuestro espíritu.
Jesús nos dice que los que
viven sin Dios y rehúsan a creer en Él van directamente hacia una terrible
eternidad, simbolizada varias veces como “las
tinieblas de afuera” (Mateo 8:12; 22:13; 25:30).
Jesús se identificó a sí mismo
como “el camino, la verdad y la vida”.
Nadie irá al Padre sino a través de Él.
Y en esto no hay términos medios.
Otro conocido médico
psiquiatra del siglo XX, Carl Jung, hijo de un pastor luterano, escribió que
“conocer la propia oscuridad es el mejor método para tratar con la
oscuridad de los demás”.
Alrededor nuestro hay miles de
personas tan confundidas que ya ni siquiera reconocen hacia dónde está la luz y
hacia dónde la oscuridad. Este siglo los confunde con sus engaños, falsas
doctrinas y placebos.
Dios es un Padre amoroso y
Camino hacia una vida plena. Quiere que las personas dejemos nuestro mal camino
y lo sigamos (Ezequiel 18:23). La vida que Él nos propone es un espacio
espiritual donde la oscuridad de la noche del alma habrá desaparecido.
Tenemos que trabajar nuestra
oscuridad, reconocer sus límites, bucear las profundidades de nuestras propias
angustias y resolverlas en Cristo, para poder llevar esa luz a los que nos
rodean. Tenemos el mensaje que debemos anunciar. Tenemos las respuestas que las
personas no encuentran.
Job, con quien empecé esta
reflexión, es también quien ofrece un cierre para ella. Tenemos que ofrecer
nuestro mensaje, convencidos de que si la persona acepta a Jesucristo:
Dios redimirá su alma para que no pase al
sepulcro, y su vida se verá en luz.
(Job 33:28)
Dios te bendiga.
HÉCTOR SPACCAROTELLA
(tiempodevocional@hotmail.com)