La vida, una marcha por el desierto
"Di a los israelitas que se pongan en marcha..." (Ex 14,15)
En la tercera lectura de la Vigilia pascual se proclama uno de los acontecimientos más prodigiosos de aquella epopeya de la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto. La Iglesia lo recuerda, lo revive por así decir en la noche en que celebra la resurrección de Cristo, el triunfo de la luz sobre las tinieblas.
También en la noche del desierto brillaba la nube y daba calor a quienes, fiados de Dios, habían emprendido una ruta difícil y en extremo peligrosa.
Destaca la simbología del agua que, en este pasaje, se abre en ancho camino para que pasen los hebreos, mientras que se acumula tumultuosa sobre los enemigos del pueblo elegido. Era el inicio de la marcha por el desierto, la prueba de que Dios les protegería en aquella larga caminata... Todo aquello les sucedía a ellos para que nosotros aprendiéramos, para que comprendiéramos que en nuestro camino siempre estará a nuestro lado el Señor.
DE LA RED.
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