26.1.2014 Me entero que Raúl y Fidel le ofrecieron un almuerzo a la presidenta argentna Cristina Fernandez de Kirchner. Ojalá que dejando de lado las cuestiones protocolares y la cortesía que los caracteriza tanto el uno como el otro le hayan sugerido algunas recomendaciones sobre como enfrentar la ofensiva del gran capital, que ha lanzado a una ofensiva restauradora -volver con todo a los noventas- de una virulencia similar a la que en su momento volteara a los gobiernos de Alfonsín y de la Alianza. Y hablando de Fidel, y recordando al gran Juan Gelman, comparto un poema suyo dedicado a Fidel, publicado días atrás por los amigos de Con Nuestra América.
"Fidel", un poema de Juan Gelman
En esta edición ofrecemos una mirada poética de Juan Gelman sobre el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, quien celebró el pasado 13 de agosto sus 84 años de vida. Dos figuras imprescindibles en la historia política y literaria de nuestra América.
Fidel Por Juan Gelman Del poemario “Gotán” (1962).
dirán exactamente de fidel gran conductor el que incendió la historia etcétera pero el pueblo lo llama el caballo y es cierto fidel montó sobre fidel un día se lanzó de cabeza contra el dolor contra la muerte pero más todavía contra el polvo del alma la Historia parlará de sus hechos gloriosos prefiero recordarlo en el rincón del día en que miró su tierra y dijo soy la tierra en que miró su pueblo y dijo soy el pueblo y abolió sus dolores sus sombras sus olvidos y solo contra el mundo levantó en una estaca su propio corazón el único que tuvo lo desplegó en el aire como una gran bandera como un fuego encendido contra la noche oscura como un golpe de amor en la cara del miedo como un hombre que entra temblando en el amor alzó su corazón lo agitaba en el aire lo daba de comer de beber de encender fidel es un país yo lo vi con oleajes de rostros en su rostro la Historia arreglará sus cuentas allá ella pero lo vi cuando subía gente por sus hubiéramos buenas noches Historia agranda tus portones entramos con fidel con el caballo
Fuente: Gelman, Juan (2003). Pesar todo (Antología). La Habana: Fondo Editorial de Casa de las Américas. Pág.51
29 Diciembre 2014 Ya a punto de concluir el año, comparto esta nota que acaba de ser recogida por varios periódicos digitales sobre lo que se puede esperar de los anuncios de Barack Obama en relación a Cuba.
Ilustración del diario Página/12 (Buenos Aires) dando cuenta de los anuncios del 17 de Diciembre
(Por Atilio A. Boron) Escribimos estas líneas con la inmensa alegría que nos produjo la exitosa culminación de la campaña que el pueblo y el gobierno de Cuba lanzaron para repatriar a los cinco luchadores antiterroristas injustamente encarcelados por la “justicia” de los Estados Unidos, que jamás se preocupó por enjuiciar a connotados y confesos terroristas como Orlando Bosch y Luis Posada Carriles o a un financista y ejecutor de atentados terroristas como Jorge Mas Canosa. Refiriéndose a “Los 5” Fidel dijo en su momento “volverán” y volvieron; como antes, en el incidente del niño Elián González, cuando también aseguró que Elián volvería a Cuba, y volvió. Dicho esto quisiéramos compartir una reflexión sobre las razones que explican el cambio en la política exterior de Estados Unidos en
relación a Cuba y lo que esto podría significar para la Isla y América Latina y el Caribe.
El absoluto fracaso de más de medio siglo de bloqueo y agresiones es uno de los factores más evidentes que originaron el viraje de Washington. La Revolución Cubana resistió a pie firme, dignamente y sin concesiones, tamaña agresión y al final del día el Goliat del planeta tuvo que reconocer su derrota, algo que muy rara vez hace la siempre arrogante superpotencia. Lo hizo el presidente Barack Obama en su discurso y de modo todavía más enfático su Secretario de Estado, John Kerry, cuando al pronunciar el suyo, un par de horas más tarde, dijo que “durante medio siglo aplicamos una política para aislar a Cuba y los que terminamos aislados fuimos nosotros.” Claro está que otros factores también jugaron un papel: la intervención del Papa Francisco fue mucho más allá de una piadosa exhortación o una “gestión de buenos oficios”, tal como convencionalmente se la entiende. Fue una mediación en donde la influencia papal para arribar a un acuerdo parece haber sido más gravitante que lo normal en este tipo de mediaciones. El tiempo permitirá calibrar con precisión las características de esa gestión. Además, el reiterado repudio que la política del bloqueo cosechaba año tras año en la Asamblea General de las Naciones Unidas, e inclusive en el seno de la OEA, fue debilitando la firmeza de la política anticubana. Otro factor fue la honrosa insistencia de los países latinoamericanos y caribeños sin excepción para exigir el fin del bloqueo y la liberación de “Los 5”. El papel de la UNASUR y la CELAC también fue de importancia para precipitar esta reorientación de la política de la Casa Blanca. Pero lo que a nuestro juicio fue decisivo para producir este viraje fue el cálculo geopolítico realizado por los estrategas del imperio, que recomendaba acabar con una política que no sólo era inefectiva -como las torturas de la CIA, según el reciente Informe del Senado- sino que además era contraproducente para garantizar la seguridad nacional estadounidense en momentos tan críticos como el que actualmente atraviesa el sistema internacional. En las páginas que siguen trataremos de desarrollar en cierto detalle este argumento.
En el corazón mismo del municipio Centro Habana, en la calle Marqués González entre San Miguel y Neptuno, existe un lugar impresionante y acogedor.
En un espacio amplio, lleno de homenajes, recuerdos, reconocimientos y calor humano. El asaltante al Moncada Alejandro Ferrás Pellicer, con sus jóvenes y enérgicos 92 años, ha levantado con mucho amor, fidelidad, dedicación y espíritu revolucionario un sitial que, según sus propias palabras, es el segundo Moncada del país.
Nacido en Gibara, Holguín, el 12 de diciembre de 1920, es el mayor de los tres hermanos que participaron en los sucesos del 26 de Julio. Armelio y Antonio Ferrás Pellicer, nacidos en 1923 y 1929, fallecieron en el año 2005.
Ferrás fue rápido y preciso al explicar las motivaciones que los llevaron a participar en los sucesos del 26 de Julio.
En la táctica de Fidel para las elecciones generales de 1952, comenta, estuvo la de promover su candidatura como congresista por el Partido Ortodoxo, para lo cual se postuló por el distrito de Cayo Hueso, área tan poblada como pobre. Si bien aquel proceso electoral fue interrumpido abruptamente por el golpe militar de Batista, Fidel dejó su impronta en dicho barrio.
Cuenta el nonagenario combatiente que conoció a Fidel durante el tiempo que desarrolló su campaña electoral en Cayo Hueso, pero que, poco antes del 26 de Julio, sostuvo con él una conversación en su imprenta, situada en la calle Lucena 304 y 306, que decidió su futuro, el de sus hermanos y el de sus amigos.
Del propio Fidel conoció el programa de acción que se proponía. El mismo incluía la lucha armada,a fin de cambiar el sistema político, económico y social imperante en Cuba, que perspectivamente, podría ser el inicio de un profundo cambio social en América Latina. La reacción del futuro asaltante fue inmediata. No solo se comprometió con Fidel personalmente, sino le dijo: “con usted vamos siete, entre ellos mis dos hermanos”.
Narra Ferrás que desde hacía tiempo ese grupo andaba buscando a un líder para poder incorporarse a la lucha, y terminada la conversación con Fidel, le comentó al resto del grupo: ya encontramos al líder que buscábamos, tras lo cual le dijo a Fidel: “estamos contigo incondicionalmente, con tu programa, con tu lucha, y por ella estamos dispuestos a ser perseguidos, prisioneros, torturados, lo que sea… Estamos dispuestos a todo”, le añadió, “hasta a desaparecer con toda la familia si es preciso, pero la patria hay que defenderla, la independencia hay que conquistarla”, y se incorporaron a la lucha.
Después del triunfo de la Revolución, Ferrás, junto a sus hermanos, sintieron la necesidad de hacer un Moncada en Cayo Hueso, por dos razones principales:
Cayo Hueso fue un barrio, que tuvo gran importancia para la Revolución y para la historia de Cuba.
En cuanto a la Revolución, porque hubo una especial participación de sus habitantes en las luchas preparatorias y en el asalto mismo al Moncada; el lugar escogido por Fidel para lanzar su campaña política que lo llevara al Congreso de la República por el Partido Ortodoxo, para desde allí iniciar su lucha reivindicativa con expectativas de extenderla a planos superiores y porque allí precisamente buscó y recibió el líder una buena parte del respaldo popular que necesitaba, en sus inicios, para llevar adelante su obra emancipadora.
La segunda razón es, cómo se dio en Cayo Hueso la continuidad histórica del proceso nacional liberador cubano. Al respecto señaló que, a unos pasos de donde se encuentra enclavado el sitial, se levanta la Sociedad de Torcedores de La Habana, la cual fue construida en 1925, centavo a centavo, por los trabajadores tabacaleros. Centro que albergó las aulas de la Universidad Popular José Martí, lugar donde fueron veladas las cenizas de Rubén y de Aracelio, y que cobijó a Lázaro y al resto de los dirigentes de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) cuando su dirección fue usurpada por Mujal y su equipo de servidores del imperio, con el respaldo de gobiernos y fuerzas armadas dependientes, que accionaron al ritmo de la Guerra Fría.
Pero al respecto, Ferrás recuerda que fueron los tabaqueros de Tampa quienes apoyaron económicamente a Martí para llevar adelante la Guerra de Independencia, que muchos regresaron para incorporarse a la misma, y otros que, ya instaurada la neocolonia, al conocer que ese territorio se llamaba Cayo Hueso, retornaron a vivir en esa zona, o siguieron ayudando económicamente a los tabaqueros a través de la Sociedad de Torcedores y las diversas agrupaciones de tabaqueros que actuaban en ese territorio.
De esa suerte, afirma el combatiente revolucionario, justamente porque en Cayo Hueso estaban los tabaqueros, el memorial dedicado al Moncada da la continuidad histórica de aquellas luchas.
Precisamente por eso, comenta el activo Asaltante, cuando me propuse la idea de construir este mausoleo, llegué a pensar en llamarlo así “Continuidad histórica de los tabaqueros”, como una manera de que dicho memorial fuera también un homenaje a los tabaqueros que vinieron de Tampa a hacer la Revolución en el siglo XIX. Hacer aquí un Moncada en homenaje a esos tabaqueros que aportaron a Martí para la independencia de Cuba.
Finalmente Ferrás, sus compañeros y el pueblo de Cayo Hueso, crearon en su área un sitial que, como dice su promotor, levantaron en aquel espacio un Moncada que, como él mismo dice, es el segundo en Cuba, y el único que existe en América Latina, sin embargo, subraya: “debía crearse un Moncada en cada país latinoamericano pues, de un modo u otro, los Moncadistas también fueron a luchar por la liberación de esos pueblos, tal como se reconocía también en su programa de lucha”. Pero dice más, apunta que “el Moncada es símbolo universal de la libertad de los pueblos”. Por eso el sitial consagrado al Moncada, a lo tabaqueros como parte de los trabajadores que participaron en nuestro proceso nacional liberador y de los cuales el Moncada es consecuencia, símbolo y resumen, es también un homenaje a los pueblos latinoamericanos que recorren el camino de su verdadera independencia.
Para este fiel combatiente revolucionario no pasan inadvertidas las dificultades que confronta la sociedad cubana actual. Al respecto es tajante y oportuno:
“El Moncada, dice, fue una necesidad histórica, si no hubiera existido, todavía estaríamos dominados por los yanquis. Tenemos un Moncada en Cayo Hueso, a los tabaqueros ahí, y la historia escrita del Municipio, de lo que es la libertad de Cuba y lo que es la Revolución cubana, sin embargo, nos encontramos ante un nuevo Moncada”.
“A nosotros, nuestros antepasados solo nos dejaron hambre, dictaduras y muerte. Por eso luchamos por la libertad. Hoy tenemos la ventaja más grande que logramos en el Moncada: acabar con la dictadura, devolverle la libertad al pueblo cubano. Esa es la conquista y el capital más grande que puede tener un pueblo. Con esa motivación mis hermanos y yo seguimos a Fidel desde el Moncada y nos hemos mantenido fieles a él, a sus ideas, a través de nuestras vidas. Sin embargo, hoy nos acecha y nos golpea otro fuerte enemigo: la indisciplina social”.
“Ese elemento de perturbación está generando una situación que daña los valores de la nueva generación, sobre todo de los niños, muchas de cuyas familias no siembran en ellos los conceptos que son imprescindibles para la comprensión de la sociedad en que vivimos, y me pregunto ¿Cómo van a vivir esos niños en medio de esas ideas? ¿Acaso quienes siembran esas ideas quieren vivir en la dictadura otra vez?” Y concluye:
“La lucha contra la indisciplina social nos corresponde a los mayores, pero sobre todo a la juventud, llamada especialmente a defender esta causa, y es necesario que la defiendan, ante todo por sus hijos, por lo que de beneficio significa para sus vidas”.
Estas palabras reflejan el sentido de la vida de los Moncadistas, las motivaciones que tuvieron entonces y que mantienen ahora, la fidelidad a las ideas de ese líder revolucionario que ha consagrado su vida a la causa de la conquista, mantenimiento y defensa de la dignidad y de la independencia del pueblo cubano y de todos los oprimidos del mundo. De ese enorme líder cuyos sueños se van haciendo realidad, para orgullo de este pueblo, en los más diversos países del mundo, y especialmente en nuestra América.
La existencia de la Revolución cubana, su voluntad de avance, la fidelidad de sus seguidores, continuadores y jóvenes; el ver emerger, fuerte y decidida la Patria Grande de los mejores sueños libertarios de muchas generaciones de patriotas revolucionarios a lo largo de siglos; el avance hacia el triunfo universal del Moncada, son el mejor homenaje a la vida de un hombre que la consagró entera a esa causa y que, al cumplir sus 87 años, ve cómo se renueva su vida, su consagración y su doctrina en los hechos que ya van dando frutos, gracias al quehacer de las generaciones para quien sigue siendo acicate y ejemplo imperecedero, impulso para las batallas de la hora.