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General: La revolución cubana: 50 años de impacto latinoamericano
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De: Ruben1919  (Mensagem original) Enviado: 23/10/2013 18:38

La revolución cubana: 50 años de impacto latinoamericano

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NAYAR LÓPEZ CASTELLANOS
Doctor en Ciencia Política, especialista en Estudios Latinoamericanos. Profesor Investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Autor de varios libros, y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

Tras la caída del llamado socialismo real en Europa del Este y la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), a principios de los noventa, muchos contaban los días para que la revolución cubana también colapsara. Era el momento triunfal de la nueva hegemonía occidental en el que se decretaba “el fin de la historia y de las ideologías”. No había opciones: el sistema capitalista, ya para entonces en su fase neoliberal, debía reinar en el ámbito mundial, sobre todo en aquellos países regidos todavía por el socialismo.

  

Pero esos días se convirtieron en semanas, meses y años, y ahora, en el 2009, se conmemora el quincuagésimo aniversario del triunfo de la revolución cubana, y aquellos siguen esperando. Por ello, sin duda, entre seguidores y detractores surge, de manera inevitable, el cuestionamiento sobre cuáles han sido los factores internos y externos que han permitido la continuidad de este proceso, sobre todo tomando en cuenta la violenta y constante agresión por parte de Estados Unidos en estos cinco decenios.

A DIFERENCIA DE LA EXPERIENCIA  del Este europeo, salvo la URSS, el socialismo cubano se genera a partir de un movimiento revolucionario en el que participa la mayoría de la sociedad, transformando de raíz las estructuras políticas, económicas y sociales de la dictadura. No es un proceso impuesto desde afuera ni por una clase burocrática, sino resultado de una amplia participación popular impulsada a partir de un liderazgo forjado en la lucha, reconocido en su propio país y en el mundo y protagonizado fundamentalmente por Fidel Castro Ruz y quienes lo acompañaron en el Movimiento 26 de Julio.

Fidel es un hombre que plasma la revolución en sí misma como tal: como dirección, orientación, fisonomía. Es evidente que para el conjunto del pueblo cubano, al margen de sus cualidades, de su eficacia como dirigente, es ya un símbolo que adquiere un valor fuera de lo humano, fuera de lo cotidiano. Cuando se oye la palabra Fidel en la boca de un niño, de un adulto, además del valor directo, tiene una serie de resonancias como en la música de armónica que toca las fibras de la sensibilidad, de la conciencia. Fidel es el escultor de la revolución cubana.1

PARA EXPLICAR EL RESPALDO POPULAR  al sistema socialista en Cuba, resulta imprescindible entender los incuestionables logros alcanzados en el ámbito de la seguridad social, que para el 2008 ubica a ese país en el lugar cuarenta y ocho del Índice de Desarrollo Humano de la ONU (de un total de ciento setenta y siete naciones). En efecto, en este rubro encontramos que toda la atención médica, incluyendo cualquier tipo de hospitalización, es gratuita; las medicinas son subsidiadas en más del 90 por ciento; existe un seguro del desempleo; el período de maternidad es de un año para las mujeres y tres meses para los hombres (con los sueldos activos); existe una entrega mensual de una canasta básica mínima para cada familia; los niños y los adultos mayores tienen asegurada la leche diariamente, además del resto de las prestaciones laborales conocidas. Incluso, existen vacaciones pagadas para los trabajadores más destacados.

LA EDUCACIÓN ES GRATUITA EN TODOS LOS NIVELES. Desde guardería hasta primaria, los niños tienen garantizados los alimentos mientras están en la escuela, cuyo horario es en promedio de 8:00 a las 16:00 horas, así como uniformes, libros y todos los materiales didácticos que se utilizan. De la misma manera sucede con el nivel medio superior cuando el alumno vive en la escuela, como en un sistema de internado. Cualquier ciudadano cubano tiene el derecho a cursar la carrera universitaria que desee, recibiendo una beca automáticamente para cubrir los gastos mínimos de carácter extraescolar. Incluso, existe el programa de la universidad a nivel municipal, en el cual se puede estudiar una licenciatura desde el poblado más pequeño y remoto de la isla.

EN  EL  ÁMBITO  CULTURAL  EXISTE   una enorme infraestructura a través de la cual la población tiene pleno acceso a conciertos, obras de teatro, talleres, danza y exposiciones de artes plásticas. Además, el hábito de la lectura es masivo. Basta con visitar la Feria Internacional del Libro de La Habana, a la cual asisten millones de personas, encontrándose los libros a precios totalmente accesibles. Un ejemplar cubano, en promedio, cuesta alrededor de ochenta centavos de dólar.

EN ESTE  CONTEXTO,  resulta importante analizar el impacto de la revolución cubana en el desarrollo político latinoamericano y caribeño. En primera instancia, habría que partir de la trascendencia que tienen la primera y la segunda declaraciones de La Habana, en 1960 y 1962, respectivamente, en las que se emite el primer grito de rebeldía en la región contra el intervencionismo de Estados Unidos y por una plena independencia, el ejercicio de la soberanía nacional y, sobre todo, la reafirmación de un pueblo por decidir su destino.

Frente a la acusación de que Cuba quiere exportar su revolución, respondemos: las revoluciones no se exportan, las hacen los pueblos [aplausos]. Lo que Cuba puede dar a los pueblos, y ha dado ya, es su ejemplo [aplausos]. ¿Y qué enseña la revolución cubana? Que la revolución es posible, que los pueblos pueden hacerla [aplausos], que en el mundo contemporáneo no hay fuerzas capaces de impedir el movimiento de liberación de los pueblos.2                        

LA  SOLIDEZ  POLÍTICA   que toma la revolución cubana desde un principio, el parámetro del arribo al poder a partir de la lucha armada y su definición socialista, constituyen elementos de un referente tangible para la izquierda latinoamericana. Ya no se trataba del ejemplo de la URSS y el socialismo en otro continente, bajo condiciones completamente diferentes en términos históricos, políticos y económicos, sino de un acontecimiento en Latinoamérica; una nación con problemáticas comunes que había hecho una revolución, se había librado de Estados Unidos y estaba construyendo una nueva sociedad.

ESTA REFERENCIA, SIN DUDA, es la que inspirará a miles de latinoamericanos al camino de la vía armada para hacer la revolución, a la expansión de las ideas socialistas y comunistas y a la lucha antiimperialista. Por ello Cuba se convierte en el ejemplo a seguir, a pesar de que en varios países las izquierdas hicieron una valoración errónea de las condiciones de lucha para lanzarse por esta vía, reduciéndola a un militarismo que finalmente terminó en fracaso y que de alguna manera sirvió para pretender justificar el autoritarismo de Washington.

ASÍ, TENEMOS A CUBA   como la fuente de inspiración revolucionaria para una izquierda latinoamericana dividida en variadas tendencias políticas, aunque pocos disentían de su proceso en marcha, o le negaban sus simpatías. Pero de la misma forma en que se da esta situación, también las derechas latinoamericanas, apoyadas por Estados Unidos, utilizan a Cuba como ejemplo de lo que no permitirían que sucediera en sus países, esto es, justifican el uso de los militares para contener el avance de las izquierdas. La trágica noche de los generales, con sus golpes de Estado, ha imperado en la región por veintiseis años, tomando en cuenta el golpe militar en Brasil (1964) y el fin de la dictadura de Pinochet en Chile (1990).

CON EL TRIUNFO  DE LA REVOLUCIÓN  CUBANA, el 1 de enero de 1959, se marca el inicio de una etapa de luchas guerrilleras en América Latina que culmina, de alguna manera, en 1996, con la firma de los Acuerdos de Paz en Guatemala. Ante el ejemplo de Cuba, la posibilidad de llegar al poder por esta vía fue tan real para la izquierda, que en la mayoría de los países se vivieron conflictos armados, cada uno con sus propias características.

LA  IDEA  DE  LA  DIRIGENCIA  CUBANA   de que la Cordillera de los Andes está llamada a ser la Sierra Maestra de América Latina, en el marco de una revolución latinoamericana, tuvo su impacto en el abierto apoyo de la isla a los movimientos insurgentes de la región, teniendo como mejor ejemplo la experiencia del propio comandante Ernesto Che Guevara en Bolivia, con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), aunque al final sólo una de las guerrillas logra la victoria: el 19 de julio de 1979, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) toma el poder en Nicaragua al derrocar a la dinastía somocista apoyada por Estados Unidos.

LA VOCACIÓN INTERNACIONALISTA  de la revolución cubana también se materializa en el apoyo a las luchas de liberación nacional en África, particularmente en Angola, Namibia, Zaire, Guinea, Cabo Verde y el Congo, a través de la presencia, en diferentes momentos, de más de tres cientos mil combatientes y cincuenta mil civiles (1960-1980).

LA REVOLUCIÓN  CUBANA, en su quincuagésimo aniversario, mantiene el ejemplo de su internacionalismo solidario, comprometido fundamentalmente con el desarrollo humano. En la actualidad, decenas de miles de cubanos en misiones sociales, repartidos por los países latinoamericanos, caribeños y africanos, así lo corroboran. Fundamentalmente son doctores, alfabetizadores y técnicos deportistas quienes realizan su labor sin remuneración alguna, salvo el sueldo que siguen recibiendo en Cuba. Su estancia promedia dos años y su labor no hace sino demostrar la vocación humanista de la revolución cubana, dejando sin sustento las críticas de las oligarquías latinoamericanas que siempre han señalado el peligro que representa Cuba en el mundo.

Cuba ofrece su primera ayuda médica internacional en 1960, cuando envió una brigada a Chile, después del terremoto que azotó a ese país. En 1963, otra brigada médica parte a Argelia. Desde entonces, treinta y ocho brigadas de salud cubanas han prestado sus servicios ante llamados de emergencia de veintiún países, con un carácter humanitario e internacionalista. En total en el campo de la salud, han cumplido misiones alrededor de ciento ochenta y cinco mil profesionistas y técnicos de la salud en ciento tres países del tercer mundo. Hoy cumplen misiones treinta mil cincuenta y un trabajadores del sector de la salud, en setenta y dos países, de ellos diecisiete mil novecientos diecinueve son médicos (el 26.5 por ciento del total en activo de nuestro país).3

LOS GRANDES AVANCES EN EL TERRENO DE LA SALUD, la educación, la biotecnología, el software y el deporte, entre otros aspectos, demuestran cómo la revolución cubana está concentrada en el desarrollo social y en sus aportes a la propia humanidad. Vacunas contra la meningitis, el cáncer de pulmón, el asma, además de las consideradas como universales, y las que se trabajan contra el sida, el dengue y el cólera, no sólo destacan por sus innovaciones y alcances, sino porque la investigación científica, la biotecnología y la industria farmacéutica en las que se generan, son propiedades públicas que tienen una función humana y no de lucro, por lo que sus alcances son aún mayores. Prueba de ello es la producción masiva de estas vacunas y su envío a países subdesarrollados que no tienen la infraestructura para producirlas, ya sea por la vía de la donación o a precios que sólo recuperan el costo de su elaboración.

EN MATERIA  DE POLÍTICA  INTERNACIONAL,  Cuba se consolidó como uno de los principales portavoces de los países subdesarrollados, destacando su papel en el impulso del Movimiento de los Países no Alineados (creado en el contexto de la Guerra Fría), la organización de innumerables conferencias y declaraciones en referencia a temáticas como soberanía, desarrollo económico justo, antiimperialismo, ecología, derechos humanos, cultura, ciencia y educación.

ESTE PROTAGONISMO SE UBICA EN LA RESISTENCIA  que ha logrado desplegar durante medio siglo ante la agresión estadounidense, aspecto complejo de entender si tomamos en cuenta que se trata de la principal potencia económica y militar del mundo, cuya historia empieza en el contexto de la independencia de Cuba frente a España en 1898, desde la cual, y hasta 1959, Washington mantuvo a la isla como una especie de protectorado.

Desde 1959, año que marca la ruptura de Cuba con ese sistema de dominación, el objetivo medular de la política estadounidense hacia esa nación ha sido retrotraer la historia a aquel momento y hacer colapsar a su gobierno, y debilitar y quebrar su sistema económico y político. Para ello han sido empleados todos los medios y procedimientos a su alcance, desde la sub- versión interna en distintas variantes, la agresión económica y el bloqueo, el terrorismo, los intentos de asesinato político y las agresiones militares, como la invasión de Playa Girón, organizadas y financiadas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en abril de 1961.4

NO ES POCA COSA HABER RESISTIDO  la agresión estadounidense durante este largo período, como el intento de asesinar a Fidel Castro en más de seiscientas ocasiones; el ataque bacteriológico con la introducción de virus en la isla contra plantaciones y contra humanos; el bloqueo económico y comercial; la invasión militar y el enfrentamiento a los grupos terroristas de cubano-americanos que operan desde Miami, destacando el comandado por Luis Posada Carriles, quien operó la colocación de dos bombas en un avión civil cubano que despegó de Barbados el 6 de octubre de 1976, causando la muerte de las setenta y tres personas que iban a bordo, incluyendo a los veinticuatro integrantes del equipo juvenil cubano de esgrima que habían ganado en Venezuela todas las medallas de oro en una competencia latinoamericana y caribeña de la especialidad. Hasta el momento, la ofensiva de Washington contra la isla ha causado la muerte de más de dos mil quinientos cubanos.

RESULTA  IMPORTANTE  IDENTIFICAR  uno de los aspectos que recurrentemente se critican de la revolución cubana y que forma parte esencial del modelo socialista, y sin el cual no se puede entender la virulencia de los ataques: el sistema político, que es un sistema parlamentario basado en la democracia participativa.

EL  PARTIDO  COMUNISTA  DE  CUBA (PCC) se concibe como un factor de unidad política de la sociedad, y no un partido en los términos electorales al que estamos acostumbrados, ni como vía de acceso a puestos de representación o de gobierno. De hecho, el PCC no participa como tal en las elecciones. Más aún, al partido sólo pertenecen alrededor de quinientos mil cubanos. Se incorporan las personas más comprometidas con la revolución, los más participativos y destacados en su trabajo. Ingresar al PCC en realidad es un reconocimiento político y un compromiso para el seleccionado.

EN EL SISTEMA POLÍTICO  CUBANO, las organizaciones de masas representan uno de los soportes fundamentales como espacio de participación y discusión. La mayoría de quienes se desempeñan en los poderes ejecutivo y legislativo provienen de estas instancias. Entre las principales destacan la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), en la que militan alrededor de un millón y medio de personas de entre diecisiete y treinta y cinco años de edad; la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), que aglutina a los estudiantes de nivel superior y de posgrado; la Central de Trabajadores de Cuba (CTC); la Federación de Mujeres Cubanas (FMC); la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), entre otras tantas.

ASÍ, EN LA DEMOCRACIA  PARTICIPATIVA  cubana funciona un sistema electoral que organiza cada cinco años comicios generales para elegir diputados provinciales y nacionales, y cada dos años y medio, diputados municipales, de los cuales se desprenden los órganos de gobierno en sus diferentes niveles, como cualquier sistema parlamentario en el mundo, pero sin monarquía, como la de algunos países europeos. Todos los ciudadanos mayores de dieciséis años tienen derecho al voto, el cual es libre, directo y secreto, así como el derecho a ser electos a partir de esa misma edad, y dieciocho años cuando aspire a una diputación nacional. Los candidatos que se presentan en los comicios son postulados a través de asambleas públicas en las que la población decide de forma directa. No existen campañas de ningún tipo. Son las comisiones electorales las que organizan una difusión de los datos de los aspirantes en cuestión, para lo cual generalmente se coloca el currículo del candidato en lugares públicos de la sección electoral correspondiente.

COMO CUALQUIER SISTEMA POLÍTICO EN EL MUNDO, el cubano tiene sus fallas, pero resulta innegable que éste garantiza la participación de la gente. Normalmente, en los comicios vota el 98 por ciento de los cubanos inscritos en el padrón electoral. El proceso es vigilado por los niños –los “pioneros”–, bajo la presencia de periodistas nacionales y extranjeros; cualquier persona puede verificar los pormenores de la votación sin problema alguno. También existe el derecho de revocación del mandato, el cual se puede ejercer en cualquier momento de la gestión de todo funcionario, sea del nivel que sea; la rendición de cuentas y una dinámica de debate en torno a los asuntos públicos.

Ante todo hay que pensar que un elemento esencial y absolutamente infaltable de cualquier sistema democrático tiene que ser la independencia, o sea, es inconcebible la democracia si no hay un país soberano; en última instancia, la democracia es el ejercicio por el pueblo de la soberanía, pero solamente podría hacerlo una nación que sea libre e independiente. Y la revolución cubana significó, desde el primer momento, desde 1959, precisamente la conquista de la independencia nacional; fue el triunfo de una revolución que se había iniciado en 1868, una revolución profundamente democrática, porque estaba basada en la idea de la igualdad, de la justicia, de la solidaridad humana, el sentido auténtico, real que el vocablo democracia siempre ha tenido.5

LA REVOLUCIÓN  CUBANA  ha tenido un impacto permanente en la historia contemporánea del continente americano, en la medida que su proceso político ha servido de referencia para las luchas de la izquierda en la región. Este proceso también ha ofrecido una práctica de ética y honradez pocas veces vista en la política en el ámbito mundial; y significa que la clase política cubana, salvo algunas excepciones, no se ha beneficiado de su cargo ya que más que una oportunidad para ello, la participación política está valorada como una responsabilidad social y colectiva, en la dinámica de su ideología comunista. En este sentido, entendemos por qué en la actualidad varios líderes de la región son aliados políticos y económicos de la revolución cubana, como en el caso de los presidentes Hugo Chávez, de Venezuela, y Evo Morales, de Bolivia. Sin duda, ambos personajes, con sus singularidades, tienen como paradigma a Cuba, los valores y principios que aportan humanismo a la política.

Este renacimiento de la izquierda en América Latina no hubiera sido posible si Cuba no hubiese resistido como lo hizo; y sin una figura como la de Fidel –quijotesca, en el más bello sentido de la palabra: lúcido, austero, ético, incorruptible– que aun en los momentos en que parecía que el mundo se venía abajo, a comienzos de los noventa, mantuvo inquebrantable su fe en el socialismo y en la causa de los pueblos. Por eso, a un personaje de esta estatura, el imperio lo ataca sin reparar en escrúpulos de ningún tipo. Volviendo al Quijote, “ladran Sancho, señal de que estamos cabalgando”.6

ASÍ, CUBA  NAVEGA  EN SU QUINCUAGÉSIMO  ANIVERSARIO  en un contexto político internacional favorable, a pesar del bloqueo económico impuesto por Estados Unidos hace cinco decenios, el cual, por cierto, ha costado a la isla una pérdida de más de ochenta y cinco mil millones de dólares. Tras el período especial que vivió posterior a la desaparición del bloque socialista en Europa del Este y la desintegración de la URSS, que significó el colapso de todas las cadenas productivas ante la casi absoluta dependencia de ese bloque, la economía cubana logró salir adelante y hoy en día se ha estabilizado en una fase de crecimiento del orden del 5 por ciento, a pesar de las carencias generadas por el bloqueo. En los tiempos actuales, caracterizados por una profunda crisis económica del sistema capitalista, así como severos problemas ambientales y de salud relacionados con la pobreza –que por cierto nadie declara como epidemia– reflexionar sobre Cuba en el quincuagésimo aniversario de su revolución resulta importante para destacar lo más valioso de ese proceso y su significado: la esperanza que “otro mundo es posible”.

A partir de lo que Cuba significa para sus detractores, la isla se expande más de lo deseado ocupando un espacio polémico que va del pasado al futuro. Para sus partidarios, se trata de una trinchera que debe defenderse, un bastión sitiado donde se decide la suerte de todo el frente, incluso, de la guerra, en su conjunto. Para estos últimos, más que de un tema historiográfico polémico o de una utopía, se trata de un presente palpitante, una especie de Stalingrado tropical rodeado por divisiones enemigas, un símbolo que no puede caer, la encarnación del “No pasarán” republicano y español de 1936, en tiempos de televisión por cable, teléfonos celulares e Internet.7

EL IMPACTO DE LA REVOLUCIÓN  CUBANA  en América Latina y el Caribe ha sido pro- fundo y de grandes repercusiones en su desarrollo político, particularmente por la existencia de un sistema socialista en la región, el único como tal que ha conocido la historia de nuestras naciones. Pero también por la inteligencia con la que ha resistido las agresiones políticas, económicas y militares de Estados Unidos.

CUBA SE MANTIENE  PARA UNOS Y OTROS  en la reflexión, el debate y el análisis. A cincuenta años del triunfo de esa revolución, y contra viento y marea, la isla sigue navegando en el mar Caribe, firme, en medio de la tormenta.

Citas
  1. Cortázar, Julio (2006). “Escultor de la Revolución”, en Báez, L. Absuelto por la historia, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado: La Habana, p. 175.
  2. Castro, Fidel. “Segunda Declaración de La Habana. Del pueblo de Cuba a los pueblos de América y del mundo”, 4 de febrero de 1962, http://www.pcc.cu/documentos/otros_doc/segunda_declaracion_habana.pdf
  3. Pérez Cruz, Felipe de J. (2008). “Cuba: solidaridad e internacionalismo socialistas”, en La revolución cubana. Medio siglo de antiimperialismo y solidaridad, Ocean Sur: México, p. 171.
  4. Fernández Tabío, Luis René (2008). “El conflicto Estados Unidos-Cuba”, en La revolución cubana. Medio siglo de antiimperialismo y solidaridad, op. cit., p. 136.
  5. Alarcón de Quesada, Ricardo (2002). Cuba y la lucha por la democracia, Editorial de Ciencias Sociales: La Habana, p. 154.
  6. Borón, Atilo (2006). “Lúcido, austero, ético, incorruptible”, en Báez, L., op. cit., pp. 42-43.
  7. Acosta Matos, Eliades. “Cuba insurrecta”, en Contexto Latinoamericano. Revista de Análisis Político, Ocean Sur, Bogotá, núm 1, septiembre-diciembre de 2006, pp. 138-139.
Bibliografía

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ÁLVAREZ  Tabío, Pedro (2008). Habla Fidel. 25 discursos en la Revolución, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado: La Habana.

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BÁEZ, Luis (2006). Absuelto por la historia, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado: La Habana.

CASTRO, Fidel (1976). La primera revolución socialista en América, Siglo XXI: México.

COCKCROFT, James (2001). América Latina y Estados Unidos. Historia y política país por país, Siglo XXI: México.

D’ESTÉFANO  Pisani, Miguel A. (2002). Política exterior de la revolución cubana, Editorial de Ciencias Sociales: La Habana.

ELIZALDE, Rosa Miriam y Báez, Luis (2003). Los disidentes, Editora Política: La Habana.

EYERBE, Luis Fernando (2001). Los Estados Unidos y la América Latina. La construcción de la hegemonía, Fondo Editorial Casa de las Américas: La Habana.

MENDOZA  Díaz, Juan et al. (1999). Demanda del pueblo de Cuba al gobierno de Estados Unidos por daños humanos, Editora Política: La Habana.

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SUÁREZ Salazar, Luis (2000). El siglo XXI, posibilidades y desa- fíos para la revolución cubana, Editorial de Ciencias Sociales: La Habana.

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De: Ruben1919 Enviado: 08/02/2015 09:57

Eusebio Leal: “No podremos entender la Revolución sin la República”

20 mayo 2012 | 35
Eusebio Leal

Eusebio Leal

Por Pedro Martínez Pírez

A propósito del 20 de mayo de 1902, nacimiento de la República neocolonial cubana, compartimos esta entrevista concedida por el Historiador de La Habana Eusebio Leal, a la Revista Temas:

-Eusebio, ¿República mediatizada, Seudo- rrepública o simplemente República, la cubana que nació el 20 de mayo de 1902 y terminó el Primero de enero de 1959?

-Creo que República, y que, además, es una República que nace bajo las circunstancias de no ser la hija legítima de la Revolución, sino su aborto. Quiero decir: se había fundado una república en Guáimaro, ahí está nuestra tradición revolucionaria, democrática. Los principios fundamentales de nuestras esperanzas futuras se sentaron en Guáimaro, en abril de 1869. Si observamos el proceso que vino después, vamos a ver cómo a partir de la creación de ese territorio libre del colonialismo español -el que el Ejército Libertador pudo sostener y donde, queramos o no, estuvo el gobierno revolucionario con todas sus luces y sombras-, nace ese proceso.

Y se extingue cuando se declara disuelto el Gobierno Revolucionario, no el que fenece con la paz de El Zanjón, y ni aun con el Consejo Revolucionario que se crea después de la Protesta de Baraguá, y que persuade a Antonio Maceo de la necesidad de su partida al exterior, convenciéndolo de que no perezca en una reyerta inútil, cuando ya no había esperanzas materiales y solamente quedaba y quedaría el eco y la luz del acto moral de Baraguá; sino el que termina después de los hitos posteriores, aun el de 1895, con la disolución del Ejército Libertador más tarde, y con la del gobierno presidido por Bartolomé Masó.

Podríamos analizar todos y cada uno de estos hitos: la primera república, la cespediana; la que se extingue con el pacto de El Zanjón; la que sobreviene con el Consejo Revolucionario, presidido por el venerable Silverio del Prado, por Manuel Calvar, por Maceo, por Vicente García; la que sobreviene después, en el 95, con posterioridad a la discusión en La Mejorana entre Martí, Gómez y Maceo, en la que se debate la forma de gobierno. Esto queda atrás en el momento en que, de hecho, se declara disuelto el Ejército mambí, se extingue el gobierno revolucionario, y comienza ese lapso oscuro que es la ocupación norteamericana, enjuiciada por Máximo Gómez, de forma breve y precisa, en su anotación del 8 de enero de ese año 1899: “tristes se han ido ellos [los españoles] y tristes nos hemos quedado nosotros, porque un poder extranjero los ha sustituido”.

Máximo Gómez reconoce implícitamente que había un poder real -el español-, que a lo largo de siglos había privado al pueblo cubano de ejercer, llegado a la madurez de su vida, estando presentes en la sociedad cubana los elementos formativos que la favorecían, una opción independentista -a la que nunca tuvimos en realidad acceso-, fallido primero el intento de que Cuba se incorporase al movimiento de liberación hispanoamericana iniciado en México, y en todo el sur por Bolívar y por los padres fundadores; el resultado del 68 después, y finalmente el desastre de la intervención norteamericana, que Gómez en ese mismo párrafo señala. En esa misma anotación, dice que es una “intervención impuesta por la fuerza”. En esta entrevista no podemos explayarnos en criterios diversos sobre el hecho, pero lo cierto es que los norteamericanos llegan, eso es lo histórico; desconocen al gobierno revolucionario; utilizan al Ejército Libertador como unos cargadores, como unas tropas de adelanto que van limpiándoles el camino, hasta que se esfuma la ilusión de que los americanos vienen a Cuba como aliados.

El propio Gómez -para volver a citarlo- en su célebre carta de respuesta al Capitán General Ramón Blanco, que le insta a una alianza entre tropas cubanas y españolas para arrojar fuera a los yanquis, le responde: “Me asombra su atrevimiento, al proponerme nuevamente términos de paz, cuando usted sabe que cubanos y españoles jamás pueden vivir en paz en el suelo de Cuba. Usted representa en este Continente una monarquía vieja y desacreditada y nosotros combatimos por un principio americano; el mismo de Bolívar y Washington [...] Yo solo creo en una raza: la Humanidad; y para mí no hay sino naciones buenas y malas; España habiendo sido hasta aquí mala, y cumpliendo los Estados Unidos, hacia Cuba, un deber de humanidad y civilización, en estos momentos”; para, poco después, con aquella agudeza que tenía, y como hombre que conocía demasiado la cuestión cubana por dentro, y había oído tanto a Martí, diga: “No veo el peligro de nuestro exterminio por los Estados Unidos, a que usted se refiere en su carta. Si así fuese: “La Historia los juzgará”". El juicio está montado en la ocupación americana, en ese período de ocupación -1900-1902-, cuando quedan claras todas las intenciones; cuando estas se ponen de manifiesto, con brutalidad absoluta, en la asamblea constituyente de 1901 en el Teatro Martí; cuando se les advierte a los asambleístas que si no hay enmienda no hay República. Y a la constituyente, que tenía como único objetivo -para el cual había sido elegida-, preparar una base constitucional para la República futura, le impone el deber de legislar sobre cómo serían las relaciones futuras entre Cuba y los Estados Unidos, y le impone la Enmienda Platt, que no solamente merma, sino mutila todos los atributos de soberanía de la República que nace el 20 de mayo de 1902.

Sí, fue una República, fue reconocida por las grandes potencias, por España, por los Estados Unidos; fue reconocida por Europa, por Japón, por China. Ahí tenemos las cartas de reconocimiento de todas aquellas personalidades. Fue reconocida por todos los pueblos iberoamericanos; pero en realidad la República, como tal, no existió, porque desde el punto de vista jurídico, el gobierno de los Estados Unidos podía intervenir en Cuba sin consultar al Congreso ni al Presidente. Y eso lo ejerció entre 1902 y 1905, en todas las presiones sobre el gobierno de Tomás Estrada Palma, y de una forma brutal cuando ese propio presidente, prevaricando de sus deberes, llama al gobierno norteamericano, en una acción en la cual participa el Ministro de Cuba en Washington, Gonzalo de Quesada, quien pide al presidente de los Estados Unidos la intervención en Cuba. Ambos, Gonzalo de Quesada y Estrada Palma, eran discípulos amados de Martí. Hasta el último momento de su vida está refiriéndose con cariño y con afecto a Estrada, a quien él había llamado “el cenobita de Central Valley”. En la carta del Secretario de Estado norteamericano está citado el telegrama de Quesada que dice: “esto aquí nadie lo sabe, solamente el Presidente y yo”.

Es decir, se hizo a espaldas del Congreso, a espaldas de los sectores de opinión. En medio de un conflicto interno, se solicita la intervención norteamericana. Es un acto de soberbia del presidente Estrada Palma, al no querer reconocer los resultados de unos comicios electorales que estaban viciados, porque la República que se entroniza nació con todos los vicios de corrupción propios del modelo que le había sido propuesto como fórmula de existencia. Dicen que el Presidente norteamericano estaba muy molesto, porque la torpeza de los políticos cubanos venía a deshacer la imagen “grande y generosa” que los Estados Unidos habían dado ante el mundo. La nación norteamericana había cumplido el compromiso solemne de ambas cámaras -expresado en la fórmula de que el pueblo de Cuba es y de derecho debe ser libre y soberano- al intervenir en Cuba. Esa libertad había sido conculcada por la Enmienda Platt, pero quedaba una formulación pública, un teatro montado, y ese teatro venía a ser disuelto por Tomás Estrada Palma, y eso no convenía a los intereses norteamericanos. Ellos no querían estar aquí, la escena maravillosa había sido la partida, la entrega de la República; pero tuvieron que volver, y cuentan que el Presidente norteamericano le expresó a Gonzalo de Quesada: “Dígale al presidente Palma que yo puedo enviar ahora mismo los barcos que me pide, pero que piense en la mancha imborrable que caerá sobre su nombre”.

-A partir del 20 de mayo de 1902 nace un nuevo Estado, y se crea una república que usted dice que no existió en los primeros años por la vigencia de la Enmienda Platt, pero que ha dejado una historia con luces y sombras, a partir de Estrada Palma, pasando por José Miguel Gómez, Menocal, Zayas, Machado…

-Nosotros podemos explicar la historia; lo que no podemos hacer es borrarla. Cuando no se tiene el valor de explicarla, se acude al expediente de omitirla. Yo pienso que eso es un grave error, que ha costado muy caro a los que la han negado. Varias veces he escuchado decir al compañero Fidel que quienes han negado su historia han desaparecido.

No podemos dejar de pensar que el Secretario de Educación Pública del gobierno interventor, en un período, fue Enrique José Varona. Ya sabemos qué representa Varona en la historia de la evolución del pensamiento cubano. Sabemos que en el momento del voto por la Enmienda o contra la Enmienda se escinde la opinión cubana. Una posición era la de quienes creían necesario rechazarla -recurriendo a un expediente de heroísmo que no tenía convocatoria, porque se habían roto las bases de unidad, y la información que podría haber permitido movilizar a muchos, estaba fragmentada.

Otros creían que debíamos tomar lo que se nos daba y luchar por lo que aspirábamos, o por lo que habíamos luchado siempre. Esa es una verdad; y vamos a observar cómo, tanto en el gobierno de Tomás Estrada Palma como en los posteriores, participa un conjunto de figuras de gran relevancia para Cuba que no pueden ser, en forma alguna, borradas y tijereteadas de la historia. Nos quedaríamos sin nadie si no somos capaces de situar lo que usted ha llamado, con razón, la luz y la sombra de un proceso. No hay posibilidad ninguna, es un proceso en el cual se forja un sentimiento antimperialista, en que renacen con fuerza, después de la poda, los más valiosos sentimientos patrióticos. Es un período en el cual figuras como Juan Gualberto Gómez, Manuel Sanguily, Enrique José Varona, por citar solamente algunos nombres, van a librar la batalla por el análisis y la búsqueda de una posición cubana frente a las nuevas amenazas de injerencia norteamericana -que son en muchos casos rechazadas- y contra las relaciones que se han creado en Cuba, precisamente por no haber triunfado la revolución martiana “con todos y para el bien de todos”.

No estaba publicada todavía la mayor parte de la obra de Martí; por eso comprendemos la avidez con que Mella, profundamente flechado por el Maestro, busca testimonios martianos en las figuras sobrevivientes de la gran gesta; por eso el papel del doctor Eusebio Hernández, por ejemplo; una tremenda figura, no solo un gran científico, sino un gran patriota, de primerísima línea, consejero de Maceo, compañero y amigo de casi todos los fundadores. Hay un libro precioso con su correspondencia y con todo lo que significó. Además, Mella lo pondera de forma extraordinaria.

Es la etapa en que nace el movimiento obrero, en que se llevan a cabo las primeras huelgas, en que va surgiendo, precisamente, una conciencia proletaria en medio de las necesarias influencias, que venían de nuestra propia matriz española o europea, como el anarcosindicalismo. Tuvimos hasta la fortuna de tener en esa corriente a hombres de la talla de Alfredo López, a quien Mella reverencia como una verdadera figura de primera línea en el orden humano. Es la etapa en que se forja y nace el primer Partido Comunista de Cuba, con un Primer Secretario que era español y que es deportado poco después; lo cual agrega condimento a que nuestra ruptura con España siempre fue con la España política, pero no con la de la raíz, de la rabia y de la idea de que hablaba García Lorca; porque de ahí nos vienen los fundadores de las organizaciones obreras, de la masonería librepensadora y anticlerical, de las organizaciones culturales iniciales. No olvidemos que sin esa continua relación con la España vital no se comprendería la partida a España, apenas treinta años después, de aquella masa de jóvenes que va a combatir por el sueño democrático de la humanidad, en defensa de la República, y que vaya entre ellos uno de los jóvenes más esclarecidos de su generación, Pablo de la Torriente Brau.

Esto es muy complejo, no admite simplificación, no admite decir que todo ha comenzado con nosotros. El movimiento encabezado por Fidel es, como él mismo lo definió, una continuación de la revolución iniciada por Céspedes. Esa revolución adopta, desde el 68 hasta el 59, distintas etapas, y una de ellas es la de la lucha en el período republicano, proclamado luego de la primera y segunda intervención norteamericana en Cuba, y del terrible amago de intervención que sobreviene a la revolución del 30. Hubo entonces injerencia política, pero ya no pudo haber intervención militar con desembarco, porque ya había cristalizado una conciencia que pone al país al borde de una verdadera y grande revolución.

Tampoco podemos omitir que, en medio de todo eso, hay en la República elementos vitales que luchan, por ejemplo, de una forma patriótica por deshacer la Enmienda Platt, desde el punto de vista jurídico, y lo logran cuando hacen que sea finalmente abolida, no como un acto de generosidad del nuevo trato preconizado por Franklin D. Roosevelt, sino como resultado de una gran lucha nacional, en la cual los embajadores, los ministros cubanos -entre ellos Cosme de la Torriente- van a desempeñar un papel muy importante para la desarticulación del aparato jurídico de la Enmienda. Ellos logran barrenarla completamente. Además, estaba delante el proceso revolucionario, fallido, inconcluso; pero real, en el cual se paga el altísimo precio del exilio y muerte de Mella, de la partida frustrada y del asesinato de Guiteras, hechos que nos permiten pensar en el precio que paga el pueblo cubano por todo esto.

También hay un movimiento obrero que tiene una significación enorme en este período, con una gran ventaja para Cuba, y es que los grandes dirigentes obreros del país, formados en el seno de aquel primer Partido Comunista, lo fueron de una forma muy flexible. Dirigentes muy originales porque partían de experiencias vividas muy originales, porque cumplían sus deberes de cara a la clase trabajadora; verdaderos dirigentes, extraordinariamente queridos por el pueblo cubano. No se puede concebir la historia de ese movimiento sin hablar, por ejemplo, de Jesús Menéndez, caído en plena juventud y que logró lo que parecía imposible, en una batalla contra las más poderosas transnacionales de aquel momento.

No podemos olvidar -en la Habana Vieja en particular- el papel de Aracelio y de Margarito Iglesias, como no se puede olvidar el de Miguel Fernández Roig o el de José María Pérez, por solamente citar los nombres de los mártires.

-Durante la República se crea también la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), y en la Protesta de los 13 hacen irrupción los intelectuales.

-Claro que sí, un movimiento intelectual muy fuerte que se inicia, precisamente, con aquellos jóvenes libertadores que, al concluir el proceso independentista, quedan inconformes con el destino incierto de Cuba. Entonces se produce un movimiento, y ahí está ese fermento intelectual de hombres de los que hoy estamos conmemorando los centenarios. Con nombres como Don Fernando Ortiz que, ya desde el comienzo, desde su juventud, está buscando las raíces y las claves interpretativas de la sociedad cubana; Emilio Roig de Leuschenring, “el infante terrible”, como lo llamaron; aquella generación que está en la Protesta; figuras que conocimos y nos pudieron dar un testimonio tan hermoso de aquellos años como José Zacarías Tallet y Juan Marinello, por citar algunos nombres.

Tenemos a Rubén Martínez Villena, siguiendo la huella de Mella, a quien Neruda, con tanta razón, llama “el discóbolo cubano”; detrás de ellos, Raúl Roa y toda esa gran generación, extraordinariamente elocuente, dotada de la capacidad de la oratoria, de la conversación, que logran en sus tertulias en el Naranjal, en el hotel Ambos Mundos, en el Lafayette, en el corazón de La Habana, donde se reúnen con los viejos representantes del pensamiento cubano, con el propio Eusebio Hernández, con Juan Gualberto, con Sanguily, con Varona. Vemos el fin de la vida de Varona; ahí está Roa describiendo en una semblanza lo que significó este para la juventud cubana, y cómo van a buscarlo, y cómo Varona -despojado ya de todo, sin nada material-, se convierte en el abanderado de esa moral, de esa ética cubana, indestructible.

Creo que sí, que hubo un movimiento de cambio, de transformación, una generación que tuvo articulistas brillantes, caricaturistas brillantes como Conrado Massaguer, por ejemplo; revistas espléndidas de pensamiento cubano como Social, hasta llegar al momento crucial, ya en el 30, con una generación aún más joven que viene detrás. Por ahí llegaremos a Nuestro Tiempo, por ahí llegaremos a Orígenes, por ahí llegamos a toda la pintura cubana de esa época; por ahí andamos del brazo de músicos como Amadeo Roldán, de Caturla. Entonces, simple y sencillamente, te diré que esa República fue extraordinariamente fecunda, en todos los aspectos.

-¿Cuáles son los momentos o facetas de la historia de aquella República que demandan hoy un ejercicio más acuciante de reinterpretación o revalorización?.

-Creo que toda la historia republicana es muy importante para su estudio; porque se corre el riesgo siempre de simplificaciones, de reducciones muy mecánicas, en las cuales falta la capacidad de investigar situaciones concretas nacionales e internacionales, el papel de las grandes personalidades en la historia de Cuba, el de las vanguardias políticas y culturales que fueron tan importantes y que borran por completo la imagen del proceso republicano como desierto de virtudes. En él aparecen precisamente los precursores y promotores del proceso revolucionario en su doble vertiente; quiero decir en su vertiente política y en su vertiente cultural.

Esta es una coincidencia muy importante en la historia de Cuba, que marca una regularidad de la Revolución, y es la coincidencia de las vanguardias culturales con las vanguardias políticas. Una inclinación a los problemas sociales ha sido determinante, de forma permanente en esas vanguardias cubanas. Las élites han sido, son, se hacen evidentes, pero son intrascendentes. Las que desempeñan un papel importante son las vanguardias, y no se puede confundir lo uno con lo otro. El proceso republicano es riquísimo: en las relaciones internacionales, por ejemplo, la batalla librada por Cuba por la derogación del apéndice constitucional, es decir, de la Enmienda Platt. ¿Cómo se logra esa derogación formal, que fue una victoria jurídica sobre el Departamento de Estado norteamericano? ¿Cómo se logra el reconocimiento de la pertenencia de Isla de Pinos a Cuba, que era discutida?

Y con Isla de Pinos se discutía también la existencia virtual del archipiélago. Se le concedía a Cuba soberanía nada más que sobre la isla grande. Esa batalla fue importantísima. La presencia de Cuba en la fundación de la Liga de las Naciones, la presencia de Cuba en la fundación de la UNESCO, la presencia de Cuba en el Tribunal Internacional de La Haya. El hecho de que haya sido un cubano su presidente -el doctor Bustamante-, el papel que su doctrina jurídica tuvo para los derechos internacionales, y sobre todo el derecho de las pequeñas naciones, particularmente las pequeñas naciones hispanoamericanas. Entonces yo considero que hay que estudiar la República, que no puede ser borrada de un plumazo; hay que ver el papel que desempeñaron las contradicciones, las posiciones de los grupos de batalla en esa época. Por ejemplo, los que aprobaron la Enmienda Platt, bajo qué condiciones. Generalmente no hubo ninguna anuencia, o casi ninguna a favor del carácter real de la Enmienda como elemento de intervención, como elemento de sujeción, como elemento de menoscabo de la soberanía cubana, hasta hacer inviable esa soberanía. No hubo generalmente anuencia a eso. Los que la aceptaron para continuar la lucha consideraban que era necesario tomar en ese momento lo que se nos daba, para buscar y aspirar a lo máximo. Quiero decir que hay que estudiar, estudiar profundamente, y no se puede, de ninguna manera, hablar de la República como de un monstruo inexistente, de algo que no existió. No es posible.

-¿Cómo evalúa la labor realizada por la historiografía republicana? ¿La obra, por ejemplo, de figuras como Ramiro Guerra, Herminio Portell Vilá, Leví Marrero y Emilio Roig de Leuchsenring?

-Son, a veces, enfoques distintos, distanciados por una actitud fundamental ante la cuestión de la injerencia norteamericana en Cuba. Ramiro Guerra, por ejemplo, es el historiador; es un maestro, un pedagogo. Su Historia es un documento de una eticidad absolutamente inobjetable, y él en sus libros se asoma, se coloca ante el dilema de la injerencia norteamericana en la República, la denuncia; no produce un análisis profundo de las causas y razones, y no desnuda el fenómeno; pero llega hasta el umbral, evidentemente; es hasta ahí donde podía llegar. Y eso está avalado por su conducta, por su vida personal, y por su carácter. Emilio Roig sí entra de lleno en el problema.

Yo te diría, por ejemplo, que para comprender el pensamiento cubano, es indispensable estudiar La expansión territorial de los Estados Unidos, de Ramiro Guerra. Es un libro fundamental para poder entenderlo. Pero también es importante estudiar a Herminio Portell Vilá, que después, con su vida, se aparta de las que habían sido sus convicciones; pero no olvidemos nunca que es el autor de una obra monumental que se llama Cuba y sus relaciones con Estados Unidos y España. Es un libro esencial para estudiar, para comprender el diferendum cubano-norteamericano; esta obra y otras del profesor Portell Vilá.

Tomó un protagonismo importante en los congresos internacionales de historia, convocados por Emilio Roig; estuvo en un círculo de amigos, muy apreciado por Roig; después vino un distanciamiento profundo cuando, llevado por su anticomunismo absoluto, no se da cuenta de las originalidades y de las virtudes que estaban presentes en la Revolución cubana. No la interpreta, y aterrorizado, se va a poner al servicio de los propios intereses que ha combatido. Este es un análisis que hay que hacer, pero sin invalidar la obra. Esto es importantísimo.

-¿Leví Marrero y Emilio Roig?

-Leví Marrero: una obra monumental. Una obra mo-nu-men-tal, que nadie puede desconocer. Hay que situarlo dentro de esa obra de la geografía política cubana, en que cada cual hace un aporte importantísimo, muy concluyente: es el trabajo de Pedro Cañas Abril, son las investigaciones de Sara Isalgué y de Salvador Massip, son los propios trabajos del joven Núñez Jiménez en su momento. Pero Leví Marrero es un hombre de gran sabiduría y su obra es una obra enciclopédica que tendrá que ser consultada, independientemente de sus posiciones personales. Es algo a lo que se puede aplicar aquello de que “el arte no tiene patria, pero los artistas sí”. O sea, podemos enjuiciar las posiciones personales del doctor Leví Marrero; podemos someterlas a debate; pero no su obra.

-¿Y Emilio Roig?

-Emilio Roig de Leuschenring fue uno de los hombres más completos, a mi juicio. Pero es un hombre que se desenvuelve en otros rangos. Emilito se percató de la importancia de la polémica política y de la prensa; no se perdió nunca en su gabinete a hacer historia, solamente a investigar y a publicar libros, sino que fue un polemista; y además un costumbrista. Se dio cuenta de que las costumbres y el carácter tenían mucho que ver y condicionaban o tipificaban mucho la posición de los cubanos ante la sociedad y la historia; por eso fue un costumbrista, por eso fue un periodista.

Advirtió el papel de la ciudad, de las grandes ciudades, y particularmente de La Habana, como lugar que tiene un gran peso en la historia de los acontecimientos. Y por eso fue, además, el historiador de la ciudad. Se dio cuenta de la importancia de los monumentos públicos como resortes de la memoria, y por eso defendió y creó instituciones. Pero lo más importante de su obra, de su sentido martiano, de su carácter cubano, es que está signada por una comprensión de que el pueblo cubano había luchado y había logrado su independencia por su propio esfuerzo; de que Cuba debía ser libre -como decía Martí- de España y de los Estados Unidos; de que el imperialismo norteamericano había tenido un papel nefasto en sus relaciones con Cuba. No hablo de la cultura norteamericana, no hablo de la nación norteamericana, hablo de la acción imperial desnudada a lo largo de su obra: en su estudio sobre la Enmienda Platt, en su ensayo luminoso “Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos”. Él deja claro, muy claro, que hay una diferencia absoluta entre las vanguardias políticas, defensoras de la justicia, defensoras de los inmigrantes, defensoras de los pobres, de los negros, de Cuba, y la élite política plagada de intereses inconfesables que siempre creyó que Cuba era la fruta madura que debía desprenderse del árbol. He ahí la distinción entre Roig y las otras personalidades que hemos mencionado.

En el Centro Histórico de La Habana hay algunos símbolos de esa República; está el Palacio Presidencial, el Capitolio, y está también el Palacio del Segundo Cabo, que es anterior, pero donde sesionó la primera Legislatura cubana.

Y acabamos de terminar la restauración de la Cámara de Representantes, construida en 1913, anterior al Capitolio y que hemos conservado; porque el Palacio del Segundo Cabo se transformó, se cambió; pero hemos logrado restaurar la Cámara de Representantes, restituir en ella un busto de Máximo Gómez, cien años después, el mismo día y a la misma hora en que había sido expulsado por una Asamblea Legislativa formada por muchos cubanos de mérito, no solo por oportunistas y traidores. El que se paró allí para decir “si hay que fusilar a Máximo Gómez y hace falta un General para hacerlo, cuenten conmigo”, era un patriota imborrable de la historia de Cuba. Tal era la confusión del momento.

El mismo día y a la misma hora, entronizamos su monumento en bronce en el hemiciclo de este primitivo Parlamento, de esta Cámara Baja cubana. En el mismo edificio en el que Raúl Roa realizó su impresionante labor editorial y de divulgación cultural en el Ministerio de Educación, en los tiempos de Aureliano Sánchez Arango. En el mismo lugar a donde llegó Eduardo Chibás, con su denuncia, que era en definitiva un enfrentamiento contra la corrupción conceptual y latente de la República, independientemente de que fuese cierto o no que Aureliano tuviese las fincas que se le atribuían en Guatemala. El lugar desde donde Armando Hart dirigió la campaña de alfabetización -porque ya era Ministerio de Educación en el momento del triunfo de la Revolución. Ahí estuvimos, y el doctor Hart me dijo, “desde aquí dirigimos el movimiento de la alfabetización en Cuba”. Ese lugar está totalmente restaurado, con todos los atributos del Ministerio de Educación y los de la Cámara de Representantes, las condecoraciones de aquella época, las medallas conmemorativas, los documentos, el texto constitucional de 1940. Es decir, no podemos explicar la historia de Cuba, ni amar la historia actual, desconociendo el pasado, ni admitir tampoco una explicación simplista porque, sencillamente, es poco serio.

-¿Cuál sería a su juicio el balance de la cultura de aquella República y su legado al momento actual?

-Bueno, figúrate. Si nosotros, por ejemplo, no comprendemos el papel desempeñado por el grupo de Avance, o por Orígenes, o por la Sociedad Pro-Arte Musical, no podemos entender la cultura cubana. Fue allí, en Pro-Arte Musical, donde se abrió un espacio a la cultura, un espacio muy democrático, porque las vanguardias políticas cubanas -que eran vanguardias de izquierda, no crípticas, sino confesas- estaban allí; allí fueron a participar en la musicología, en el ballet, en las artes plásticas, en el teatro, pero sobre todo en la música. En ese período cristaliza el teatro cubano. ¿Qué pensar del grupo de Avance? Son las ideas, la defensa de las ideas, la organización de la vida cultural, las exposiciones, el trabajo con las personalidades políticas.

¿Qué pensar de Orígenes? Un grupo de meditación, de reflexión, como siempre tiene que haberlo en toda sociedad. No era una élite en una torre de marfil, era una vanguardia. Quizás menos polémica, una vanguardia que estaba en el culto de ciertas cosas, que son indispensables a toda sociedad y que la mezquindad de la vida republicana y de la sociedad -que podríamos llamar política- no permitía generar, y ellos lo hicieron. Y, desde luego, estaban también las grandes individualidades de la cultura cubana. En ese período hay una serie de cosas de una importancia tal, que no podríamos entender la Revolución sin la República.

Tomado de Temas, n. 24-25, enero-junio de 2001.



 
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