Un Programa humanitario al servicio de los afectados por la tragedia de Chernóbil
Cuando desde todos los medios de comunicación dominados por las burguesías imperialistas arrecian virulentamente las campañas mediáticas en contra del gobierno cubano, en el admirable país caribeño han estado celebrando estos días un acontecimiento humanitario e internacionalista que ha pasado completamente desapercibido para la prensa burguesa: el vigésimo aniversario de la puesta en marcha del conocido como “Programa Cubano de Atención a niños víctimas del accidente de Chernóbil”.
Se trata, ni más ni menos, que de un programa humanitario, que Cuba desarrolla desde hace veinte años, a través del cual se ha brindado asistencia médica gratuita a más de 25 mil pacientes de Ucrania, Bielorrusia, Rusia, Armenia, Moldavia, afectados por la conocida tragedia nuclear de Chernóbil, además de a algunas víctimas de una explosión similar ocurrida en Brasil.
Caracterizado por su carácter humanitario y gratuito, el programa está basado en la atención médica integral, e incluye rehabilitación psicológica, alimentación balanceada, así como actividades culturales, todo ello al servicio de unos pacientes que son tratados por los médicos cubanos, según reconocen los propios afectados, como si fuesen parte de su propia familia.
El proyecto funciona mediante convenio entre los Ministerios de Salud de ambos países, así como la participación del Fondo Internacional de Chernobyl, una organización no gubernamental ucraniana que calcula en 350 millones de dólares los gastos cubanos, sólo en medicamentos. Ucrania se encarga del transporte, en tanto la estadía y los servicios médicos prestados en territorio cubano corren por cuenta de los anfitriones.
Las enfermedades más frecuentes que han sido tratadas por los médicos responsables de este programa humanitarios son el cáncer de tiroides, leucemia, atrofia muscular, trastornos psicológicos y neurológicos, además de dolencias dermatológicas que no se curan en Ucrania, como vitíligo, psoriasis y alopecia.
El programa, además de su vertiente humanitaria, ha tenido también un extraordinario impacto científico. La contribución de los técnicos, médicos e investigadores cubanos constituye un importante aporte de investigación a toda la comunidad científica. Durante todos estos años el Ministerio de Salud pública de Cuba ha logrado reunir un extenso banco de datos sobre la contaminación interna, externa y en tiroides por el CS-137, la sustancia radiactiva del accidente de Chernóbil. Los resultados de estos análisis científicos fueron entregados al Organismo Internacional de Energía Atómica (OTEA) y al Comité de la ONU para el Estudio de los Efectos de las Radiaciones Atómicas (UNSCEAR).
Por todo ello, el programa fue propuesto en el año 2007 para el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, un premio que, evidentemente, no obtuvo (faltaría más).
Una tragedia cuyos efectos perdurarán durante varias generaciones
En la madrugada del 26 de abril de 1986, en el reactor número cuatro de la central de Chernóbil, en Ucrania, se produjo el mayor accidente de la historia nuclear. Los efectos de la radiactividad superaron todas las previsiones y la verdadera magnitud de los daños son todavía imprecisos. En este suceso al menos nueve millones de soviéticos quedaron contaminados por la nube radiactiva que cubrió Ucrania, Bielorrusia, Rusia y otros países de Europa. Miles de personas de Ucrania, Rusia y Bielorrusia, las repúblicas ex soviéticas más afectadas, murieron desde entonces y millones se contaminaron por la lluvia de isótopos radiactivos. Sin embargo, la tragedia no se ha cerrado: las secuelas de la catástrofe perdurarán durante varias generaciones.
Una de las consecuencias de la catástrofe de Chernóbil fue la absorción por el organismo de cientos de miles de personas de grandes cantidades de yodo-131. El yodo-131, aunque tiene una vida corta, se acumula en la glándula tiroides, causando hipertiroidismo y cáncer, sobre todo en los niños. Según la OMS ya en 1995 el cáncer de tiroides en Bielorrusia era 285 veces más frecuente que antes de la catástrofe, y las enfermedades de todo tipo en Ucrania eran un 30% superior a lo normal, debido al debilitamiento del sistema inmunológico causado por las radiaciones.
Para el año 2006, Valeri Tereshenko, subdirector del hospital que forma parte del Instituto de Endocrinología y Metabolismo de Kiev, afirmaba que «todos los niños y adolescentes que vivían en el entorno de Chernóbil cuando el accidente, es decir que recibieron dosis de yodo radiactivo, han desarrollado ya un cáncer de tiroides o puede que les surja en los próximos diez años».
En este contexto, el ex presidente derechista de Ucrania, Víctor Yúschenko, pedía en el año 2008 la ayuda de todos los países de la comunidad internacional para poder hacer frente a los efectos derivados de la catástrofe nuclear: "Las consecuencias de esa avería nuclear superan la capacidad de un sólo país de hacer frente a tanto gasto y perjuicio", afirmó al inaugurar una conferencia internacional sobre las lecciones del mayor accidente de la historia de la energía atómica.
El ex presidente ucraniano, sin embargo, olvidó recordar que hay un país, Cuba, que llevaba ya para ese tiempo casi dos décadas prestando ayuda de manera absolutamente altruista y desinteresada a miles de afectados por el accidente, especialmente niños. A miles de kilómetros de Ucrania, el sol y el aire puro de una playa de Cuba llevaban ya casi veinte años ayudando a recuperar a niños que siguen naciendo con secuelas del desastre nuclear.
Veinte años de amor, solidaridad y humanismo internacionalista
Los médicos de Cuba han atendido en estos 20 años a más de 25 mil personas que fueron víctimas de la explosión nuclear, según informaba a la prensa internacional el director del programa de salud cubano para víctimas de la catástrofe nuclear, Julio Medina, esta misma semana. Villa Amistad, en Tarará, ubicada a unos 20 kilómetros al este de La Habana, es el lugar donde está situado el complejo hospitalario donde son atendidos los niños y niñas beneficiados por el programa humanitario, un lugar que, además del correspondiente servicio medicinal y psicológico, cuenta incluso con una escuela con maestros ucranianos y a la que asisten diariamente los pacientes.
Según informa la página web oficial del Programa, más de 200 trabajadores laboran en este recinto. Muchos de ellos llevan tanto tiempo allí que no imaginan sus vidas sin el cariño de esos niños. "Es una responsabilidad incomparable, que nos llena también de inmensa satisfacción al poder devolver al menos un poquito de felicidad a personas tan necesitadas de asistencia médica y comprensión", resalta en un reportaje publicado en esa misma web la doctora Xenia Laurenti, quien comenzó a trabajar en el programa en 1990.
Pero detrás de estos casi 20 años no solo está la esmerada y distinguida labor de los profesionales de la salud, sino de todo el pueblo cubano. Detrás de estos veinte años de trabajo médico se encuentra también el esfuerzo de todo un pueblo por mantener siempre alzada la bandera de la solidaridad, el amor, y el altruismo humanitario con los más necesitados, incluso en tiempos de carencias económicas severas en la Isla. Detrás de estos veinte años de trabajo, está, en definitiva, el orgullo de un pueblo digno y revolucionario que nunca ha dudado en hacer de la solidaridad internacionalista con los más necesitados su principal bandera en materia de política internacional.
Y como muestra un botón: El Programa se mantuvo vivo incluso en tiempos del conocido como “Periodo especial”, a pesar de los muchos argumentos económicos que podría haber utilizado el gobierno cubano para dejar de volcar dinero en la atención de estos niños procedentes de la ex URSS. Pero no fue así. "Ya desaparecieron la URSS y el campo socialista hace rato y nosotros seguimos atendiendo a los niños de Chernobil, a pesar del bloqueo y a pesar del período especial que estamos atravesando, por una cuestión de ética, por una cuestión de moral, porque habría sido fácil justificarnos y decir que no enviaran un niño más. Ahora los mandan muchas veces, incluso, cuando no son cuestiones de radiaciones, sino cuestiones de la piel, cuestiones de leucemia en casos que no tienen que ver con las radiaciones. Hay un hospital aquí que está al servicio de esos niños de una unión de repúblicas que desapareció”, afirmaba digna y orgullosamente Fidel Castro en el año 1992. Nunca faltó a su palabra.
Ucrania condecora a los líderes cubanos y Cuba celebra el XX Aniversario de la puesta en marcha del Programa
Es por ello, que el actual presidente ucraniano, Víktor Yanukóvich, además de expresar públicamente su agradecimiento al gobierno y al pueblo cubano por su solidaridad humanitaria, ha galardonado recientemente al líder de la revolución cubana, Fidel Castro, y al presidente de Cuba, Raúl Castro, con las más altas condecoraciones de su país por su "importante contribución al restablecimiento de la salud de los niños de Chernóbil". Fidel Castro obtuvo la orden Por los Méritos y el mandatario cubano recibió el Príncipe Yaroslav el Sabio, ambas de primera categoría, según informaba Telesur esta misma semana.
Mientras tanto, en Cuba, durante toda la semana se han venido celebrando una serie de actos oficiales, conferencias y otros eventos públicos con los que conmemorar el veinte aniversario de la puesta en marcha del Programa. El Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) ofreció durante la semana un homenaje por el XX aniversario del Programa. En el acto, celebrado en la capitalina Casa de la Amistad, se entregaron reconocimientos al Programa Cubano de Atención a los Niños de Chernóbil y al Fondo Ucraniano de Chernóbil por su contribución en el fortalecimiento de las relaciones entre ambos pueblos. En él, Kenia Serrano, presidenta del ICAP, señaló que a pesar de las dificultades, “la alegría es inmensa por devolver la salud a más de 20 mil infantes afectados por la tragedia, ocurrida el 26 de abril de 1986, y constituye una prioridad darle continuidad a esta obra”, según se recoge en la web oficial de este Instituto.
Igualmente, La Dirección del Programa Médico y Humanitario cubano de atención a las personas procedentes de los territorios damnificados por las consecuencias del accidente nuclear de Chernóbil, perteneciente al Ministerio de Salud Pública, convocó a la Conferencia Internacional “XX años del programa médico cubano niños de Chernóbil”, celebrada del 28 de Marzo al 1 de abril del año 2010, en la Ciudad de Tarará, La Habana, Cuba, que ha contado con la presencia de Especialistas no solamente cubanos, sino de todas aquellas Instituciones procedentes de otras Regiones a nivel internacional.
El acto central, que ha podido contar con la asistencia de Raúl Castro, así como de otras altas personalidades de reconocido prestigio nacional e internacional, cubanos y ucranianos, familiares y pacientes, personal médico y paramédico del Programa, se celebró el pasado 1 de abril en la Plaza Martiana Ciudad Tarará.
Agradecimientos ucranianos y silencio absoluto de la prensa burguesa internacional
Además de las mencionadas condecoraciones otorgadas por el gobierno ucraniano a los hermanos Castro, principales impulsores del Programa desde sus mismos orígenes, diversas personalidades ucranianas han agradecido a Cuba su solidaridad con el pueblo ucraniano y los afectados de la tragedia nuclear más conocida de la historia. Durante el acto central, Leonid Kuchma, ex presidente ucraniano desde 1994 a 2005, y enviado especial del actual presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich, agradeció a los médicos cubanos y al pueblo de Cuba en general, la ayuda brindada a los niños de su país afectados por la catástrofe de Chernóbil, según informaba la prensa cubana tras la celebración del acto. Leonid Kuchma destacó la magnitud, el carácter humanitario, gratuito e integral del programa cubano. “Agradecemos por ello a Fidel, a los médicos y al pueblo cubano en general”.
Por su parte, Nadiezhda Guerazimenko, directora ucraniana del proyecto, destacó cómo el profesionalismo de los médicos cubanos queda constantemente probado en la mayoría de los infantes tratados, quienes regresan curados a Ucrania.
Las madres ucranianas del Programa Niños de Chernóbil, según informaba Prensa Latina, emitieron igualmente una declaración de agradecimiento al pueblo y gobierno de Cuba por el tratamiento médico ofrecido a sus hijos e hijas. "No podemos dejar de valorar esta hazaña del pueblo cubano y queremos declarar a todo el mundo que no existe una acción más humana con relación a niños enfermos que el Programa ucraniano-cubano "Niños de Chernóbil". Afirman las madres en el comunicado, unas palabras que, según remarcan, “provienen de lo más profundo del corazón materno".
Sin embargo, nada de esto parece ser suficiente como para que la prensa internacional burguesa, tan preocupada siempre de los que ocurre en la isla caribeña, y en especial durante las últimas fechas tras la muerte del preso Orlando Zapata a consecuencia de una Huelga de hambre voluntaria, haya tenido para bien dedicarle una sola línea a los diversos hechos al respecto acontecidos a ambos lados del Atlántico, tanto en la Isla Caribeña, como en la república ex soviética europea.
Preocupados como andan por la salud de Guillermo Fariñas y algún que otro contrarevolucionario cubano actualmente en situación voluntaria de Huelga de Hambre, la solidaridad internacionalista y la labor humanitaria del gobierno y los médicos cubanos para con decenas de miles de niños y niñas afectados por el drama de Chernóbil, no parece ser un tema de interés significativo para ellos.
Así lo deja claro el buscador de noticias de Google cuando, al introducir la frase “XX Aniversario del Programa cubano de atención a los niños de Chernóbil”, no nos aparece ni una sola noticia de los medios burgueses internacionales. No vaya a ser que alguien se nos despiste y acabe por descubrir que esa cruel “dictadura” que deja morir de hambre a sus “presos políticos”, salva miles de vidas de niños y niñas cada año. Y eso sólo en un Programa concreto de los muchos de carácter similar que viene desarrollando desde que la revolución socialista saliese triunfante en la Isla.
La solidaridad por bandera
Mientras tanto, a pesar del silencio de la prensa burguesa, en un apartado campamento cerca de La Habana, los médicos cubanos continúan prestando ayuda humanitaria gratuita a aquellos niños rubios que un buen día llegaron al país a tratarse de sus respectivas patologías. Desde entonces, los niños de Tarará, así vengan de cualquier otro país de la antigua Unión Soviética, según afirman los propios cubanos, seguirán siendo los niños de Chernóbil.
Esos niños cuyas vidas fueron puestas en peligro por una terrible falla de seguridad en un país entonces socialista, y a los que ahora otro país socialista les ha devuelto la esperanza y en muchos casos la propia vida. La Ucrania capitalista, en cambio, sigue esperando que el mundo capitalista atienda a la llamada del ex presidente derechista Víctor Yúschenko, y haga algo por atender las terribles consecuencias que el accidente de Chernóbil tuvo y seguirá teniendo durante muchos años para el país.
“Luego de la catástrofe y por presiones políticas internacionales, mi país estuvo obligado a desarticular su programa de desarrollo nuclear; pero nadie nos ayudó, ni siquiera las naciones que más criticaron el accidente. Nos quedamos solos con nuestra desgracia. Solamente Cuba ha ayudado a nuestro pueblo y le ha brindado una esperanza”, se quejaba en 2006 a través del diario Granma, Elena Topka, una doctora ucraniana cuyo hijo también fue atendido en Cuba por su padecimiento de alopecia. Sus quejas, hoy como ayer, siguen vivas. Tanto como el silencio vergonzante y humillante con el que los medios de comunicación burgueses tapan cualquier información sobre el carácter solidario, internacionalista y humanitario que día tras día, años tras año, demuestra el gobierno cubano allí donde se necesita.
Pedro Antonio Honrubia Hurtado.