Esos “ángeles caídos” como les llamó cariñosamente, o esas almas perdidas a las cuales pocas personas se acercan a ellas, al contrario, sienten como una repulsión al pasar a su lado. Se que no es agradable ver a personas tiradas en los cajeros, en los bancos de los parques, o en la calle. Mal vestidas, sin ducharse, sin peinarse, y algunos sin zapatos.
Pero me gustaría que hiciéramos una reflexión de esa imagen, si pensáramos que ahora lo tenemos todo y de repente un día nos despertamos en ese cajero, en ese banco del parque, sin familia, sin trabajo, sin casa…..¿creen que nos sentiríamos bien al ver que la gente pasa a nuestro lado y se aparta o cruza por otro lado, porque le da repulsión, asco o miedo nuestra persona?. Siempre creemos que eso “no nos pasara a nosotros”. Creo que nos equivocamos, la línea que separa nuestra situación de la de esas personas es tan fina, que seguramente no nos lo creeríamos. En cualquier momento ese fino hilo, esa hebra que pensamos que nunca cruzaremos, que nunca se romperá, va y zas!!! se rompe y nos parece imposible que ayer tuvieramos una vida, y hoy no tenemos nada.
Explico esto porque acabo de conocer a alguien que le ha sucedido eso, paso de ser ser un rey en su casa, un empleado remunerado, con carrera, idiomas, familia a no tener nada. Absolutamente nada.
Ahora vive gracias a la caridad de un Ayuntamiento, viviendo en casas para estas personas, buscando desesperadamente un trabajo, una forma de vida. Dentro de todo lo malo, aún tiene dónde comer, dormir. Está persona tiene familia, pero no saben nada de él, no creo que sepan su situación, porque si fuera así no creo que haya nadie en este mundo que deje a una persona en la calle.
Tiene una hija que intenta localizar, durante 10 años no ha sabido nada de ella, no sabe si está en Madrid, Barcelona o dónde. Ahora intenta desesperadamente encontrarla. No para que le de nada, no para que tenga que llevárselo, sino para recuperar un amor que no le permitieron, porque desde que ella tenía 9 años no la a vuelto a ver. Seguramente que está mujer, no sabe la historia de lo que sucedió, como la pasa a la mayoría de las personas, escuchan tan solo una versión de las cosas, pero siempre hay dos.
Yo intento ayudarle a encontrarla. Intento que tenga una ilusión cada día para seguir luchando por algo o alguien porque creo que solo ellos los que viven en estas casas de acogidas, en residencias, saben realmente como lo pasan, como viven, lo que sienten en su interior, lo que cada día ven, esos traumas personales, esas personas que han sido abandonadas o se han abandonado por circunstancias de la vida. Traumas por separaciones, por perdidas de trabajo, por perdidas de personas queridas, etc.
Por suerte, si por suerte, digo, he conocido a varias de esas personas, he conocido las situaciones, las vivencias, primero por un blog de un gran amigo y buena personas llamado Enrique, su blog “Con cartones por la calle”:
en el vereis la realidad de todo esto.
El segundo un amigo, que me escribo, él cada día me cuenta como vive, como siente, como sufre, sus ilusiones futuras, su conformidad con lo que está viviendo y sobre todo sus esperanzas de un día poder volver a ser una persona normal, una persona que no se la queden mirando, que no tenga que sentirse sin dignidad, una persona feliz, con un trabajo, una casa dónde vivir, y sobre todo no sentirse siempre mirado, observado, como si fueran bichos raros, o personas infectadas por algún tipo de virus.
ZULEMA