El pasado ha vuelto. En 1972, un veinteañero simpatizante nazi llamado David Duke estuvo relacionado con unas protestas en Nueva Orleans en defensa de una estatua de Robert E. Lee, general de la Confederación durante la Guerra Civil. Hubo choques con manifestantes negros que consideraban la estatua un símbolo del esclavismo que defendían los Estados secesionistas del sur de Estados Unidos. 45 años después, el monumento fue finalmente retirado —el pasado 19 de mayo— pero Duke vuelve a estar involucrado en la defensa de Lee.
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El exlíder de una filial del Ku Klux Klan (KKK) fue uno de los decenas de supremacistas blancos que inundaron el pasado fin de semana Charlottesville (Virginia). Acudieron a protestar contra la decisión del Ayuntamiento, paralizada por la justicia, de desmantelar una estatua del general confederado. Como en los tiempos funestos del KKK, algunos llevaban antorchas de fuego al grito de “no nos vais a reemplazar” y capuchas blancas. Otros lucían esvásticas e iban fuertemente armados. La presencia de la extrema derecha desató el caos en la tranquila Charlottesville. Hubo enfrentamientos con grupos antifascistas y un neonazi arrolló con su coche a contramanifestantes, matando a una mujer, Heather Heye, de 32 años.