Acabo de hablar con un compañero de la televisión, que me pedía uno de los temas del concierto, para usarlo hoy en algo de la Cumbre de Panamá. Explicándole que aún no había podido escuchar el sonido que salió en la transmisión y que antes de dar luz verde debía revisarlo, me acordé del agudo comentario del segund@citero Romeo el que no escribe, y pensé que valdría la pena empezar esta nota explicando que autorizar a que un concierto salga en directo al aire, al menos a mi me genera un conflicto interno. Y no es por falta de facilidades de la televisión, con la que tenemos muy buenas relaciones. Ha habido casos en que yo mismo he certificado el sonido que la mesa nuestra le entrega al camión de la TV, pero cuando después lo han trasmitido la música se ha escuchado chillona, horrorosa.
Vaya si hay cosas más importantes que el sonido de un concierto. Ese es uno de los mínimos costes que suelen tener estos grandes eventos, donde los músicos acaso somos detalles de color en escenarios de verdaderos dramas. Pero qué privilegio participar en un evento que resume verdades trascendentes para millones de personas. Qué bien saberse parte de un esfuerzo que honra a la Historia continental, la que testimonia el afán de justicia y los puros deseos de que todo, aunque sea a pasitos, cada vez sea mejor.
Suscribo el discurso de Raúl, no sólo por respeto al compañero octogenario que se ha jugado por su pueblo desde que era un adolescente. Es que sólo dijo verdades. Así lo ratificará la Historia, como lo hicieron varios presidentes, entre ellos Cristina, que me aguó los ojos cuando dijo: Cuba está aquí porque luchó por más de 60 años con una dignidad sin precedentes, con un pueblo que sufrió y sufre aún muchas penurias, y porque ese pueblo fue dirigido por líderes que no traicionaron su lucha. En ese momento, como dicen que pasa cuando uno se muere, desfilaron en el recuerdo situaciones extremas, vividas en todos estos años, rostros de conocidos y desconocidos que cayeron en distintos frentes o se fueron luchando para que llegáramos a un día como hoy… que no sé si logrará ser un fin o un comienzo, pero sé que se va a recordar.
Aquí les van algunas pobres fotos que alcancé a hacer en las 36 horas que pasamos en Panamá.

Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita

“Me gustaría que pudieran ver lo que yo veo desde esta habitación. La costa baja y arenosa del Pacífico reflejando rascacielos fantasmas…” Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita

“…Y digo fantasmas porque no se ve ni una sola persona mirando desde los miles de balcones, ni una persiana abierta como alivio al fuego de la tarde, ni siquiera una humilde matica colgando, haciendo fotosíntesis de la luz tropical.” Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita

Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita

Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita

Entrada al parqueo de la Facultad de Administración Pública, donde fue el concierto. Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita

Prueba de sonido a mi derecha. Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita

Prueba de sonido a mi izquierda. Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita

Balcones con maticas. Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita

Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita

Foto: Silvio Rodríguez/ Segunda Cita