Sobre la importancia de la obra y personalidad de Lenin, hablan el corresponsal de "Pravda" Victor Kozhemiako y el filósofo, sociólogo y escritor Alexander Zinoviev
LENIN
La personalidad más relevante del siglo XX
Pravda Traducido del ruso para Rebelión por Josafat Sánchez Comín Enorme influencia en la humanidad
Victor KOZHEMIAKO. Se cumplen 80 años de la muerte de Vladimir Ilich Lenin… En tiempos pasados las fechas relacionadas con Lenin se celebraban en el país de una única forma: se rendía homenaje, se expresaba reconocimiento y agradecimiento al fundador del primer estado socialista del mundo. Ahora ese estado ya no existe y la actitud oficial hacia Lenin ha pasado a ser directamente la inversa. ¿Que opinión le merece esta situación?
Alexander ZINOVIEV. No voy a hablar aquí como seguidor de las ideas del marxismo-leninismo, sino como científico, investigador que solo se deja guiar por un principio: La verdad y solo la verdad a cualquier precio.
Mi opinión como ya he expresado en más de una ocasión es la siguiente. Él es uno de los más importantes personajes en la historia de la humanidad y el personaje más relevante del siglo XX. Cuando me piden nombrar a las mayores personalidades del siglo pasado, siempre digo y repito: Lenin y Stalin. El siglo XX es el sigo de Lenin y Stalin. Aunque de joven yo fuera antistalinista, fuera arrestado y estuviese preso en la Lubianka etc., mi conclusión hoy en día es precisamente esa. Y si hago esta aseveración es porque tengo fundamentos serios para hacerla como científico.
V.K. Aquí, Alexander Alexandrovich, surge una cuestión, en la que muchos anticomunistas a su manera se basan, inclusive los que reconocen la grandeza de Lenin. Ellos dicen: un gran hombre lo puede ser con el signo más o con el signo menos. Supongamos que es un genio, pero un genio del mal.
A.Z. No llamaría a Lenin y Stalin las mayores personalidades del siglo XX si lo fueran con el signo menos. A pesar de todos los defectos que pueda señalar cualquier crítico, si juzgamos en su conjunto el papel jugado por Lenin en la historia, no cabe duda que ha sido más que positivo. Dudo que se pueda encontrar algún personaje, con el que se le pueda comparar. En el siglo XIX se le podría comparar con Marx. Se les puede equiparar en cuanto a su significado para la historia.
El siglo XIX pasó a la historia como el siglo donde surgió la ideología más influyente en la historia de la humanidad; la ideología marxista. Ya en su siglo, jugó un papel colosal, convirtiéndose en el XX en uno de los factores más decisivos para la evolución del mundo. El enorme mérito histórico de Lenin consiste en que él desarrolló la ideología marxista, contando con los cambios que habían tenido lugar a comienzos del XX, creando una doctrina, a la que podemos llamar leninismo, y que supuso un considerable paso adelante en relación al marxismo.
Luego, valiéndose de esa doctrina, Lenin creó el partido bolchevique, un partido revolucionario, encaminado a dar un viraje revolucionario. En cuanto se dieron las circunstancias históricas, ese momento fue aprovechado. No conozco otro caso en toda la historia de tal importancia, cuando la aportación personal de una persona fuese tan relevante. De no haber existido Lenin, la revolución de Octubre o más tarde la Unión Soviética, no habría surgido en la historia una completa línea evolutiva comparable a la representada por el mundo capitalista occidental. Esta nueva línea evolutiva ejerció una enorme influencia para el posterior desarrollo de la humanidad. Viéndolo desde esta punto de vista, Lenin sin duda es el personaje número uno.
V.K. Pero hoy nos hacen la pregunta: ¿fue necesaria la revolución, teniendo en cuenta todas las conmociones sociales a ella asociadas? Y una segunda cuestión especialmente peliaguda tras la caída de la Unión Soviética, cuando lo que esta ocurriendo, por así decir, es una vuelta a lo que teníamos, al pasado, al sistema de la propiedad privada; ¿de que han servido entonces todos los años de dominio soviético? ¿Acaso no ha sido todo en vano, innecesario?
A.Z. Ese tipo de preguntas y afirmaciones carecen por completo de sentido. A su manera sirven como testimonio de la miseria intelectual, y del odio visceral hacia todo lo que representa el marxismo, el leninismo, el comunismo. ¿Por qué son absurdas? La revolución no surgió de la nada. Fue el resultado lógico de un proceso de siglos, fruto de la lucha de los mejores representantes del género humano.
V.K. ¿Qué le hace pensar así?
A.Z. Analizo como sociólogo la evolución de la humanidad, la revolución y la época post-revolucionaria. Y le puedo asegurar: de no haberse producido la revolución de Octubre, si no se hubiera formado la Unión Soviética, si el movimiento comunista no hubiera jugado el papel que jugó, la humanidad estaría en el camino de la degradación y ahora se encontraría en un estado terriblemente lamentable. Gracias a la revolución comunista y a todo lo relacionado con ella, la humanidad fue entonces salvada del abismo, de un terrible retroceso. Por eso el golpe recibido por la Unión Soviética y su destrucción, la destrucción del comunismo soviético, ha supuesto una enorme perdida para la humanidad. Como resultado se ha producido un retroceso evolutivo. La humanidad ha entrado en una rama inferior de la evolución.
Analizando lo que está ocurriendo ahora en Rusia, lo que vemos, es que el golpe anticomunista ha supuesto el inicio de una persecución, de un "pogrom"contra todos los grandes logros del periodo soviético. Están promoviendo que se genere la sensación de que todo en la época soviética ha sido inútil. Sin embargo, los logros del comunismo soviético, iniciado por Lenin, han dejado una profunda huella en la historia de la humanidad. La influencia de nuestra revolución y de que aquello que se hacía en nuestro país, ha sido tan importante para la humanidad que incluso occidente, a pesar de todo, ha seguido por nuestra senda. Muchos logros, de los que podemos ver en occidente, no hubieran sido posibles de no haber existido la Unión Soviética, de no haber existido la concurrencia de los dos sistemas. Analizando el mundo occidental, puedo demostrar hasta que punto nos ha copiado Occidente y todo lo que ha hecho bajo la influencia de los éxitos del movimiento comunista en el siglo XX.
V.K. ¿en el plano social, se refiere?
A.Z. En el plano social y en todos los sentidos. El progreso cientifico-técnico y muchas cosas más.
Como sociólogo puedo afirmar que este arrebato repentino de tendencias privatizadoras, es ya de por si agónico. No es algo que haya venido para quedarse eternamente, es algo que no puede durar mucho tiempo... La humanidad no podría existir si este embrutecimiento, relacionado con la vuelta al pasado continuase.
…Así que no hay que hablar de Lenin ni de nuestra revolución, que no había que haber maquinado nada de esto… Pues no solo era necesario hacerlo, era necesario haberlo sabido defender. ¿Y que tenemos como resultado? Una capitulación sin combate, por así decirlo. Claro está, teniendo en cuenta el factor de la traición de los altos mandatarios.
V.K. Y el factor de la propaganda de increíbles proporciones, incluyendo la antileninista. Han atontado al pueblo.
A.Z. Naturalmente. Esto siempre ha formado parte de la propaganda anticomunista. El anticomunismo ha sido el elemento más importante de la ideología occidental, y la desacreditación y difamación de sus líderes conforman un componente imprescindible del anticomunismo.
V.K. Primero de Stalin, y después de Lenin.
A.Z. Los han desacreditado al mismo tiempo, solo que en mayor o menor medida. Ahora dicen que han encontrado supuestos documentos… El mayor de mis desprecios para esa gente. Son chacales, expoliadores, inmundicia prehistórica.
Sus acciones fueron dictadas por las circunstancias de su tiempo.
V.K. Y sobre este fondo, la cuestión sobre la personalidad de Lenin. ¿Cómo definiría las cualidades humanas de Lenin en comparación con esta gentucilla?
A.Z. ¿Sabe? Esenin tenía razón cuando decía: "Lo grande se ve mejor de lejos". Podemos tomar a cualquier gran hombre, pongamos a Napoleón y escribir: tenía llagas, padecía del estómago, era de corta estatura y barrigón. Pero Napoleón igualmente seguirá siendo Napoleón. Pese a todo, él fue quién consiguió ganar todas esas batallas y asestar un golpe al feudalismo, como nadie lo había hecho.
Recuerdo como hace unos años entrevistaban por la televisión a alguien del Instituto del cerebro:" Dicen que Lenin era un genio, y nosotros hemos analizado su cerebro y no hemos detectado nada genial." Esta persona no solo es tonto, sino un sinvergüenza. ¿Y si le hubieran dado a analizar el cerebro de Kant, de quien se sabe que tenía la cabeza pequeña? ¡Pero era un genio! La cabeza más grande puede que la tenga alguien con síndrome de Down. A la gente hay que juzgarla por sus actos. Por eso Lenin, aparte de sus cualidades humanas, merece toda nuestra admiración.
V.K. Últimamente, oyendo aseveraciones sobre la crueldad de la revolución, hablan y escriben, poco menos que sobre la crueldad patológica de Lenin como uno de los rasgos de su persona. Y parece que han convencido a muchos.
A.Z. Que tontería. Realmente fue una gran revolución. ¿Acaso los enemigos estaban sentados como corderitos, mientras los monstruos de Lenin y Stalin iban con sus revólveres fusilando a quién se les venía en gana? Hubo lucha. Una lucha colosal. ¿O me van a venir diciendo ahora que los blancos y los ocupantes extranjeros no fusilaron a nadie? En mi juventud, debido a mi ignorancia, yo también les criticaba. Luego con los años, y la sabiduría que dan, me puse a reflexionar: Está bien, Zinoviev, no estas de acuerdo, digamos con el actuar de Lenin y Stalin. Pero ¿qué habrías hecho tú de haber estado en su lugar? Y la conclusión solo podía ser una: No habría podido actuar de otro modo. Basta de especulaciones sobre "crueldad", "represiones" etc. Actuar de otro modo, históricamente era imposible. Todo lo que se hizo, se hizo obligado por las circunstancias.
Diré más. Si de algo se puede acusar sobre este tema a Stalin y a Lenin, en mi opinión es que se quedaron cortos. Cuanta mierda dejaron, que está saliendo ahora a la superficie. Y el daño que esa basura está haciendo a nuestro país. El daño que esta gente está haciendo no se puede comparar con los errores de Lenin o Stalin, es decenas, cientos de veces mayor.
Por primera vez en la historia el índice de mortalidad ha superado al de natalidad, y el número de rusos ha comenzado a descender a pasos agigantados. Nos están aniquilando, en todo el significado de la palabra. Y sobre ese escenario se permiten verter difamaciones sobre Lenin y Stalin, obligando al pueblo a olvidar, el país por ellos creado.
V.K. En efecto, las nuevas generaciones ya no saben que era eso de la educación y sanidad gratuitas y universales, de la casi gratuidad de la vivienda y muchas otras cosa en las que los jóvenes de ahora ya no pueden ni soñar. Los logros de nuestra ciencia y cultura… quieren que todo eso sea olvidado…
A.Z. Ya lo he dicho en más de una ocasión y no me cansaré de repetirlo: El periodo soviético ha sido la cima de la historia rusa. Hace tiempo que dije que en caso de destruir el sistema soviético, lo que viniese a sustituirle, supondría un enorme retroceso. Algo que puede conducir a la muerte de los rusos como pueblo. En esencia, estamos en ese camino.
Salvó a Rusia
V.K. Entonces se puede decir, que Lenin al que ahora casi ponen de rusófobo, en su momento salvo al pueblo ruso y a Rusia. ¿No es así?
A.Z. Completamente de acuerdo. Pero a lo dicho, quisiera añadir una circunstancia más. Todo lo que ha pasado y está pasando ahora en el planeta, no se puede reducir sólo a la lucha de sistemas sociales.
Ya que para Occidente, quien promovió y sigue llevando una guerra contra nuestro país, el comunismo solo era en cierto modo la excusa.
De no haber existido la revolución de Octubre y la Unión Soviética, de no haberse creado el estado soviético en Rusia, Occidente hubiera arrasado y conquistado esta región desde hace tiempo.
V.K. Es decir que la lucha de Lenin por el estado soviético, lo era también por Rusia.
A.Z. Podemos afirmar con rotundidad, que el sistema soviético, surgió como forma de subsistencia de los pueblos del imperio zarista y del pueblo ruso ante todo. En la situación que se daba entonces, de no haber sucedido lo que se produjo bajo la dirección de Lenin, Rusia se hubiera convertido hace tiempo en una colonia y despedazada en trocitos.
V.K. Que es propiamente lo que viene sucediendo desde 1991. Ver para creer…
A.Z. Y ahora tras la destrucción del sistema soviético, esta tendencia continúa.
Quisiera señalar una vez más: Los avances sociales que hicimos, fueron imitados por occidente. Yo fui quien escribió: "da la impresión que occidente se ha ofendido de ver como los rusos les aventajaban en el grado evolutivo, mínimo en cincuenta años."
Aplastaron a los rusos, y ahora se quieren apropiar de los avances que se hicieron en nuestro país.
Usted dice: reconocer la aportación de Lenin. Nunca lo harán. Todo lo que hicimos, nos lo están robando, presentándolo como un logro propio. Nos quieren borrar de la historia. No porque Lenin fuera un miserable. Al contrario, porque él fue grande.
A Lenin y a Stalin los borran, y cualquier caterva del tipo de Gorbachov o Yeltsin y sus seguidores, son subidos a los altares. Recuerdo (y tampoco hace mucho de esto) a Yeltsin interviniendo en calidad de secretario del comité local, en el pleno del CC del PCUS, diciendo: Juro mi cargo ante el CC y personalmente ante Leonid Ilich Briezhnev… Apenas nos giramos, vemos a este tipo corriendo al Congreso de los EE.UU. donde declara: Les juro, que no permitiremos el renacer del monstruo del comunismo.
¿Pero que es esto? ¿Qué clase de gente es esta? El propio Gorbachov va ahora por ahí diciendo que él desde el principio se había fijado como objetivo la destrucción del sistema soviético. ¿Alguien se puede imaginar a este sujeto, a este gris carrerista salido del Komsomol, que mordía hasta el metal para poder trepar por la escalera de méritos, que pensara entonces en destruir la Unión Soviética? Ni aunque hubiera sido captado por los servicios secretos occidentales.
Incluso sus jefes de entonces no podían soñar con eso. ¿Cómo comenzó la guerra fría? ¿Cuál era su objetivo? Limitar la influencia de la Unión Soviética en Europa. ¡Limitar! Solo cuando Gorbachov consiguió escalar a lo más alto, hablaron de liquidarla…
De Lenin y Stalin… a Yeltsin y Putin
V.K Es amargo ver los resultados del alejamiento del país del camino de Lenin.
A.Z. Lo más terrible radica en ver como a consecuencia de la desaparición de ese sistema social, que fue creado en nuestro país gracias al esfuerzo de esos titanes de la humanidad como son Lenin y Stalin, Rusia ha perdido la capacidad de sobrevivir en las condiciones actuales en nuestro planeta, de defenderse y de defender su dignidad en la historia. Era una aspiración de Occidente. Siempre lo había sido, pero especialmente desde los primeros días de existencia del sistema soviético, implantado bajo la dirección de Lenin.
Se ha producido un crimen contra las mejores gentes de nuestro país. Un crimen que continúa, y que además es dirigido por el poder, y apoyado por la autodenominada élite intelectual y cultural.
V.K. Podríamos decir que ha adoptado un carácter sistemático, dirigido.
A.Z. Estamos asistiendo a una auténtica orgía de la propiedad privada, de la contrarrevolución. Es una reacción ya no solo frente al periodo soviético, sino frente a todo lo acontecido en el mundo desde la época del Renacimiento. Están conduciendo al mundo a la penumbra de la edad media. La violencia se ejerce desde todos los ámbitos. Y el hecho de que el imperio de los EE.UU. imponga su ley al mundo, es algo terrible. La Unión Soviética era el único contrapeso. Se la tenía en cuenta. Ahora pueden hacer lo que quieran.
No acabaríamos si enumeráramos todo lo que ha perdido el país de Lenin en los último años. En parte ya hemos hablado de ello. Quisiera solo añadir una cosa. En la época soviética, comenzando desde Lenin y luego continuando con más fuerza con Stalin, en la vida de nuestro país se había introducido esa aspiración a crear un futuro mejor. Había un dinamismo poco usual en todo lo que hacíamos, una especie de tensión histórica.
Por difícil que nos tocase en el plano material, y pasase lo que pasase, todos nos sentíamos un poco como participes de algo importante.
V.K. Participes de una misión histórica.
A.Z. Algo épico. Ahora todo eso ha sido destruido. Ese sentimiento de apego a la historia ha sido liquidado. Aquello era un importantísimo factor de cohesión y movilización, que determinaba toda la vida del país, desde las más altas instancias, hasta las más pequeñas células de la sociedad. El país, por así decir estaba imantado.
Todo esto ha desaparecido. ¿Y que tenemos? Una completa descomposición moral e ideológica de la sociedad. La degradación. Si nos fijamos como vive ahora la mayoría de la gente, surge la sensación de un continuado traqueteo. ¿Para que viven? ¿ Piensan acaso en el futuro del país? No, parece como si los hubieran liberado de esa preocupación.
¿Y en que se han convertido? Ha descencido enormemente el nivel de productividad de la población. (Yo introduje en su tiempo, el concepto de coeficiente de utilidad social, o productividad). La estructura de la población en la época soviética: como mínimo el 80 % lo componían gente socialmente útiles: obreros, campesinos, ingenieros, mecánicos, técnicos, médicos, maestros, científicos, oficiales etc. ¡80%! El 20% restante no es que fueran parásitos, sino socialmente menos útiles.
¿Qué tenemos ahora? La correlación es directamente la contraria. Fíjense quienes componen ahora la población rusa. El aparato burocrático se ha duplicado en comparación con el existente ¡en toda la Unión Soviética!
Se ha multiplicado en varias veces el número de restaurantes, tiendas de todo tipo, casinos y demás centros de diversión. Se considera que eso es algo bueno. Pero en estos negocios está ocupada la parte más floreciente de nuestra juventud. Sin ningún otro aliciente. Su nivel moral e intelectual es cercano a cero. ¿Y cuanta gente a pasado a formar parte de las bandas de delincuentes?
La drogadicción y alcoholismo han alcanzado unas cifras escandalosas. Eso es lo que ha ocurrido.
V.K. Y la producción en gran medida destruida.
A.Z. La producción, la ciencia, la cultura… Como resultado un profesor de universidad, con decenas de descubrimientos y cientos de publicaciones científicas, recibe mucho menos que un vigilante de cualquier empresa privada. Lo que ha ocurrido es una aberración total de la escala de valores.
V.K. Esto es lo que tenemos tras la destrucción del país de Lenin.
A.Z. Está claro, una sociedad que se encuentra en este estado, no necesita a Lenin. Lo que hoy tenemos son politicuchos, a los que los medios de comunicación inflan como pompas de jabón. De la mañana a la noche, los tenemos en la pantalla del televisor, y se crea una cierta apariencia de algo.
Yo introduzco el termino de"nivel de imitación teatral de la vida". O como dicen: virtual. Él ha apartado al aspecto fundamental de la existencia, anteponiéndose.
Toda esa telebasura, toda esa ostentación. En el periodo soviético criticaban la ostentación… ahora es mil veces peor.
Toda esa irresponsabilidad civil y social que caracteriza a nuestros actuales dirigentes, invade todas las capas sociales. No es de extrañar que escupan en la memoria de los grandes hombres de nuestro pasado soviético. De Lenin, en primer lugar.
Titán y pigmeo
V.k. Realmente, es repugnante ver y escuchar, a nuestros políticos actuales, que no desaprovechan la menos oportunidad, para ensuciar, ridiculizar la figura de Lenin, presentarlo desaliñado, vestido de negro, sacar muchas de sus declaraciones y citas de contexto. Así por ejemplo durante su reciente intervención en el programa televisivo "al habla con el pueblo", Putin no desaprovechó la ocasión para así de pasada, soltar que Lenin consideraba a los rusos malos trabajadores. Esta cita a medias está sacada de "Tareas inminentes del poder soviético", donde se estaba refiriendo sobre las mejoras necesarias en la organización del trabajo. Por no hablar del resto de miembros del gobierno, que no pierden ocasión para desacreditar, denigrar y rebajar a Stalin y Lenin.
A.Z. Uno de los motivos de que les ridiculicen es para enaltecerse ellos. Lenin es un Titán, y ellos unos pigmeos. Todo lo que ellos hacen es destruir. Con tal de engrandecerse, se prestan para lo que usted ha dicho.
Hay dos caminos: hacer algo mejor, de lo que hicieron nuestros predecesores, o despreciarles. Si a nuestros predecesores los presentamos como algo malo e insignificante, nosotros casi parecemos gente grande. Ese es el camino que han elegido.
Pero pienso que no podrán evitar el juicio de la historia. El significado de Lenin, su enorme aporte, su personalidad y todos sus méritos ante Rusia y ante la humanidad no podrán ser ocultados por la calumnia.
En las últimas décadas del siglo XIX, el abismo existente entre el zar Alejandro III, defensor del absolutismo bizantino de sus antepasados, y la clase cultivada se había agravado hasta tal punto que la lucha contra el zarismo había llegado a ser, entre los rusos cultos, un deber y un honor. La oposición política y el movimiento revolucionario crecían bajo el empuje de una "intelligentsia" que hacía acólitos en las escuelas, en las fábricas, los periódicos y las oficinas. Seis años después de la muerte de su antecesor, Alejandro II, precisamente el 1 de marzo de 1887, un grupo de jóvenes nihilistas intentó acabar con la vida del zar. El atentado fracasó y los terroristas fueron apresados. Entre los condenados a muerte figuraba Uliánov, el hermano mayor del futuro Lenin. Al enterarse por la prensa de que el grupo había sido ahorcado en San Petersburgo, el muchacho recibió una impresión indeleble, que con se transformaría en la más firme y decidida oposición al zarismo. Pero ya entonces, con la lucidez de un visionario, resumía la situación en esta frase de condena a los métodos del terrorismo individual: «Nosotros no iremos por esta vía. No es la buena».
En el camino de la revolución
Vladímir llich Uliánov, conocido como Lenin, nació el 22 de abril de 1870, en el seno de una familia típica de la intelectualidad rusa de fines del siglo XIX. Era el de los seis hijos habidos por llia Uliánov y María Alexandrovna Blank, quienes se habían establecido el año anterior a su nacimiento en Simbirsk, una ciudad de provincias pobre y atrasada, a orillas del Volga. El padre, un inspector de primera enseñanza, compartía las ideas de los demócratas revolucionarios de 1860 y se había consagrado a la educación popular, participando de la vida de los campesinos rusos confinados en la miseria y la ignorancia. La madre, de ascendencia alemana, amaba la música y seguía de cerca las actividades escolares de sus hijos. Por su carácter apacible y tierno -jamás imponía castigos ni levantaba la voz-, despertó en los suyos un amor rayano en la adoración.
El ambiente estudioso de la casa, donde no faltaba una buena biblioteca, propiciaba el desarrollo del sentido del deber y la disciplina. Vladímir seguía el ejemplo de su hermano mayor, era un muchacho perseverante y tenaz, un alumno asiduo y metódico que obtenía las mejores notas y destacaba en el ajedrez. A los catorce años comenzó a leer libros «prohibidos» -Rusia vivía entonces bajo la más negra represión y la lectura de los grandes demócratas era considerada un delito-.
Cuando Alexander fue ahorcado, al año siguiente de que muriera el padre, la familia debió trasladarse a la fuerza a la aldea de Kokuchkino, cerca de Kazán. En esa época Vladímir abandonó la religión, pues, como diría más adelante, la suerte de su hermano le «había marcado el destino a seguir». En Kazán inició sus estudios de derecho en la universidad imperial, uno de los focos de mayor oposición al régimen autocrático. El mismo año de su ingreso, 1887, Vladímir fue detenido por participar en una manifestación de protesta contra el zar. Cuando uno de los policías que lo custodiaban le preguntó por qué se mezclaba en esas revueltas, por qué se daba cabezazos contra un muro, su respuesta fue: «Sí, es un muro, cierto, pero con un puntapié se vendrá abajo».
Expulsado de la universidad, se dedicó por entero a las teorías revolucionarias, comenzó a estudiar las obras de Marx y Engels directamente del alemán, y leyó por primera vez El capital, lectura decisiva para su adhesión al marxismo ortodoxo. Ya en sus primeros escritos defendió el marxismo frente a las teorías de los "naródniki", los populistas rusos. En mayo de 1889 la familia se trasladó a la provincia de Samara, donde, después de muchas peticiones, Lenin obtuvo la autorización para examinarse en leyes como alumno libre. Tres años después se graduó con las más altas calificaciones y comenzó a ejercer la abogacía entre artesanos y campesinos pobres.
Ya en esa época, en el grupo marxista del que formaba parte le decían el Viejo por su vasta erudición y su frente socrática, precozmente calva. El rostro de corte algo mongólico, con los pómulos anchos y los ojos de tártaro, entrecerrados e irónicos, el porte robusto y el poderoso cuello le daban el aspecto de un campesino. Abogado sin pleitos, Lenin se inscribió en las listas de instructores de círculos obreros, llamados «universidades democráticas». Organizó bibliotecas, programas de estudio y cajas de ayuda con el objetivo de enseñar los métodos de la lucha revolucionaria, para formar así cuadros obreros, propagandistas y organizadores de círculos socialdemócratas, con miras a la formación de un futuro partido. Para ello necesitaba contar con el apoyo de los grupos marxistas emigrados, dirigidos por Grigori Plejánov, y en abril de 1895 viajó al extranjero, decidido a estudiar el movimiento obrero de Occidente. Pasó unas semanas en Suiza, luego visitó Berlín y París, donde tuvo como interlocutores a Karl Liebknecht y Paul Lafargue.
Al regresar, fue detenido con su futuro rival Julij Martov por la Ochrana, la policía secreta del zar. En la cárcel, Lenin rápidamente se puso a trabajar. Se comunicaba con el exterior a través de su hermana Ana y de Nadezda Krupskáia, una estudiante adherida al círculo marxista, que, para poder visitarlo en la prisión, había declarado ser su novia. Más tarde, en 1898, un año después de que fuera deportado a la Siberia meridional, cerca de la frontera con China, contrajo matrimonio con Nadezda en una ceremonia religiosa.
En el destierro, la pareja llevó una vida ordenada, sin sobresaltos, que le permitió a Lenin terminar de redactar su primera obra fundamental, El desarrollo del capitalismo en Rusia, en la que sostiene que el país semifeudal avanza decididamente hacia el capitalismo industrial.
En el exilio
Fue justamente la polémica desatada en torno a cómo estructurar el partido lo que provocó profundas divergencias en el 11 Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso inaugurado por Plejánov en julio de 1903. En él se consumó la ruptura entre Martov y Lenin. Desde entonces los partidarios de este último se llamaron «bolcheviques», por mayoría frente al grupo de los «mencheviques», minoritarios. Y desde entonces el partido de cuadros profesionales, centralizado y disciplinado, fue el pilar básico del bolchevismo.
La revolución de 1905, que había estallado en San Petersburgo tras el «domingo sangriento» en que las tropas del zar dispararon sobre manifestantes indefensos, causando más de mil muertos y cinco mil heridos, sorprendió a Lenin en Suiza. La presión de las masas obligó al decadente régimen zarista a hacer algunas concesiones liberales: ahora los bolcheviques actuaban en la legalidad, y ello permitió a Lenin regresar a Rusia en octubre de ese año para ponerse al frente de sus partidarios. Pero las esperanzas de que se produjeran nuevos levantamientos no se concretaron y, ante los intentos de la policía por detenerle, a fines del verano siguiente, Lenin huyó a Finlandia. El proceso insurreccional había sido un fracaso y el gobierno de los zares volvía a endurecer sus métodos, hasta liquidar totalmente las conquistas logradas por la revolución. Sumida en el pesimismo y las rencillas internas, la fracción bolchevique se resintió con la derrota, hasta tal punto que viejos militantes la abandonaron.
Huyendo de la policía, Lenin pasó de Finlandia a Ginebra, donde comenzó su segundo exilio, que habría de prolongarse hasta 1917. En aquella época hicieron su aparición el insomnio y los dolores de cabeza que habrían de perseguirle por el resto de sus días. La vida errante de los exiliados lo llevó a París, donde él y Nadezda soportaron duras estrecheces económicas que les obligaban a dar clases o a escribir reseñas para ganar algo de dinero, en medio de una serie de dificultades. La dureza de aquellos días en la capital francesa se vio en parte aliviada por la presencia de Inés Armand, una militante parisiense, inteligente y feminista, a la que se dice le unió un profundo amor. Fruto de su segundo exilio es la obra publicada en 1909, Materialismo y empiriocriticismo, en la que Lenin expone sus reflexiones filosóficas fundamentales, en un intento de culminar la teoría del conocimiento marxista.
Pasada la etapa de la más dura reacción, que se extendió hasta 1911, comenzaron a llegar noticias alentadoras de San Petersburgo. Una huelga iniciada en los yacimientos del Lena fue bárbaramente reprimida con centenares de muertos, lo que originó un gran descontento y una huelga general. Lenin presentía que se acercaba una ola de efervescencia revolucionaria y abandonó París en junio de 1912 para instalarse más cerca de sus partidarios, en Cracovia. Allí le visitaban los diputados bolcheviques para informarle sobre la situación interna y pedirle instrucciones. En marzo de ese mismo año había aparecido el primer número de Pravda (La Verdad), diario obrero que Lenin dirigía desde el exterior y que pronto gozó de una gran difusión. Así, mientras las grandes potencias ultimaban sus preparativos para la primera conflagración mundial, entre los proletarios rusos crecía la influencia de Lenin.
El estallido de la Primera Guerra Mundial supuso un giro decisivo en la historia del socialismo. Lenin, que había confiado en la socialdemocracia alemana, cuando se enteró de que los diputados alemanes -y también franceses- votaban unánimemente a favor de los créditos de guerra para sus respectivos países, de inmediato denunció la traición. Para Lenin, la guerra no era más que una «conflagración burguesa, imperialista y dinástica... una lucha por los mercados y una rapiña de los países extranjeros». El socialismo occidental, acaudillado por los revisionistas alemanes, había pasado a una evidente colaboración con la democracia burguesa, y por ende, el movimiento internacional estaba roto. Era necesario preparar una conferencia de los socialistas que se oponían al conflicto bélico, para impugnar definitivamente al sector revisionista.
El encuentro se celebró en Zimmerwald, en septiembre de 1915, y en él Lenin intentó sin éxito convencer a los representantes de que adoptaran la consigna: «Transformar la guerra imperialista en guerra civil». Fue en este período de defección de los líderes políticos y de desconcierto para los obreros socialistas, cuando el revolucionario ruso, que hasta entonces era poco conocido fuera de los círculos marxistas de su país, se convirtió en una primera figura internacional. En sus manos, la doctrina marxista recuperó su sentido transformador y su fuerza revolucionaria, como se ve en la obra escrita durante el período bélico, El imperialismo, fase superior del capitalismo, donde usa las herramientas del análisis económico marxista para probar que la revolución, a diferencia de lo que postulaban Marx y Engels, también es posible en países atrasados como Rusia.[/align]
La Revolución de Octubre
El cansancio y el derrotismo general en las naciones beligerantes a comienzos de 1917 desembocó en el imperio de los zares en un amplio movimiento revolucionario que, al grito de «¡Viva la libertad y el pueblo!», ganó las principales ciudades. Los trabajadores de Petrogrado se organizaron en soviets, o consejos de obreros, y la guarnición de la ciudad, encabezada por los mismos regimientos de la guardia imperial, se sumó en masa al movimiento. Sin que nadie se atreviera a defenderlo, en la semana del 8 al 15 de marzo el régimen zarista sucumbía para ser reemplazado por un gobierno provisional formado por partidos pertenecientes a la burguesía y apoyado por el soviet de Petrogrado
A través de Pravda, Lenin publicaba sus «Cartas desde el exilio», con instrucciones para avanzar en la revolución, aniquilando de raíz la vieja maquinaria del Estado. Ejército, policía y burocracia debían ser sustituidos por «una organización emanada del conjunto del pueblo armado que comprenda sin excepción todos sus miembros». Un mes después de la abdicación del zar, en abril de 1917, Lenin llegaba a la estación Finlandia de Petrogrado, tras atravesar Alemania en un vagón blindado proporcionado por el estado mayor alemán. A pesar de las disputas políticas que originó su negociación con el gobierno del káiser, Lenin fue recibido en la capital rusa por una multitud entusiasta que le dio la bienvenida como a un héroe. Pero el jefe de los bolcheviques no se comprometió con el gobierno provisional y, por el contrario, terminó su discurso de la estación con un desafiante «¡Viva la revolución socialista internacional!».
Muchos de sus camaradas habían aceptado la autoridad de dicho gobierno, al que Lenin calificaba de «imperialista y burgués», acercándose así a las corrientes izquierdistas de la clase obrera, cada vez más radicalizadas, y con el apoyo de un importante aliado, Trotski. A pesar de que los bolcheviques aún constituían una minoría dentro de los soviets, Lenin lanzó entonces la consigna: «Todo el poder para los soviets», pese al evidente desinterés de los mencheviques y los socialistas revolucionarios por tomar tal poder.
Para hacer frente a la presunta amenaza de un golpe de estado por parte de los seguidores de Lenin, en el mes de julio la presidencia del gobierno provisional pasó a manos de un hombre fuerte, Kerenski, en sustitución del príncipe Lvov. Al cabo de unos días aquél ordenó que le detuvieran y Lenin se vio obligado a huir a Finlandia: cruzó la frontera como fogonero de una locomotora, sin barba y con peluca, y se estableció en Helsingfors. Fue ésta su última etapa de clandestinidad, que habría de durar tres meses. En ellos escribió la obra que con el tiempo sería calificada de utopía leninista, El Estado y la revolución, por su concepción del Estado como aparato de dominación burguesa, destinado a desaparecer tras la etapa transitoria de la dictadura del proletariado y el advenimiento del comunismo.
A medida que la situación interna se agravaba, Lenin desde el exterior urgía al partido a preparar la sublevación armada: «El gobierno se tambalea, hay que asestarle el golpe de gracia cueste lo que cueste». Ya los bolcheviques controlaban el soviet de Moscú y el de Petrogrado estaba bajo la presidencia de Trotski, cuando, el 2 de octubre, Lenin volvió a entrar clandestinamente en la capital rusa. Cuatro días más tarde se presentaba disfrazado en el cuartel general del partido para dirigir el alzamiento. El día 7 estallaba la insurrección y las masas asaltaban el palacio de Invierno. Según escribe Trotski, Lenin se dio cuenta entonces de que la revolución había vencido, y sonriendo le dijo: «El paso de la clandestinidad, con su eterno vagabundeo, al poder es demasiado brusco, te marea». Y ése fue su único comentario personal antes de volver a las tareas cotidianas. Al día siguiente era nombrado jefe de gobierno y lanzaba su famosa proclama a los ciudadanos de Rusia, a los obreros, soldados, campesinos, ratificando los grandes objetivos fijados por la revolución: construir el socialismo en el marco de la revolución mundial y superar el atraso de Rusia.
La revolución había llegado al poder, pero ahora había que salvarla, y la tarea más urgente para ello, según Lenin, era firmar la paz inmediata. El Tratado de Brest-Litovsk, signado por Trotski el 3 de marzo de 1918, concertó la paz unilateral de Rusia con Alemania, Austria-Hungría, Bulgaria y Turquía. El tratado ahondó aún más las divergencias con los socialistas revolucionarios -que en agosto atentaron contra la vida de Lenin-, y contribuyó a intensificar la decisión de las fuerzas contrarrevolucionarias para derribar al nuevo gobierno con el apoyo de los países aliados, especialmente Francia y Estados Unidos. Durante dos años, entre 1918 y 1920, la guerra civil condujo al gobierno soviético al borde del desastre; por último, el ejército de los contrarrevolucionarios, los «blancos», conducido por antiguos generales zaristas, fue derrotado por el Ejército Rojo, formado por campesinos y obreros y dirigido por Trotski. Pero el país quedó devastado, la economía maltrecha y el hambre se enseñoreó de grandes regiones. El reto más grande de la revolución pasó a ser entonces la reconstrucción económica de Rusia, tarea que Lenin se propuso encarar a través de la NEP (nueva política económica), que detuvo las expropiaciones campesinas y supuso una apertura hacia una economía de mercado bajo control.
Pese a las dificultades de la guerra civil, Lenin concretó en 1919 su viejo sueño de fundar una nueva Internacional. En su opinión, el destino de Rusia dependía de la revolución mundial, y en especial del futuro del movimiento llevado adelante en Alemania por los espartaquistas. El 2 de marzo de 1919, en Moscú, inauguró el Primer Congreso de la III Internacional, invocando a los líderes del comunismo alemán asesinados: Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg. La Comintern elevó el comunismo ruso a la categoría de modelo a imitar por todos los países comunistas del mundo y, al defender los movimientos de liberación nacional de los pueblos coloniales y semicoloniales de Asia, logró ampliar enormemente el número de aliados de la Revolución soviética.
A finales de 1921, la salud de Lenin se vio gravemente afectada: sufría de insomnios progresivamente acusados y sus dolores de cabeza eran cada vez más frecuentes. En marzo del año siguiente asistió por última vez a un congreso del partido, en el que fue elegido Stalin secretario general de la organización. Al mes siguiente se le intervenía quirúrgicamente para extraerle las balas que continuaban alojadas en su cuerpo desde el atentado sufrido en 1918. Si bien se recuperó rápidamente de la operación, pocas semanas después sufrió un serio ataque que, por un tiempo, le impidió el habla y el movimiento de las extremidades derechas. En junio su salud mejoró parcialmente y dirigió la formación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Pero en diciembre sufrió un segundo ataque de apoplejía que le impidió cualquier posibilidad de influir en la política práctica. Aun así, tuvo la fuerza de dictar varias cartas, entre ellas su llamado «testamento» en la que expresa su gran temor ante la lucha por el poder entablada entre Trotski y Stalin en el seno del partido. El 21 de enero de 1924 una hemorragia cerebral acabó con su vida. El hombre que detestaba el culto a la personalidad y abominaba de la religión fue embalsamado y depositado en un rico mausoleo de la plaza Roja. La lucha contra el Lenin de carne y hueso no había hecho más que comenzar.[/size]
Es que puede haber duda de que el trotskismo es anticomunismo ... y antileninismo ? Y que le hace el juego disimuladamente al imperio y al sistema capitalista ?
[tomado de IzCa] Lenin nació en Simbirsk en 1870. [Fallece en Nizhni Nóvgorod, el 21 de enero de 1924]
Aleksandr Ulianov, su hermano mayor, fue ahorcado por participar en un atentado contra el zar Alejandro III. Desde su vinculación con los primeros grupos marxistas rusos, Lenin se dedicó a enriquecer la teoría marxista con la práctica del desarrollo del capitalismo y la clase obrera en Rusia, al mismo tiempo rechazaba las tesis del anarquismo y terrorismo como formas de lucha. Fue arrestado y deportado a Siberia en 1895. En 1904, el Partido Obrero Social Demócrata Ruso se dividió en dos fracciones, los "bolcheviques" dirigidos por Lenin y los "mencheviques" de Georgi Plejánov. Lenin permanentemente concedió una gran importancia al papel de la prensa en la organización y dirección del movimiento revolucionario. Fundó Iskra ("La Chispa") y Pravda ("La Verdad"), entre otros periódicos. En 1905, dirigió el primer intento revolucionario para derrocar el zarismo y su fracaso lo obligó a exilarse en Finlandia y después en Suiza.
Lenin enfrentó con tenacidad la guerra imperialista de 1914-1918 y exhortó a los trabajadores a convertir la guerra en insurrección contra sus propios gobiernos burgueses. A la caída del Zar y el ascenso del gobierno de Aleksandr Kérenski, en 1917, Lenin proclamó la transferencia del poder a los soviets (consejos) de obreros y soldados que habían surgido al calor de la prédica revolucionaria. En noviembre de ese mismo año, Lenin dirigió la triunfante revolución de los soviets con el apoyo de los soldados y obreros y fue electo Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo.
En un día como hoy, en 1870, nacía Vladimir Illich Ulianov, más conocido como Lenin. Fue la figura decisiva de la gran Revolución de Octubre, que abriría una nueva etapa en la historia de la humanidad. En su corta vida, murió a los 54 años a consecuencia de un atentado que lo dejó hemipléjico en los dos últimos años de su existencia, fue no sólo un extraordinario dirigente revolucionario sino también un excepcional intelectual. Autor de una innumerable cantidad de artículos y libros que, en su conjunto, forman una colección de 54 volúmenes.
Aparte de ser un notable pensador, economista, sociólogo y filósofo Lenin fue además de eso un excepcional líder político: fue el principal dirigente de la Revolución Rusa, fundó la República Soviética que luego se convertiría en Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, resistió las agresiones y sabotajes de las “potencias democráticas” de su tiempo y creó la Tercera Internacional, fiel al internacionalismo proletario y a las necesidades organizativas de la revolución mundial.
Desde muy joven este notable político demostró la excelencia de su talento al escribir una serie de obras, entre ellas ¿Quiénes son los amigos del pueblo? y Contenido económico del populismo cuando apenas había cumplido 24 años. A los 29 publicaría su monumental El Desarrollo del Capitalismo en Rusia. Pero no había una pizca de academicismo en su labor; toda su obra escrita tenía un sólo norte: pobisilitar el triunfo de la revolución socialista que debería poner fin al dominio zarista y al capitalismo. Su producción teórica -imposible de relevar aquí, siquiera de enumerar- fue excepcional, y tal como lo decía hoy en mi página del Facebook, si Lenin fue un discípulo de Marx desde el punto de vista de la teoría económica Marx fue un precursor de Lenin desde el punto de vista de la teoría política y, sobre todo, de la estrategia y táctica de la lucha revolucionaria, terrenos en los cuales Lenin se elevó por encima no sólo de Marx sino también de Engels.
Espíritu anti-dogmático por excelencia, para él “el marxismo no era un dogma sino una guía para la acción”. Fue según mi modesta opinión un genio que supo coronar con éxito una empresa extraordinariamente difícil: combinar el arte de la política con la ciencia de la política, cosa que ocurre sólo por excepción en la historia. Al poder unificar el arte y la ciencia de la política se convirtió en un político dotado de una inigualada capacidad para descifrar todas las posibilidades, siempre cambiantes, encerradas en cada coyuntura. Por eso “leía” la coyuntura como nadie. Un ejemplo basta: cuando luego de un largo exilio en Suiza llega a San Petersburgo, un par de meses después del estallido de la revolución de Febrero de 1917, deja estupefactos a sus camaradas del Partido Bolchevique cuando, en la misma estación Finlandia de esa ciudad, levanta la insólita consigna de “¡Todo el poder a los Soviets!” Su partido quedó paralizado ante tan temeraria consigna, y tardó más de una semana en digerirla y publicarla en el Pravda, el órgano oficial de los bolcheviques. Pero los hechos confirmaron la verdad de su consigna.
Lenin decía con razón que “sin teoría revolucionaria no hay praxis revolucionaria.” Desconfiaba del espontaneísmo porque era demasiado lúcido para ignorar que la abnegación y el sacrificio de las masas estaban condenados a la derrota si no disponían de una buena teoría que las orientara en sus luchas emancipatorias. “Nada más práctico que una buena teoría”, era otra de sus frases favoritas, en contra de los que aborrecían de la teoría porque pensaban que era pura especulación. Lenin fue, en palabras de Gyorg Lúkacs, un “práctico de la teoría y un teórico de la práctica”, que reflexionaba una y otra vez sobre los desafíos de la vida práctica y la necesidad de desarrollar la teoría marxista en consonancia con los retos de la realidad. Los grandes personajes no hacen la historia, pero sin él la Revolución de Octubre muy probablemente no hubiera ocurrido. Su claridad ideológica, su realismo, su determinación y la formidable coherencia de su trayectoria política, cuyo eje articulador era la necesidad de la revolución, se combinaron con el protagonismo de las masas para derrotar al zarismo y a la burguesía y abrir una nueva etapa en la historia de la humanidad. Honremos su memoria abrevando en la sabiduría contenida en sus obras teóricas y en sus intervenciones de coyuntura, estudiando sus argumentos e identificando, como él lo querría, sus aciertos y sus errores. Más allá de ellos, Lenin hizo progresar como pocos a la teoría marxista con su reflexión siempre pegada a la práctica y su práctica siempre coherente con sus teorías. En este nuevo aniversario de su nacimiento vaya este breve y sentido homenaje a su memoria. (Tomado del blog de Atilio Borón)
." Su claridad ideológica, su realismo, su determinación y la formidable coherencia de su trayectoria política, cuyo eje articulador era la necesidad de la revolución, se combinaron con el protagonismo de las masas para derrotar al zarismo y a la burguesía y abrir una nueva etapa en la historia de la humanidad."
Mi opinión como ya he expresado en más de una ocasión es la siguiente. Él es uno de los más importantes personajes en la historia de la humanidad y el personaje más relevante del siglo XX. Cuando me piden nombrar a las mayores personalidades del siglo pasado, siempre digo y repito: Lenin y Stalin. El siglo XX es el sigo de Lenin y Stalin. Aunque de joven yo fuera antistalinista, fuera arrestado y estuviese preso en la Lubianka etc., mi conclusión hoy en día es precisamente esa. Y si hago esta aseveración es porque tengo fundamentos serios para hacerla como científico."
"V.k. Realmente, es repugnante ver y escuchar, a nuestros políticos actuales, que no desaprovechan la menos oportunidad, para ensuciar, ridiculizar la figura de Lenin, presentarlo desaliñado, vestido de negro, sacar muchas de sus declaraciones y citas de contexto. Así por ejemplo durante su reciente intervención en el programa televisivo "al habla con el pueblo", Putin no desaprovechó la ocasión para así de pasada, soltar que Lenin consideraba a los rusos malos trabajadores. Esta cita a medias está sacada de "Tareas inminentes del poder soviético", donde se estaba refiriendo sobre las mejoras necesarias en la organización del trabajo. Por no hablar del resto de miembros del gobierno, que no pierden ocasión para desacreditar, denigrar y rebajar a Stalin y Lenin. "
Hoy 22 de abril se celebra en toda la tierra un nuevo aniversario del nacimiento de Lenin ...el fundador del primer Estado Socialista de los Trabajadores del mundo .- Gloria eterna !!
Lenin se hace flamenco: Homenaje andaluz a la Revolución rusa en su centenario
Publicado: 4 jun 2017 10:39 GMT | Última actualización: 4 jun 2017 10:41 GMT
El flamenco conmemora por primera vez en la historia musical de España en un disco la Revolución de 1917 con letras inspiradas en poemas de Lenin y Mayakovsky entre otros.
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"Las efemérides sirven para que uno se reconozca y entienda el momento histórico que vive. Es muy complicado meter a Mayakovsky por marianas y a Lenin por trillas. Esto es 1917, que cada uno haga lo que quiera", admite a RT, consciente del reto, Joaquín Recio, alma máter de Atrapasueños, la cooperativa andaluza a la que se debe el nacimiento del disco '1917'. Un homenaje flamenco protagonizado por la poderosa voz del cantaor sevillano Manuel Romero y la virtuosa guitarra de Eduardo Rebollar. Una sentida celebración desde las entrañas de Andalucía, en el sur de España, del centenario de la Revolución rusa (y las demás).
Se trata de la primera vez que el flamenco y la lírica de diversos intelectuales revolucionarios se funden. Un disco pionero en la historia musical española que se rinde a unos hechos que cambiaron el mundo. Entre los autores que este cantaor de la Sierra Sur sevillana curtido en la potente fragua del cante atrás ha hecho flamencos se encuentran, además de los rusos Lenin y Mayakovsky, el inglés Shelley, el alemán Bertolt Brecht, el vietnamita Ho Chi Minh o los españoles Javier Egea, Moreno Galván o Quintín Cabrera.
1917 como esperanza
"1917 sirve para convocar a la gente, hay una necesidad de ver esperanza en el futuro, en un país como este en el que todo se está convirtiendo en un problema; cantarle a la esperanza 1917 fue un punto de inflexión en la liberación y emancipación de los pueblos. Hace falta gente que cante a esa esperanza", resume Recio en los prolegómenos de la presentación del disco en el centro de Sevilla.
"1917 sirve para convocar a la gente, hay una necesidad de ver esperanza en el futuro, en un país como este en el que todo se está convirtiendo en un problema". Joaquín Recio
"El flamenco, que es el cante de la Andalucía profunda, el cante de los pobres, tiene esa contradicción, se cantaba para los ricos, se decía que era el cante de la fiestas de los señoritos, pero hay mucha gente que no ha funcionado en ese tono de servidumbre: las voces que no callaron", ilustra Felipe Alcaraz, profesor, escritor y exdiputado en el Congreso español por la coalición Izquierda Unida.
"Muchos cantaores, como Manuel, no se sometieron a cantar en las mancebías o en bares malolientes, sino que empezaron a hacerlo contra la explotación, sublevando la voz 'jonda' frente a la Andalucía de la esclavitud", remata Alcaraz, profundo conocedor y admirador de la literatura rusa, al que se debe la selección y adaptación de los poemas.
"Estrechad vuestras filas,/levantaos como uno solo,/al encuentro/ de la roja libertad/ al encuentro todos, todos/ todos, todos, todos". Las palabras del padre de la Revolución por trillas -palo del flamenco de origen folclórico- retumban en el arranque de la presentación de '1917' ante una sala repleta y expectante. "¡Nos van a meter a todos en la cárcel", lanza al público entre cante y cante Romero, que provoca la carcajada general y se mete al público en el bolsillo.
"Muchos cantaores empezaron a cantar contra la explotación, sublevando la voz 'jonda' frente a la Andalucía de la esclavitud". Felipe Alcaraz
"Es 1917 y algo más, porque Andalucía siempre es algo más, hay sentimiento y emoción, Manuel le ha echado todo ese pedazo de Andalucía encima", matiza Recio.
"Hay una idea que atraviesa todo el disco: un fantasma sigue recorriendo Europa y el mundo para una vida nueva, para que la respuesta de la gente a la explotación, la marginación y la esclavitud de este capitalismo postmoderno pueda empezar a marcar una esperanza de futuro", abunda Alcaraz.
Miradas de Sevilla a Moscú. Cien años y más de veinte grados de diferencia entre ambas capitales en esta caprichosa primavera. El calor aprieta y anima a beber botellines fríos de la cerveza 1917 que también la cooperativa ha lanzado con motivo de la efeméride. La sala de la plaza del Duque, puerta del llamado 'Moscú sevillano' de los años 30 del pasado siglo que hoy pone el corazón mirando hacia Rusia, vibra, abarrotada, con '1917'. "Torre, vamos, vente pa Rusia/yo te conseguiré el pasaporte", se emplea a fondo Romero por marianas -palo flamenco del grupo de los tangos- los versos de Vladímir Mayakovsky (en un poema en que se dirige a la torre Eiffel parisina).
Gorky para la segunda parte
¿Habrá segunda parte de '1917'? "Nos hemos quedado con las ganas de tener una segunda parte con [el escritor revolucionario ruso] Máximo Gorki y [el poeta y cantautor cubano] Silvio Rodríguez", reconoce Recio. ¿Qué le dicen a la Rusia de hoy? "Yo les diría que lo acojan como si fuera suyo, ellos fueron los que lo hicieron, son sus poetas y su gente la que se levantó en 1917", lanza el cantaor. "Es como levantar una bandera roja en el cante 'jondo', que no siempre se ha levantado a tiempo", remata Alcaraz. "Ahora lo vamos a conseguir", zanja Romero con indisimulado brillo en los ojos.