“Los labios de ella se movieron, rozaron su rostro, muy cerca de los suyos; se detuvieron junto a su oreja y soplaron. —Ahora te encuentro irresistible. A pesar de que tu razonamiento esté equivocado. —hablaba despacio, alargando las palabras, introduciendo pausas—. Me sorprende que no veas mis verdaderas intenciones, Gris, siempre te he considerado inteligente.
¿De veras crees que juego contigo? ¿Tan corto es tu entendimiento? Veo que tendré que explicártelo. Si cedo ante un impulso sexual, los ángeles me repudiarían, es verdad, y puedes creerme si te digo que no se me ocurre un sufrimiento más duro. Eso es porque el alma de un centinela debe mantenerse pura y nunca mezclarse con otra. Ahí reside nuestra fuerza, en el contacto de nuestra alma con su esencia.”
Fernando Trujillo Sanz
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