El mes más esperado por la mayoría de personas en el mundo es diciembre.
Llegan los festejos navideños estos ya están a la vuelta de la esquina'.
Es fácil observar el espíritu de fiesta que prevalece en estos días, se acerca la Navidad después, el Año Nuevo.
Y se debe hacer un esfuerzo para que ese espíritu festivo sano, prevalezca no solamente en esta temporada sino también en todo el año para beneficio de la sociedad en general.
Es cierto, que el espíritu navideño debemos tratar que se extienda lo más posible durante el año, para conseguir mejor anhelos privados y públicos.
Si se piensa en que esta posibilidad existe, se llega a la conclusión de que hay que lograrla en beneficio de la paz de las familias y de la paz de la sociedad en general.
Así como prevalece un ánimo de fiesta, muy agradable en determinados días, se puede hacer un esfuerzo para que, guardando las distancias que la lógica y las circunstancias demandan, se mantenga un estado de ánimo compatible con una razonable alegría en cada familia, en cada comunidad, durante todo el año.
Debemos colocar nuestro 'granito de arena' para que la felicidad de la Navidad invada nuestros hogares, aunque sea difícil.
Ya se sabe que desde hace un par de años, por lo menos, hay una severa crisis económica en el mundo que dificulta la tranquilidad de muchos hogares, por no decir miles.
Sin embargo, debe hacerse un esfuerzo para evitar que la situación económica presente anule por completo el espíritu navideño.
Hay que encontrar el equilibrio entre la crisis y el bienestar, cosa que no es fácil, pero que no necesariamente es imposible.
Haciendo a un lado las dificultades materiales, hay que poner énfasis en lo que representan los valores de la familia, de la religión que se invoca en la Navidad, para que en cada familia haya paz y felicidad.
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